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Lars von Trier Breaking the Waves de Pasión

6492 palabras

Lars von Trier Breaking the Waves de Pasión

La brisa salada de Puerto Vallarta se colaba por la ventana entreabierta, trayendo el rumor constante de las olas rompiendo en la playa. Yo, Ana, estaba acurrucada contra el pecho de Marco en el sillón de nuestra casita rentada, con el olor a coco de mi crema corporal mezclándose con su aroma varonil a sudor limpio y loción aftershave. Habíamos cenado tacos de mariscos bien picosos, y el tequila reposado aún me calentaba las venas. Neta, qué chido estar aquí solos, pensé, mientras el Netflix cargaba la película que tanto había platicado: Breaking the Waves de Lars von Trier.

"¿Estás segura de que quieres ver eso, mi reina? Dicen que es bien intensa", murmuró Marco, su mano grande acariciando mi muslo desnudo bajo la falda corta. Su voz ronca me erizaba la piel, como siempre. Asentí, mordiéndome el labio. "Sí, carnal. Quiero sentir esa pasión loca, como la de Bess. Romper olas de deseo, ¿no?". Él rio bajito, y el vibrar de su pecho contra mi mejilla me hizo apretar las piernas. La pantalla se iluminó con los paisajes escoceses grises, pero en mi mente ya bullían imágenes calientes: el amor que empuja a romper barreras, el cuerpo entregándose sin frenos.

A medida que avanzaba la historia, el aire entre nosotros se cargaba. Bess, esa mujer devota que se entrega en actos carnales por amor a su hombre paralizado, me removía por dentro.

¿Y si yo hiciera eso por ti, Marco? ¿Rompería todas mis olas de pudor para que supieras cuánto te quiero?
Susurré en su oído, mi aliento caliente rozando su lóbulo. Él se tensó, su verga ya medio dura presionando contra mi cadera. "Ana, no mames... esa película de Lars von Trier Breaking the Waves me está poniendo como stallone". El sonido de las olas en la tele se mezclaba con las de la playa real, un ritmo hipnótico que aceleraba mi pulso.

Al final de la primera hora, pausamos. Marco me miró con ojos oscuros, brillantes de deseo. "Estás mojada, ¿verdad?". Su mano subió por mi falda, dedos gruesos rozando el encaje de mis calzones. Gemí suave, el tacto áspero de sus yemas enviando chispas a mi clítoris. "Sí, wey. Bess me prendió. Quiero ser así de libre contigo". Nos besamos con hambre, lenguas enredándose con sabor a tequila y sal. Su boca sabía a hombre, a promesas sucias. Lo empujé al sillón, montándome a horcajadas. Mi falda se arremangó, exponiendo mis nalgas redondas. Él gruñó, palmeando mi carne suave. Qué rico su calor.

La tensión crecía como marea alta. En el cuarto, el ventilador zumbaba perezoso, moviendo el aire húmedo cargado de nuestro aroma: feromonas, sudor fresco, el leve almizcle de mi excitación. Marco me quitó la blusa despacio, lamiendo mis pezones duros como piedras. "Te chupo hasta que grites, mi amor". Mordisqueó suave, y yo arqueé la espalda, el placer punzante bajando directo a mi panocha palpitante.

Esto es lo que Bess sentía: amor que duele de tan bueno, que rompe el alma en olas de gozo
. Mis manos bajaron a su pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, ya goteando precum salado. La apreté, sintiendo su pulso loco bajo mi palma. "Métemela ya, pendejo", le rogué juguetona, usando ese apodo cariñoso que nos encendía.

Pero no cedimos tan rápido. Quería alargar el fuego. Lo hice pararse, lo llevé a la cama king size con sábanas de algodón fresco. Afuera, las olas truenoaban más fuerte, como si aplaudieran. Me puse de rodillas, el piso de madera cálido bajo mis pies. Tomé su verga en la boca, saboreando la piel salobre, el gusto almendrado de su esencia. Chupé despacio, lengua girando en la cabeza hinchada, mientras él enredaba dedos en mi pelo negro largo. "¡Qué chingona eres, Ana! Me vas a hacer venir". Su voz entrecortada, jadeos roncos, me empoderaban. Yo controlaba su placer, como Bess eligiendo su entrega.

Me levantó, me tendió en la cama. Sus besos bajaron por mi vientre, deteniéndose en mi ombligo para lamerlo juguetón. Luego, separó mis muslos temblorosos. El olor de mi concha húmeda llenó el cuarto, dulce y musgoso. "Mírate, toda abierta para mí". Su lengua atacó mi botón, lamidas largas y firmes. Gemí alto, uñas clavándose en sus hombros anchos. El roce húmedo, el sonido chapoteante de su boca devorándome, me volvía loca. Siento las olas rompiéndose dentro de mí. Introdujo dos dedos gruesos, curvándolos contra mi punto G, bombeando rítmico. Mi primer orgasmo llegó como ola gigante: cuerpo convulsionando, jugos chorreando en su mano, grito ahogado en la almohada.

Aún temblando, lo jalé encima. "Cógeme, Marco. Hazme tuya como en esa película". Nuestros ojos se clavaron, consentimiento puro en esa mirada. Su verga empujó lento, estirándome delicioso. Qué llenura tan perfecta, el calor de su carne fusionándose con la mía. Empezó a moverse, embestidas profundas, piel contra piel chapoteando. El sudor nos unía, resbaloso y caliente. Yo clavaba talones en su culo firme, urgiéndolo más rápido. "¡Más duro, cabrón! Rompe mis olas". Él obedeció, gruñendo como animal, sacudiendo la cama. El olor a sexo intenso, a semen y jugos mezclados, nos envolvía. Mis tetas rebotaban con cada choque, pezones rozando su pecho velludo.

La intensidad escaló. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo salvaje. Mis caderas giraban, moliendo mi clítoris contra su pubis. Él palmeaba mis nalgas, dejando marcas rojas que ardían placenteras.

Esto es amor puro, Lars von Trier lo capturó perfecto en Breaking the Waves: el cuerpo como ofrenda voluntaria, el placer que libera el alma
. Sentí su verga hincharse más, lista para explotar. "Me vengo, Ana... ¡juntos!". Aceleré, mis paredes apretándolo como puño. El clímax nos golpeó simultáneo: él llenándome de chorros calientes, yo convulsionando en éxtasis, olas y olas rompiéndose en mi útero. Gritos mezclados con el trueno de la playa.

Caímos exhaustos, enredados en sábanas húmedas. Su semen goteaba de mí, cálido y pegajoso entre mis muslos. Marco me besó la frente, suave ahora. "Eres mi diosa, mi Bess mexicana". Reí bajito, el corazón latiendo en paz. Afuera, las olas seguían rompiendo, pero dentro de mí, el mar estaba en calma profunda. Qué pedo tan chingón nos dimos, inspirados en esa obra maestra. Nos quedamos así, respirando sincronizados, el afterglow envolviéndonos como manta tibia. Mañana, más olas por romper. Juntos.

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