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Playeras del Tri Rock Sudadas de Pasión

6437 palabras

Playeras del Tri Rock Sudadas de Pasión

Estás en el antro rockero de la Condesa, la música de Caifanes retumba como un trueno en tus oídos, el bajo vibra en tu pecho y el aire huele a cerveza fría mezclada con sudor fresco. Es noche de partido del Tri, pero aquí no hay tele, solo puro rock mexicano y la gente vestida con playeras del Tri rock, esas que fusionan el águila con guitarras eléctricas y calaveras punk. Tú llevas una negra ajustada que te marca los músculos del gym, y sudas ya un poco solo de ver el movimiento de la pista.

Entonces la ves. Una morra guapísima, de esas que te hacen tragar saliva, bailando sola cerca de la barra. Su playera del Tri rock blanca está empapada, pegada a su piel morena como una segunda capa, dejando ver el contorno perfecto de sus chichis firmes y el ombligo piercing que brilla bajo las luces neón. El short jean roto le abraza las caderas anchas, y sus piernas largas se mueven al ritmo de La Negra Tomasa, con un meneo que te pone la verga dura al instante. Neta, carnal, es como si el destino te la hubiera puesto enfrente.

Órale, wey, no seas pendejo, acércate —te dices a ti mismo mientras el corazón te late como tamborazo zacatecano.

Te abres paso entre la multitud, el olor a tabaco y perfume barato te envuelve, y llegas a su lado. Le pides una chela y le sonríes, casual. —¿Qué onda, reina? Esa playera del Tri rock te queda chingona, ¿de dónde la sacaste? Ella se gira, ojos cafés intensos, labios carnosos pintados de rojo, y te clava la mirada con una sonrisa pícara.

—Es edición limitada, carnal. Me la regaló un ex que tocaba en una banda de garage. ¿Y la tuya? Te marca bien rico el six pack. Su voz es ronca, con ese acento chilango que te eriza la piel. Se acerca más, su aliento huele a tequila con limón, y sientes el calor de su cuerpo rozando el tuyo. La tensión eléctrica entre ustedes crece, como antes de un gol en tiempo agregado.

Hablan de todo: del Tri que va a romperla en el mundial, de Jaguares y su rock cabrón, de cómo esas playeras del Tri rock son lo máximo para una noche como esta. Bailan pegados, sus caderas chocan, sientes sus nalgas firmes contra tu entrepierna. El sudor de ella te moja la playera, salado y dulce al mismo tiempo cuando accidentalmente —o no— te lame el cuello riendo. ¡Puta madre, qué delicia! Piensas, mientras tus manos bajan por su espalda, deteniéndose en la curva de su cintura. Ella no se aparta, al contrario, arquea la espalda y presiona más.

La música sube de volumen, Antes de que nos olvide suena y la pista se vuelve un mar de cuerpos. Sus tetas rozan tu pecho con cada giro, los pezones duros como piedritas bajo la tela húmeda. El olor de su arousal te llega sutil, mezclado con el almizcle de su piel, y tu verga palpita dolorida contra el pantalón.

Si no la llevo a algún lado ya, voy a explotar aquí mismo —te repites, el pulso acelerado como un solo de guitarra.

Le susurras al oído: —¿Quieres salir a tomar aire, o mejor... a mi depa que está a dos cuadras? Ella te muerde el lóbulo de la oreja, suave pero firme, y asiente con un ¡Simón, wey, llévame! Salen tomados de la mano, el aire fresco de la noche los golpea, pero el fuego adentro no se apaga. Caminan rápido, riendo, besándose en las esquinas, sus lenguas danzando con sabor a chela y deseo puro.

En tu depa minimalista, luces tenues, el colchón king size listo. Cierran la puerta y se devoran. Tus manos levantan su playera del Tri rock, lenta, saboreando cada centímetro de piel expuesta. Sus chichis saltan libres, perfectas, pezones rosados erectos pidiendo atención. Los chupas con hambre, sintiendo su sabor salado, ella gime bajito, ¡Ay, cabrón, qué rico! Sus uñas te arañan la espalda mientras le bajas el short, revelando un tanga rojo empapado.

Te quitas tu playera, ella la agarra y la huele, —Hueles a hombre de verdad, sudor y testosterona. Se arrodilla, desabrocha tu jeans y saca tu verga tiesa, venosa, palpitante. La mira con lujuria y la lame desde la base hasta la punta, lenta, saboreando el pre-semen salado. ¡Chingada madre! Gimes, tus manos en su pelo negro largo. La chupa profunda, garganta experta, saliva chorreando, mientras sus ojos te miran juguetones.

La levantas, la tiras a la cama, le arrancas el tanga. Su panocha depilada brilla de jugos, clítoris hinchado. La comes como loco, lengua en círculos, saboreando su miel dulce y agria, ella retuerce las caderas, ¡Más, wey, no pares! ¡Me vengo! Su primer orgasmo la sacude, jugos en tu boca, piernas temblando.

Ahora ella encima, cabalgándote como amazona. Su playera del Tri rock aún puesta, medio subida, rebotando con cada embestida. Sientes su calor apretado envolviéndote, húmeda, resbalosa. Tus manos en sus nalgas, azotando suave, ella grita de placer. El ritmo acelera, piel contra piel chapoteando, sudor volando, olores intensos de sexo crudo.

Esto es el paraíso, carnal, nunca había sentido un coño así de chingón —piensas mientras el clímax se acerca.

Cambian posiciones, de perrito, su culo perfecto alzado, entras profundo, golpeando el fondo. Ella empuja hacia atrás, ¡Dame duro, pendejo, rómpeme! El cuarto huele a puro vicio, gemidos ahogados por el colchón. La volteas, misionero intenso, mirándose a los ojos, besos salvajes. Sientes sus paredes contrayéndose, otro orgasmo la hace gritar, y tú no aguantas más: ¡Me vengo, reina! Descargas dentro, chorros calientes, pulsando, ella ordeñándote hasta la última gota.

Caen exhaustos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Su cabeza en tu pecho, escuchando tu corazón galopante calmarse. Quitan las playeras del Tri rock, las tiran al suelo riendo. —Neta, wey, esto fue lo mejor de la noche. Mañana repetimos antes del partido. La besas en la frente, oliendo su cabello a shampoo de coco mezclado con sexo.

Se duermen entrelazados, el amanecer filtra por la ventana, prometiendo más noches de rock, Tri y pasión desbocada. En tu mente, el eco de sus gemidos y el sabor de su piel perduran, un afterglow que te deja con una sonrisa pendeja y el alma satisfecha.

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