Cancelando Triara Telmex con Fuego en la Piel
Estaba hasta la madre de mi internet de Triara Telmex. Cada rato se caía, justo cuando más lo necesitaba para ver mis series o platicar con las morras en WhatsApp. "Ya valió, hoy le marco para cancelar", me dije mientras me echaba en el sillón con el teléfono en la mano. El calor de la tarde en mi depa de la Roma me tenía sudando, el ventilador zumbaba como loco pero no refrescaba ni madres. Me quité la blusa, quedándome en bra y shortcito, pensando que total, sola estaba.
Marqué el número de atención a clientes de Triara Telmex. Sonó un par de veces y una voz grave, ronca, contestó: "Triara Telmex, habla Javier, ¿en qué te ayudo, guapa?" Me quedé muda un segundo. ¿Guapa? ¿Desde cuándo los vatos de call center tiran onda así? Su voz era como terciopelo raspado, me erizó la piel de los brazos.
"Quiero cancelar mi servicio, carnal. Ya me harté de que se corte cada rato", le solté, tratando de sonar firme pero sintiendo un cosquilleo en el estómago. Me imaginé cómo sería: alto, moreno, con esa sonrisa pícara que te derrite.
"Ay, no mames, no me digas que te vas a ir así nomás. Déjame ver tu cuenta, ¿cuál es tu número?" Mientras checaba mis datos, su respiración se oía pesada al teléfono, como si estuviera cerca, oliendo mi perfume de vainilla que me había echado hace rato. Le di los datos y empezó a hablarme de opciones para retener el servicio, pero su tono era juguetón, casi susurrante. "Mira, preciosa, antes de cancelar, ¿por qué no me cuentas qué te frustra tanto? A lo mejor te ayudo a... desahogarte".
¿Qué pedo? Este pendejo me está coqueteando en serio. Pero su voz... chingado, me está poniendo caliente. Siento el calor subiendo por mis muslos.
Le seguí la corriente, riéndome bajito. "Pos mira, Javier, el internet se pone lento cuando veo... cosas", le dije, mordiéndome el labio. El ambiente del depa olía a mi sudor mezclado con el café que me había preparado. Su risa retumbó en mi oído, vibrando hasta mi centro.
La plática escaló rápido. Me preguntó si estaba sola, y yo, ya con las nalgas inquietas en el sillón, le confesé que sí. "¿Y qué traes puesto, reina?", soltó él, y yo me sorprendí respondiendo: "Sólo bra y short, hace un chingo de calor". Sentí mis pezones endureciéndose contra la tela delgada, el roce me hacía jadear quedito.
"Imagíname ahí contigo, tocándote el cuello con los labios", murmuró. Cerré los ojos, oliendo mi propia excitación empezando a perfumar el aire. Mi mano bajó sola por mi panza, rozando el borde del short. Su voz guiaba: "Quítate el bra despacito, siente cómo el aire te besa las tetas". Obedecí, el sonido del broche abriéndose fue como un chasquido en el silencio. Mis pechos libres, pesados, con el fresco del ventilador lamiéndolos.
La tensión crecía con cada palabra. Me describió cómo me lamería los pezones, chupándolos hasta que gimiera. Yo ya tenía los dedos dentro del short, tocando mi humedad resbalosa. "Estás mojada por mí, ¿verdad, nena?", adivinó él por mis respiraciones entrecortadas. El teléfono pegado a mi oreja olía a mi piel caliente. Gemí su nombre, imaginando su boca entre mis piernas, el sabor salado de mi deseo en su lengua.
Pero no quería acabar así. "Ven a mi casa, Javier. Antes de cancelar Triara Telmex, ven a... arreglarme el problema", le propuse, la voz ronca de puro antojo. Él dudó un segundo, pero su excitación era palpable. "¿Estás segura? Dame tu dirección, voy volando".
Colgué temblando, el corazón latiéndome en el clítoris. Me metí a bañar rápido, el agua caliente cayendo como lluvia sobre mi piel sensible, jabón de coco espumando entre mis pliegues. Me puse un vestidito suelto, sin nada debajo, el tejido rozándome como una caricia constante.
Media hora después, tocaron la puerta. Abrí y ahí estaba: alto, barba de tres días, ojos negros que me desnudaban al instante. Olía a colonia fresca y hombre, con un toque de sudor del tráfico. "¿Vienes a cancelar Triara Telmex o qué?", bromeé, jalándolo adentro.
"No mames, vine a cancelar tus ganas", respondió, cerrando la puerta y pegándome a la pared. Sus labios cayeron sobre los míos, duros, urgentes, saboreando a menta y deseo. Sus manos grandes subieron por mis muslos, levantando el vestido, encontrando mi desnudez. "Chingado, estás lista para mí", gruñó contra mi boca.
Me cargó al sillón, el mismo donde me había tocado pensando en él. Me abrió de piernas, su aliento caliente en mi sexo antes de lamer. El primer toque de su lengua fue eléctrico: plana, lenta, saboreando mis jugos como si fueran miel. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes. Mis dedos enredados en su pelo, oliendo su shampoo de hierbas.
Él se quitó la camisa, mostrando un pecho marcado, vello oscuro que me invitaba a arañar. Se desabrochó el pantalón, su verga saltando libre, gruesa, venosa, goteando ya. "Te la voy a meter despacio, para que sientas cada centímetro", prometió. Me penetró de una, llenándome hasta el fondo, el estirón delicioso me arrancó un grito.
Es enorme, me parte en dos de puro placer. Su peso sobre mí, sudado, perfecto.
Empezó a bombear, rítmico, profundo. El slap-slap de piel contra piel, mis tetas botando con cada embestida. Sudábamos juntos, el olor almizclado de nuestros cuerpos mezclándose con el de mi vela de lavanda encendida. Me volteó a cuatro patas, agarrándome las caderas, clavándome más fuerte. "¡Sí, así, pendejo, no pares!", le grité, el orgasmo construyéndose como ola.
Sus manos en mi clítoris, frotando en círculos mientras me taladraba. El calor explotó en mí primero: temblores, contracciones ordeñándolo, chillidos ahogados. Él gruñó, hinchándose dentro, corriéndose a chorros calientes que me inundaron.
Caímos exhaustos, su cabeza en mis tetas, respiraciones jadeantes sincronizándose. El aire pesado de sexo y satisfacción. "¿Todavía quieres cancelar Triara Telmex?", preguntó riendo bajito, besándome el ombligo.
"Ni madres, carnal. Quédate tú en su lugar", respondí, acariciando su espalda. Nos quedamos así, piel con piel, el ventilador secando nuestro sudor, saboreando el afterglow. Mañana llamaría para renovar, pero esta noche, Javier era mi conexión perfecta.