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El Ardiente Pornhub Trio

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El Ardiente Pornhub Trio

La noche en la playa de Puerto Vallarta olía a sal marina y a coco tostado del protector solar que aún se pegaba a nuestra piel. Yo, Ana, había llegado con mis carnales del alma: Sofía, mi mejor amiga desde la prepa, con su risa contagiosa y curvas que volvían loco a cualquiera, y Marco, su novio, un moreno alto con ojos que prometían travesuras. Estábamos en la casa rentada de ellos, una chulada con vista al mar, luces tenues y una botella de tequila reposado que nos tenía bien prendidos. Neta, la química entre los tres flotaba en el aire como el humo de un buen puro.

"Órale, wey, ¿vamos a ver algo pa' calentar la noche?", dijo Sofía, recargándose en mi hombro mientras Marco buscaba en su laptop. Su aliento cálido me rozó el cuello, enviando un escalofrío por mi espina. Yo asentí, el corazón latiéndome fuerte, porque desde que llegué esa tarde, sentía esa tensión, como si el aire se hubiera cargado de electricidad. Marco sonrió picoso y abrió Pornhub. "Mira esto, un pornhub trio que vi el otro día, neta que está de huevos".

La pantalla se iluminó con gemidos suaves al principio, tres cuerpos entrelazados en un baile de pieles sudorosas. Vi cómo la mujer en el video se arqueaba entre dos hombres, sus pechos subiendo y bajando con cada embestida. El sonido de carne contra carne, húmeda y rítmica, llenó la habitación. Sofía se acercó más, su mano rozando mi muslo por "accidente".

"¿Te prende, Ana? Imagínate si fuéramos nosotras"
, susurró, y su voz era como miel caliente derramándose en mi oído.

Mi mente daba vueltas. ¿Qué chingados estoy haciendo? Pero el tequila y el calor de sus cuerpos me decían que siguiera. Marco pausó el video, sus ojos clavados en nosotras. "No mames, ¿por qué no lo hacemos real? Un pornhub trio en vivo, aquí mismo". Su voz grave vibró en mi pecho, y sentí un pulso traicionero entre mis piernas. Sofía me miró, mordiéndose el labio, esperando mi sí. Asentí, el deseo ganándome la batalla interna. "Va, pero con todo el respeto, carnales. Que sea chido pa' todos".

El beso empezó con Sofía. Sus labios suaves, con sabor a margarita y a algo dulce que era solo ella, se pegaron a los míos. Su lengua exploró mi boca con urgencia juguetona, mientras sus manos subían por mi blusa, rozando mis pezones que ya estaban duros como piedritas. Qué rico se siente esto, pensé, el vértigo subiéndome por el estómago. Marco se acercó por detrás, su aliento caliente en mi nuca, besándome el hombro mientras desabrochaba mi sostén. Su piel olía a mar y a hombre, un aroma que me mareaba.

Nos quitamos la ropa como si quemara. Mi piel expuesta al aire nocturno se erizó, pero el calor de sus cuerpos lo compensaba. Sofía me empujó suave al sofá, sus tetas perfectas rozando las mías, pezones endurecidos chocando como chispas. "Eres una pendejita tan rica, Ana", murmuró riendo bajito, y bajó la cabeza a mi pecho. Su boca caliente envolvió mi pezón, chupando con succiones que me hicieron arquear la espalda. Un gemido se me escapó, ronco y desesperado. Marco se arrodilló entre mis piernas, sus manos grandes abriéndolas con ternura. Su verga ya está tiesa, neta que es un chulo, vi de reojo, palpitando contra su boxer.

El roce de sus dedos en mi panocha fue eléctrico. Estaba empapada, el olor almizclado de mi excitación mezclándose con el salitre del mar que entraba por la ventana abierta. Marco lamió despacio, su lengua plana recorriendo mi clítoris hinchado, saboreándome como si fuera el mejor tequila. "Mmm, qué sabrosa estás, morra", gruñó, y cada lamida mandaba ondas de placer por mis muslos. Sofía se subió a mi cara, su coñito depilado rozando mis labios. "Chúpame, amiga", pidió, y obedecí. Su sabor era salado-dulce, como mango maduro, y sus caderas se movían en círculos lentos, gimiendo bajito: "¡Ay, sí, así, qué chingón!".

La tensión crecía como una ola en la playa. Mi lengua se hundía en ella, sintiendo sus paredes contraerse, mientras Marco metía dos dedos en mí, curvándolos justo en ese punto que me volvía loca. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, jadeos entrecortados, el lejano romper de las olas. No puedo más, voy a explotar. Pero quise alargar, saborear. Cambiamos posiciones. Yo me puse a cuatro, Marco detrás, su verga gruesa empujando lento en mi entrada. "Dime si duele, reina", susurró, y entré yo, empalándome centímetro a centímetro. Llenándome como nunca, estirándome delicioso.

Sofía se acostó debajo, lamiendo donde nos uníamos. Su lengua en mi clítoris y en las bolas de Marco era una tortura divina. "¡Púlela, wey! ¡Cógela rico!", animaba ella, y Marco obedeció, embistiendo más fuerte. Cada choque de sus caderas contra mi culo hacía un plaf sudoroso, piel resbalosa por el sudor que goteaba. Olía a sexo puro: almizcle, sudor, jugos mezclados. Mis tetas rebotaban, pezones rozando el vientre de Sofía. Ella se tocaba, dedos volando en su clítoris, gimiendo contra mi piel.

El clímax se acercaba. Marco aceleró, su verga hinchándose dentro de mí, golpeando profundo. "Me vengo, cabrones", avisó ronco, y sentí su calor explotar, llenándome con chorros calientes. Eso me empujó al borde. Sofía chupó mi clítoris con furia, y yo grité, el orgasmo rompiéndome en oleadas: contracciones que me dejaban temblando, jugos chorreando por mis muslos. Ella se vino segundos después, su coño pulsando contra mi boca, gritando: "¡Chin! ¡Sí, Ana, no pares!".

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El aire olía a clímax compartido, pieles pegajosas brillando bajo la luz de la luna que se colaba por la ventana. Marco me besó la frente, tierno. "Gracias por esto, morra. Neta que fue épico". Sofía se acurrucó en mi otro lado, su mano trazando círculos perezosos en mi vientre.

"Somos el mejor pornhub trio del mundo, ¿no?"
, dijo riendo suave.

Me quedé ahí, entre ellos, sintiendo el latido de sus corazones contra el mío. No había arrepentimientos, solo una paz chida, como después de una buena fiesta. El mar susurraba afuera, testigo de nuestra noche. Quién diría que un video nos llevaría aquí. Cerré los ojos, saboreando el afterglow, el cuerpo pesado y satisfecho. Mañana sería otro día, pero esta memoria quedaría grabada, caliente y eterna.

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