Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Janis Joplin Try Just a Little Bit Harder Janis Joplin Try Just a Little Bit Harder

Janis Joplin Try Just a Little Bit Harder

6956 palabras

Janis Joplin Try Just a Little Bit Harder

La noche en la Condesa estaba viva, con ese bullicio chido de la Ciudad de México que te envuelve como un abrazo caliente. El bar La Occidental olía a mezcal ahumado y a pieles sudadas bailando al ritmo de un blues rasposo. Me senté en la barra, con mi falda negra ajustada que me hacía sentir pinche poderosa, y pedí un raicero doble. Ahí lo vi: alto, con barba de tres días, ojos cafés que brillaban como chocolate derretido bajo las luces tenues. Tocaba la guitarra en una esquina, improvisando algo que me erizó la piel.

Me acerqué cuando terminó su set. Órale, carnal, esa rola tuya me recordó a Janis Joplin, le dije, con una sonrisa que ya traía intenciones. Él se rió, voz grave como trueno lejano. ¿Janis? La reina del alma rota. ¿Cuál es tu fave? Platicamos de Piece of My Heart, de cómo su voz te rasgaba el pecho. Se llamaba Alex, músico de Tepoztlán que andaba de gira por la capi. El aire entre nosotros se cargaba, como antes de la lluvia, con ese olor a jazmín de mi perfume mezclándose con su colonia amaderada.

¿Por qué carajos me late tanto este güey? Hace meses que no siento este cosquilleo en el estómago, como si mi cuerpo gritara por atención.

Salimos del bar tomados de la mano, el viento fresco de la noche lamiendo mis piernas desnudas. Su moto rugió como un animal salvaje, y me subí atrás, apretándome contra su espalda dura. Sentí sus músculos tensos bajo la chamarra de cuero, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la tela. Llegamos a mi loft en la Roma, un espacio chiquito pero con buen rollo: plantas colgando, vinilos apilados y luces de neón rosas que pintaban las paredes.

Acto uno apenas empezaba. Le serví un tequila reposado, el líquido ámbar brillando en los vasos. Puse el tocadiscos, y Try (Just a Little Bit Harder) de Janis Joplin llenó el aire con su voz ronca, desesperada. Escucha eso, le dije, Janis Joplin try just a little bit harder... como si suplicara por más. Él se acercó, su aliento cálido en mi cuello. ¿Y tú? ¿Quieres que yo lo intente un poquito más duro? Sus labios rozaron mi oreja, enviando chispas por mi espina.

Nos besamos lento al principio, saboreando el tequila en su lengua, salado y dulce. Sus manos grandes subieron por mis muslos, arrugando la falda, mientras yo enredaba los dedos en su pelo revuelto. El sonido de Janis gemía de fondo, try just a little bit harder, y yo sentía mi corazón latiendo en sincronía. Me quitó la blusa con cuidado, como desenvolviendo un regalo, y sus ojos se clavaron en mis tetas libres bajo el brasier de encaje negro.

¡Puta madre, su mirada me quema! Quiero que me devore ya, pero no, hay que saborearlo, que la tensión me vuelva loca.

Lo empujé al sofá de terciopelo rojo, me subí a horcajadas sobre él. Sentí su verga dura presionando contra mi panocha a través de los jeans, un pulso caliente que me hacía mojarme al instante. Le desabroché la camisa, lamiendo su pecho velludo, oliendo su sudor limpio mezclado con el aroma terroso de su piel. Él gimió bajito, Chula, estás cañona, y metió la mano bajo mi falda, rozando mi clítoris con los dedos ásperos de tanto rasguear cuerdas.

La música subía de volumen, Janis gritando su súplica, y nosotros escalábamos. Me arrancó el tanga con un tirón juguetón, ¿Listo para jugar, pendejo? le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. Él rio, voz ronca: Siempre, mi reina. Sus dedos entraron en mí, lentos al principio, explorando mi humedad resbalosa. Yo arqueé la espalda, el placer como electricidad recorriendo mis venas, el sonido húmedo de sus movimientos mezclándose con la guitarra desgarrada.

Lo desvestí completo, admirando su cuerpo atlético, la verga erecta palpitando, venosa y gruesa, con una gota de precum brillando en la punta. La tomé en mi mano, piel suave sobre acero duro, y la masturbé despacio, sintiendo cómo latía en mi palma. Él jadeaba, ¡No mames, qué chido!, mientras yo bajaba la cabeza y la lamía desde la base hasta la cabeza, saboreando su esencia salada, musgosa. La chupé profundo, garganta relajada por la práctica, escuchando sus gemidos roncos que competían con Janis.

Pero quería más. Lo monté, guiando su verga a mi entrada empapada. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba, estirándome deliciosamente. ¡Así, cabrón, try just a little bit harder! grité, recordando la rola, y él embistió desde abajo, fuerte pero cariñoso, sus manos apretando mis nalgas. El sofá crujía, nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, sudor perlando nuestras pieles.

Esto es puro fuego, su verga me toca el alma, cada empujón me acerca al borde. No pares, Alex, dame todo.

La tensión crecía como tormenta. Cambiamos posiciones: él me puso a cuatro patas en la alfombra persa, oliendo a lana y sexo. Entró de nuevo, profundo, su vientre golpeando mi culo redondo. Agarró mis caderas, follándome con ritmo creciente, el slap-slap-slap resonando. Yo metí la mano entre las piernas, frotando mi clítoris hinchado, círculos rápidos que me hacían ver estrellas. Janis seguía sonando en loop, su voz un eco de nuestra pasión: try just a little bit harder.

Sus dedos encontraron mi ano, rozando juguetones, y yo gemí aprobando, Sí, güey, ahí también. Untó mi propia humedad y metió un dedo, doble penetración que me volvió loca. El olor a sexo impregnaba el aire, almizclado y embriagador. Sentía mi orgasmo construyéndose, un nudo apretado en el bajo vientre, pulsos acelerados en mi pecho. Él gruñía, Me vengo, chula..., pero yo lo frené: Espera, juntos.

Aceleramos, salvajes. Él salía y entraba como pistón, yo empujaba hacia atrás, tetas rebotando, pelo pegado a la cara por sudor. El clímax explotó en mí primero: olas de placer cegador, mi coño contrayéndose alrededor de su verga, gritando ¡Janis Joplin try just a little bit harder! como mantra. Él se corrió segundos después, chorros calientes llenándome, su cuerpo temblando contra el mío.

Colapsamos en el suelo, jadeantes, pieles pegajosas unidas. El tocadiscos calló, pero el eco de la música vibraba en nosotros. Me acurruqué en su pecho, escuchando su corazón galopante calmarse, oliendo nuestro amor mezclado con el jazmín marchito. Eso fue épico, mi amor, murmuró, besando mi frente. Yo sonreí, satisfecha, empoderada.

Por fin, un hombre que entiende lo de intentarlo un poquito más duro. Mañana quién sabe, pero esta noche es nuestra obra maestra.

Nos quedamos así, envueltos en sábanas revueltas, la ciudad zumbando afuera como testigo de nuestro fuego. Janis Joplin nos había guiado, y nosotros habíamos respondido con todo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.