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Pasión Galáctica en el Tri Wing Star Wars

6739 palabras

Pasión Galáctica en el Tri Wing Star Wars

Tú eras un piloto errante por la galaxia, de esos que van de puerto en puerto espacial buscando el próximo encargo jugoso. Ese día aterrizaste en el astropuerto de Nueva Tijuana, un planeta próspero lleno de luces neón y música retumbando en los bares flotantes. El aire olía a combustible ionizado mezclado con el aroma dulce de frutas exóticas vendidas en los mercados. Ahí la viste por primera vez: Karla, una morra de curvas que te ponían a mil, con el pelo negro largo hasta la cintura, ojos cafés que brillaban como estrellas, y un overol ajustado que marcaba sus chichis firmes y su culo redondo. Estaba recargada en su nave, el Tri Wing Star Wars, una belleza modificada con alas triples que cortaban el viento estelar como un cuchillo caliente.

Órale, güey, ¿buscas trabajo o nomás andas de mirón? —te dijo con una sonrisa pícara, su voz ronca como el rugido de un motor hiperespacial.

Te acercaste, el corazón latiéndote fuerte, sintiendo el calor de su mirada recorriéndote de arriba abajo. Olía a vainilla y sudor fresco, ese olor que te hace imaginar cosas sucias. Le explicaste que sí, que pilotabas como los dioses y que su Tri Wing Star Wars te parecía chingona. Ella se rió, un sonido que te erizó la piel, y te invitó a subir para "revisar el manifiesto". Sabías que era pretexto, pero ¡qué pretexto tan sabroso!

Esta morra me va a volver loco, con esas nalgas que se mueven como olas en el hyperspace. Tengo que tenerla, carnal.

Subieron a la nave, el interior era un paraíso: cabinas acolchadas en cuero sintético suave, luces tenues que parpadeaban como estrellas, y un olor a madera pulida y especias del último viaje. Karla te sirvió un trago de mezcal estelar, fuerte y ahumado, que te quemó la garganta y te soltó la lengua. Hablaron de rutas galácticas, de piratas que habían esquivado juntos en sueños, pero la tensión crecía como una tormenta ionizada. Sus rodillas se rozaban, el roce enviando chispas por tu piel. La miraste a los ojos y viste el deseo puro, ese fuego que no se apaga.

—Sabes, piloto, esta Tri Wing Star Wars ha visto de todo, pero nunca un carnal como tú que me prenda tanto —susurró, su aliento cálido en tu oreja, oliendo a mezcal y miel.

Acto uno cerrado, la puerta de la cabina se selló con un whoosh suave. Tus manos encontraron su cintura, piel suave bajo el overol que se desabrochó como por arte de magia. La besaste, labios carnosos y húmedos, saboreando su lengua juguetona que bailaba con la tuya, un sabor salado y dulce que te volvía loco. Ella gimió bajito, un sonido que vibró en tu pecho, mientras sus uñas arañaban tu espalda con esa fuerza juguetona de morra mexicana que sabe lo que quiere.

La mitad de la historia ardía ya. La llevaste al catre de la cabina principal, un colchón king size con sábanas de seda galáctica que susurraban contra la piel. Karla se quitó el overol despacio, revelando tetas perfectas, pezones duros como diamantes de Kessel, y una panocha depilada que brillaba de humedad. Tú te desvestiste rápido, tu verga parada como un sable láser, palpitando con el pulso acelerado. Ella te miró con hambre:

¡Mira qué vergón tan chingón, papacito! Ven, déjame probarlo.

Se arrodilló, su boca caliente envolviéndote, lengua girando alrededor de la cabeza, chupando con succiones que te hacían jadear. El sonido húmedo de su boca, slurp slurp, mezclado con tus gemidos, llenaba la nave. Olía a su excitación, ese musk femenino intenso que te nublaba la mente. Tus manos enredadas en su pelo, guiándola suave, mientras pensabas ¡Esta chava es una diosa del espacio! Ella se levantó, te empujó al catre y se montó encima, frotando su concha mojada contra tu verga, lubricándola con sus jugos calientes y resbalosos.

¡No aguanto más, su calor me quema, su piel sabe a paraíso prohibido!

La tensión subía como un salto al hyperspace. Karla se hundió en ti despacio, centímetro a centímetro, su interior apretado y aterciopelado apretándote como un guante vivo. Gritó de placer, ¡Ay, cabrón, qué rico!, sus caderas moviéndose en círculos lentos al principio, el sonido de piel contra piel, plaf plaf, resonando en la cabina. Sudor perlando sus tetas, goteando sobre tu pecho, salado al lamerlo. Aceleró, rebotando fuerte, sus nalgotas cacheteando tus muslos, mientras sus uñas clavadas en tus hombros. Tú embestías desde abajo, profundo, tocando ese punto que la hacía temblar, sus paredes contrayéndose en espasmos previos al clímax.

¡Más duro, güey, rómpeme con esa verga estelar! —jadeaba ella, voz entrecortada, el aire cargado de olor a sexo crudo, sudor y feromonas.

Cambiaron posiciones, ella de perrito contra la consola del piloto, luces de la Tri Wing Star Wars parpadeando sobre su espalda arqueada. Entraste de nuevo, agarrando sus caderas, follando con ritmo feroz pero consensual, cada embestida sacándole alaridos de puro gozo. Tus bolas chocando contra su clítoris hinchado, sus jugos chorreando por tus piernas. El calor de su cuerpo, el slap slap constante, el gemido gutural que subía de tono. Sentiste su orgasmo venir, su concha apretándote como un torno, ordeñándote, mientras gritaba ¡Me vengo, chingado, me vengo! olas de placer sacudiéndola, tetas bamboleando.

Tú no aguantaste más, el clímax explotando como una supernova. Chorros calientes llenándola, pulsos interminables, mientras rugías su nombre. Colapsaron juntos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor, respiraciones agitadas sincronizándose. El afterglow era puro éxtasis: besos suaves, caricias perezosas en su pelo húmedo, el sabor de su piel salada en tus labios.

Eres el mejor copiloto que he tenido en esta Tri Wing Star Wars, carnal —murmuró ella, acurrucada en tu pecho, su mano trazando círculos en tu abdomen.

Esto no es solo un polvo, es una conexión galáctica. Quiero más viajes con ella, más noches como esta.

Despertaron horas después, la nave zumbando suave en órbita baja. Karla sonrió, ojos brillantes de satisfacción, y te ofreció un contrato real: rutas juntos por la galaxia. El deseo no se apagó, solo se transformó en promesa de aventuras calientes futuras. Salieron del catre, cuerpos aún sensibles, rozándose juguetones. El Tri Wing Star Wars los esperaba, listo para surcar estrellas con su pasión a bordo. Y tú supiste que habías encontrado tu puerto verdadero en ella.

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