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Pasiones Desatadas en Digimon Tri 6

5997 palabras

Pasiones Desatadas en Digimon Tri 6

Ana se recargó en el sillón de su depa en la Condesa, con el control remoto en la mano y una sonrisa pícara en los labios. El aroma a palomitas recién hechas flotaba en el aire, mezclado con el leve perfume de su loción de vainilla que siempre volvía loco a Marco. Órale, carnal, pensó ella, esta noche va a estar chida. Habían quedado de ver el episodio seis de Digimon Tri, su guilty pleasure de la infancia, pero ahora, ya grandecitos, lo veían con ojos distintos. Marco, su amigo de la uni con el que había coqueteado mil veces, llegó puntual, con chelas en la mano y esa camiseta ajustada que marcaba sus pectorales.

Neta, Ana, ¿Digimon Tri 6 otra vez? —dijo él riendo mientras se sentaba a su lado, tan cerca que sus muslos se rozaron. El calor de su cuerpo la hizo erizar la piel.

—Sí, pendejo, es el mejor. Ese clímax con los digimon evolucionando... me pone la piel chinita —respondió ella, pulsando play. La pantalla se iluminó con las voces agudas de los personajes, las batallas digitales y esa tensión épica que siempre la emocionaba. Pero esta vez, con Marco ahí, cada explosión en la tele parecía reverberar en su pecho, acelerando su pulso.

Al principio, todo era risas y comentarios.

¿Te acuerdas cuando éramos morrillos y jugábamos a ser tamers?
se dijo Ana para sí, recordando cómo fantaseaban con sus parejas digitales. Marco asentía, su mano rozando accidentalmente la de ella al alcanzar las palomitas. El roce fue eléctrico, como una chispa que prendió algo profundo. El olor a su colonia masculina, terrosa y fresca, se coló en sus fosas nasales, haciendo que su boca se secara.

A medida que avanzaba Digimon Tri 6, la trama se ponía intensa: los héroes luchando por su futuro, alianzas rompiéndose y reformándose. Ana sintió un calor subirle por el vientre. Chin..., Marco se movió, su brazo ahora alrededor de sus hombros. Ella no se apartó; al contrario, se acurrucó más, sintiendo la firmeza de su bíceps contra su mejilla. El sonido de las digievoluciones retumbaba, pero su atención estaba en el latido acelerado de él, sincronizado con el suyo.

—Este episodio siempre me hace pensar en segundas oportunidades —murmuró Marco, su aliento cálido en su oreja. Ana giró la cara, sus labios a centímetros. El deseo era palpable, como el vapor de las chelas calientes.

En el intermedio, ella pausó el episodio. Sus ojos se encontraron, oscuros y cargados. No hay vuelta atrás, pensó Ana. Se inclinó y lo besó, suave al principio, saboreando el salado de las palomitas en su lengua. Marco respondió con hambre, su mano en su nuca, profundizando el beso. El sabor de él era adictivo, cerveza y masculinidad pura. Sus lenguas danzaron, húmedas y urgentes, mientras el calor entre sus piernas crecía.

La segunda mitad de Digimon Tri 6 sirvió de fondo perfecto. Ya no miraban la pantalla; las manos exploraban. Marco deslizó los dedos por su blusa, rozando la curva de sus senos. Ana jadeó contra su boca, el sonido ahogado por el rugido digital en la tele. Qué rico se siente su piel áspera, pensó ella, arqueándose. Él desabotonó su jeans, y ella lo ayudó, liberando su verga dura que saltó palpitante. La tocó con reverencia, sintiendo las venas bajo sus dedos, el calor que emanaba como lava.

Me late tanto esto, susurró él, besándole el cuello. El olor a su sudor fresco la mareó. Ana se quitó la blusa, dejando ver sus chichis firmes, pezones erectos pidiendo atención. Marco los lamió, succionando con delicadeza, el sabor salado de su piel en su boca. Ella gimió, órale, qué chingón, mientras sus uñas arañaban su espalda, dejando marcas rojas.

La tensión escalaba como en el episodio: los digimon fusionándose en poder supremo. Ana se puso de rodillas, el piso mullido bajo sus piernas. Tomó su verga en la mano, oliendo ese aroma almizclado de excitación que la volvía loca. La lamió desde la base, saboreando la gota perlada en la punta, salada y dulce. Marco gruñó, sus caderas moviéndose instintivamente.

Es tan grande, tan mío esta noche
, se dijo ella, chupando con ritmo, la saliva resbalando, sonidos húmedos mezclándose con los gritos animados de la tele.

Él la levantó, la sentó en su regazo. Sus pantalones al suelo, su panocha húmeda rozando su dureza. El vello púbico de ambos se enredó, un roce erótico que la hizo temblar. Entra ya, cabrón, suplicó en silencio. Marco la penetró despacio, centímetro a centímetro, llenándola. El estiramiento era exquisito, dolor placentero que se convirtió en éxtasis. Ella cabalgó, sus caderas girando, sintiendo cada embestida rozar su clítoris. El slap-slap de piel contra piel ahogaba la banda sonora de Digimon Tri 6.

El clímax del episodio coincidió con el suyo. Los héroes gritaban victoria mientras Ana se tensaba, su interior contrayéndose alrededor de él. ¡Ya mero! Marco aceleró, sus manos en sus nalgas, apretando la carne suave. Ella explotó primero, un grito gutural escapando, olas de placer recorriéndola, jugos calientes empapándolos. Él la siguió, gruñendo su nombre, chorros calientes inundándola, el olor a sexo impregnando el aire.

Se derrumbaron juntos, jadeantes, la pantalla mostrando los créditos de Digimon Tri 6. El sudor perlaba sus cuerpos, pegajosos y satisfechos. Marco la besó la frente, su mano acariciando su espalda en círculos lentos. Esto fue más que un episodio, pensó Ana, sintiendo una paz profunda. El aroma a sexo y vainilla se mezclaba con las palomitas frías, un afterglow perfecto.

La neta, eso fue épico —dijo él, riendo bajito.

—Mejor que cualquier digievolución —respondió ella, acurrucándose. En ese momento, supieron que Digimon Tri 6 no era solo nostalgia; era el catalizador de algo nuevo, ardiente y eterno.

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