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Inténtalo Rogando Manhwa

7811 palabras

Inténtalo Rogando Manhwa

Estás recostada en la cama king size de tu depa en la Condesa, con el aire acondicionado zumbando bajito como un susurro fresco contra tu piel desnuda. La luz del atardecer se cuela por las cortinas semitransparentes, tiñendo todo de un naranja cálido que hace que tu tablet brille como si fuera mágica. Tus dedos deslizan la pantalla, devorando las páginas de Try Begging Manhwa, ese manhwa coreano que te tiene enganchada hace semanas. La prota, con sus ojos grandes y suplicantes, rogándole al galán que la toque, que no la deje con ese fuego entre las piernas. Neta, cada viñeta te acelera el pulso, el calor subiendo por tu vientre como tequila puro.

El olor a café recién hecho flota desde la cocina, mezclado con el perfume de tu loción de vainilla que impregna las sábanas. Alejandro, tu morro, tu carnal en todo sentido, entra al cuarto con dos tazas humeantes. Es alto, moreno, con esa playera ajustada que marca sus pectorales y unos jeans que le quedan como pintados en las caderas. Sus ojos cafés te recorren de arriba abajo, deteniéndose en tus pechos semidesnudos bajo la camisola ligera. "¿Qué onda, nena? ¿Otra vez con tus manhwas calientes?" dice con esa voz ronca que te eriza la piel, dejando las tazas en la mesita y sentándose a tu lado.

Le pasas la tablet sin decir nada, el corazón latiéndote fuerte en el pecho. Él la agarra, sus dedos ásperos rozando los tuyos, enviando una chispa eléctrica directo a tu clítoris. Hojea las páginas, sus cejas arqueándose mientras lee los diálogos. Try Begging Manhwa, donde la tipa tiene que rogarle al vato por cada caricia, cada beso.

¿Y si lo hacemos de a verdad? ¿Y si te pongo a rogar como en ese pinche manhwa?
piensas, mordiéndote el labio inferior, el sabor salado de tu propia anticipación en la lengua.

Acto uno apenas empieza. Alejandro suelta una risa baja, gutural, que vibra en tu pecho. "Órale, güey, esto está cañón. La morra rogando por la verga del tipo. ¿Quieres que juguemos así?" Sus palabras te mojan al instante, sientes la humedad cálida entre tus muslos, el aire fresco del AC rozando tu concha expuesta bajo la camisola. Asientes, la garganta seca, el deseo ardiendo como chile en nogada en tu boca.

Él se acerca más, su aliento caliente contra tu oreja, oliendo a menta y hombre. "Pues inténtalo rogando, como en el manhwa. Pídeme que te toque, nena." Su mano grande se posa en tu muslo, áspera por el gym, subiendo despacio, torturándote con la promesa. Cierras los ojos, el sonido de su respiración pesada llenando el cuarto, sincronizándose con la tuya agitada.

La tensión crece como tormenta en el Popo. Tus pezones se endurecen contra la tela fina, rogando atención. "Porfa, Ale... tócame... murmuras, pero él niega con la cabeza, su sonrisa lobuna brillando. "No mames, eso no es rogar de verdad. Como en Try Begging Manhwa, suplica chido." Su dedo traza círculos en tu rodilla, subiendo centímetro a centímetro, el roce quemando como sol de mediodía.

Te incorporas un poco, el colchón hundiéndose bajo tu peso, y lo miras a los ojos.

Chingado, este wey me tiene loca. Quiero su boca en mí, su verga dura partiéndome.
"Ale, mi amor, por favor... tócame la concha, estoy empapada por ti. No me dejes así, neta te lo ruego." Las palabras salen roncas, tu voz temblando, el olor de tu arousal mezclándose con su colonia masculina.

Él gruñe, satisfecho, y te empuja suave contra las almohadas. Sus labios capturan los tuyos en un beso feroz, lenguas enredándose con sabor a café y deseo. Sus manos recorren tus costados, levantando la camisola, exponiendo tu piel al aire. Jadeas cuando sus dedos encuentran tus pechos, pellizcando los pezones con justo la presión que te hace arquear la espalda. Su tacto es fuego, cada roce enviando ondas de placer directo a mi centro.

El medio acto se enciende. Baja besos por tu cuello, mordisqueando la clavícula, dejando marcas rojas que duelen rico. "Sigue rogando, preciosa. Dime qué quieres." Su voz es un ronroneo contra tu piel, mientras su mano se desliza entre tus piernas. Sientes sus dedos rozando tus labios hinchados, empapados, el sonido húmedo de tu excitación rompiendo el silencio.

"¡Ay, wey! Métemela, porfa... chúpame, hazme tuya como en ese manhwa. No aguanto más." Rogas de verdad ahora, las caderas moviéndose solas contra su palma. Él ríe, ese sonido grave que te vibra en los huesos, y se hunde dos dedos en ti, curvándolos justo ahí, en ese punto que te hace ver estrellas. El squelch obsceno de tu coño chupando sus dedos llena el aire, mezclado con tus gemidos agudos.

Te quita la camisola de un tirón, sus ojos devorándote. "Estás preciosa así, toda abierta pa' mí." Baja la cabeza, su lengua plana lamiendo desde tu entrada hasta el clítoris, saboreándote como si fueras el mejor pozole de la vida. El sabor salado-musgoso de ti en su boca, el calor húmedo envolviéndote. Gimes fuerte, las manos enredándose en su pelo negro, tirando suave.

¡Madre santa, este cabrón sabe comer concha! Cada lamida me acerca al borde.

La intensidad sube, tus paredes contrayéndose alrededor de su lengua. Él acelera, chupando tu botón con succión perfecta, un dedo frotando tu culo con lubricante natural de tus jugos. "Más, Ale... fóllame ya, te ruego. Dame tu verga gruesa." Él se endereza, quitándose la ropa con prisa, su polla saltando libre, venosa, goteando precum, oliendo a macho puro.

Te voltea boca abajo, las sábanas frescas contra tus pezones sensibles. Su cuerpo cubre el tuyo, peso delicioso presionándote. "Una rogada más, nena." "¡Por Dios, métetela! Quiero sentirte romperme, como el galán del manhwa." Entras en pánico placentero cuando la punta empuja tu entrada, estirándote lento, centímetro a centímetro. El ardor dulce de la invasión, su grosor llenándote hasta el fondo, topando tu cervix con un golpe que te arranca un grito.

El clímax del medio: embiste fuerte, el slap-slap de piel contra piel resonando, sudor perlando sus backs, goteando en tu espinazo. Cada thrust roza tu G, tus jugos salpicando sus bolas peludas. Su olor, sudor y sexo, me embriaga. Siento cada vena de su verga pulsando dentro. Cambia posiciones, te pone a cuatro, jalándote el pelo como riendas, follándote profundo mientras una mano masajea tu clítoris. Gritas su nombre, el cuarto oliendo a sexo crudo, vainilla y café olvidado.

Acto final se desata. "Córrete conmigo, rogona." Acelera, sus gruñidos animales mezclándose con tus alaridos. La presión explota, tu orgasmo rompiéndote en olas, paredes ordeñando su verga, chorros calientes mojando las sábanas. Él ruge, hinchándose, llenándote de semen espeso, caliente, desbordando por tus muslos.

Colapsan juntos, su peso sobre ti protector, respiraciones jadeantes calmándose. Besos suaves en tu nuca, su mano acariciando tu vientre. "Fue chingón, ¿verdad? Mejor que el manhwa." Ríes bajito, el afterglow envolviéndote como manta tibia, el semen goteando lento, recordatorio pegajoso del placer.

Te giras, mirándolo a los ojos, piernas enredadas.

Este wey es mío, y cada rogada vale la pena por esto.
El sol se ha puesto, la ciudad zumba afuera, pero aquí dentro solo queda paz, conexión profunda. "Inténtalo rogando de nuevo mañana, carnal." Él sonríe, sellando el pacto con un beso lento, saboreando el futuro.

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