Probar en Infinitivo
La noche en el DF se sentía pesada, con ese calor pegajoso que te hace sudar hasta el alma. Yo, Ana, acababa de llegar del gym, el cuerpo todo entumecido pero con esa energía que te prende por dentro. Mi depa en la Condesa era mi refugio, con las luces tenues y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Diego, mi carnal desde hace meses, ya estaba ahí, recostado en el sofá con una chela en la mano, viéndome con esa mirada que dice toda tuya, güey.
—Órale, nena, ¿qué pedo con ese short? Me estás provocando —me soltó con esa voz ronca que me eriza la piel.
Me reí, tirando la bolsa al piso. El sudor me perlaba el cuello, y sentía su mirada recorriéndome como caricias invisibles. Me acerqué, sentándome a horcajadas sobre él, mis muslos apretando los suyos. Olía a su colonia mezclada con el humo de la ciudad que se colaba por la ventana.
¿Y si jugamos a algo nuevo? —le susurré al oído, mordisqueando su lóbulo. ¿Algo que me haga probar en infinitivo?
Él se tensó debajo de mí, sus manos subiendo por mis caderas, apretando la tela del short. —¿Probar en infinitivo? ¿Qué onda con eso, loca? —Pero sus ojos brillaban, curiosos, cachondos.
Le conté de mi clase de inglés esa mañana. La profe, una gringa bien perra, nos había enseñado que en inglés se usa try seguido del infinitivo para intentar algo: try to kiss, try to touch. —Y yo pensé en nosotros —le dije, rozando mi nariz contra su barba de tres días, inhalando su aroma masculino, ese que me moja sin remedio—. Vamos a jugar: yo digo try y un infinitivo en inglés, y tú lo intentas conmigo. Si lo haces chido, te premio.
Diego soltó una carcajada, pero su verga ya se notaba dura contra mi entrepierna. —Va, pinche loca. Empieza.
El juego arrancó lento, con risas y roces inocentes al principio. Yo empecé con try to kiss my neck. Él se lanzó, sus labios calientes y húmedos trazando un camino por mi cuello, chupando justo donde late el pulso. Sentí su lengua áspera, el vello de su barba raspándome la piel sensible, y un gemido se me escapó. Olía a su sudor fresco, a deseo crudo. Mis pezones se endurecieron bajo la blusa, rozando su pecho firme.
—¿Bien? —preguntó, con la voz entrecortada.
—Chingón —respondí, arqueándome contra él.
La tensión crecía como el tráfico en Insurgentes a las seis. Pasamos a try to touch my tits. Sus manos grandes, callosas de tanto gym, se colaron bajo mi blusa, amasando mis tetas con esa presión perfecta que me hace jadear. Los pulgares rodeando mis pezones, pellizcándolos suave al inicio, luego más fuerte. El sonido de su respiración agitada llenaba la habitación, mezclado con el zumbido lejano de la ciudad. Yo me movía sobre él, sintiendo su erección palpitar, dura como piedra contra mi coño que ya chorreaba.
¿Esto es lo que querías con tu try en infinitivo, ¿verdad? —gruñó, mordiendo mi hombro.Sentí un escalofrío delicioso, el calor subiendo desde mi vientre.
El medio del juego se puso intenso. Yo, ya sin blusa, con las tetas al aire balanceándose, le ordené try to suck my nipples. Se abalanzó como hambriento, succionando uno, luego el otro, con la boca caliente y voraz. Su lengua giraba, dientes rozando lo justo para doler rico. Yo metí las manos en su pelo, tirando, gimiendo bajito. El sabor salado de mi piel en su boca, el pop cuando soltaba el pezón húmedo y brillante. Mis caderas se mecían solas, frotándome contra él, el roce de su jeans áspero contra mi short empapado.
Pero no era solo físico; en mi cabeza bullían pensamientos. ¿Y si esto no basta? ¿Y si quiero más, siempre más? Diego lo notaba, siempre atento a mis silencios. Paró un segundo, mirándome a los ojos, esos ojos cafés que me deshacen. —¿Todo chido, amor? —preguntó, su mano acariciando mi mejilla, bajando por mi espalda sudada.
—Sí, pero try to make me come with your fingers —le reté, la voz ronca de pura necesidad.
Me quitó el short de un jalón, el aire fresco besando mi coño mojado. Sus dedos gruesos exploraron, separando mis labios hinchados, rozando el clítoris con círculos lentos. Olía a mi excitación, ese aroma almizclado que nos volvía locos. Entró un dedo, luego dos, curvándolos justo en ese punto que me hace ver estrellas. El sonido chapoteante de mi humedad, sus nudillos golpeando mi piel, mis gemidos cada vez más altos. Me retorcía, las uñas clavadas en sus hombros, el corazón latiéndome en el pecho como tamborazo en tianguis.
Él gemía conmigo, su verga liberada ahora, palpitando contra mi muslo, pre-semen brillando en la punta. Try en infinitivo, repetía en mi mente, como un mantra cachondo. Intentar besar, tocar, follar... infinitas formas de probar placer.
La intensidad subía como el volcán en erupción. Yo lo empujé al sofá, montándolo. —Try to fuck me hard —le ordené, guiando su verga gruesa a mi entrada.
Entró de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. El estiramiento ardiente, delicioso, su grosor pulsando dentro. Empecé a cabalgar, lento al inicio, sintiendo cada vena, cada roce contra mis paredes. Sus manos en mis caderas, guiándome, pero yo mandaba el ritmo. El slap-slap de piel contra piel, sudor goteando entre nosotros, su olor a macho en celo invadiendo todo. Gimiendo en mi oído: —Pinche rica, me vas a matar.
Acabé primero, el orgasmo rompiéndome como ola en Acapulco. Mi coño apretándolo, contrayéndose, chorros de placer salpicando. Él gruñó, volteándome para ponerme a cuatro, embistiéndome con furia contenida. Sus bolas golpeando mi clítoris, sus manos jalando mi pelo.
¿Try to come inside me? —le supliqué, la voz quebrada.
Se corrió con un rugido, llenándome de calor líquido, pulsos y pulsos hasta que chorreó por mis muslos. Colapsamos juntos, jadeantes, piel pegada a piel, el corazón de él latiendo contra mi espalda.
En el afterglow, recostados en la cama ahora, con las sábanas revueltas oliendo a sexo y nosotros. Diego me besó la frente, suave. —Tu juego de try en infinitivo fue lo máximo, nena. Pero la próxima, yo mando.
Me reí bajito, acurrucándome en su pecho, el cuerpo lánguido y satisfecho. Fuera, la ciudad seguía su rollo, pero aquí, en nuestro mundo, habíamos probado el infinitivo del placer: besar, tocar, follar... sin fin. Y supe que esto era solo el comienzo, que el deseo entre nosotros era infinito, como las noches en el DF que nos esperaban.