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Angel Parra Trio Pasion Triple

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Angel Parra Trio Pasion Triple

Te encuentras en un bar chido de la Roma, con luces tenues y el olor a tequila reposado flotando en el aire. La noche vibra con el ritmo de una banda que has oído mencionar por ahí: Angel Parra Trio. Órale, piensas, estos carnales saben armar el desmadre. Suben al escenario tres morros guapísimos, todos en sus veintitantos, con camisetas ajustadas que marcan sus pechos firmes y pantalones que dejan poco a la imaginación. El vocalista, Ángel Parra, el alma del Angel Parra Trio, te clava la mirada desde el principio. Tiene el pelo negro revuelto, ojos cafés intensos y una sonrisa pícara que te hace apretar las piernas bajo la mesa.

La música arranca, un rock con toques de cumbia rebelde que te eriza la piel. Sientes el bajo retumbar en tu pecho, el sudor de Ángel brillando bajo las luces mientras canta con voz ronca: "Ven, acércate, que esta noche es pa' quemarnos". Tus ojos recorren su cuerpo, imaginando el tacto de esa piel morena, el calor que desprende. A su lado, Marco, el guitarrista, con brazos tatuados y una barba recortada que te dan ganas de lamer; y Luis, el baterista, fornido, con manos grandes que golpearían cualquier tambor... o algo más. El Angel Parra Trio te tiene atrapada, el corazón latiéndote como un bombo enloquecido.

¿Qué pedo conmigo? Solo vine a echarme un trago, pero estos tres me traen toda mojada ya. Ni madres, esta noche me lanzo.

El show termina con aplausos y silbidos. Te levantas, el vestido negro ceñido rozando tus muslos, y te acercas a la barra donde ellos piden chelas. "¡Qué chingón tocaron, carnales!" les dices, con voz juguetona. Ángel se gira, te recorre de arriba abajo con la mirada. "Gracias, reina. ¿Y tú qué, cómo te llamas? Ven, siéntate con nosotros." Así de fácil. Copas van y vienen, risas, roces casuales. La mano de Marco en tu rodilla, el aliento de Luis en tu oreja contándote chistes subidos de tono. Ángel te susurra: "Sabes que el Angel Parra Trio no solo toca música... también sabe tocar otros ritmos." Sientes el pulso acelerarse, el calor subiendo por tu vientre.

La tensión crece como el volumen de un solo de guitarra. Bailan pegaditos, sus cuerpos presionando contra el tuyo. El olor a hombre sudado mezclado con colonia barata te marea de deseo. "Vamos a mi depa, está cerca", propone Ángel, y no lo piensas dos veces. En el taxi, las manos ya exploran: dedos de Luis en tu muslo interno, besos húmedos de Marco en tu cuello. Llegan al departamento minimalista, luces bajas, música de fondo suave. Te quitan el vestido con urgencia consentida, tus pechos libres saltando, pezones duros como piedras.

Pinche paraíso. Tres vergas listas pa' mí, y yo empapada como nunca. Esto es lo que necesitaba, puro vicio.

Ángel te besa primero, lengua invadiendo tu boca con sabor a cerveza y mentas. Sus labios carnosos chupan los tuyos, mientras Marco y Luis te acarician las nalgas, apretando la carne suave. "Estás de lujo, mamacita", gruñe Marco, lamiendo tu oreja. Te tumban en la cama king size, sábanas frescas contra tu espalda ardiente. Ángel se arrodilla entre tus piernas, besando tu ombligo, bajando lento. Sientes su aliento caliente en tu panocha, ya chorreando jugos. "Déjame probarte", murmura, y su lengua toca tu clítoris, un relámpago de placer que te hace arquearte. Gime contra ti, chupando suave, luego fuerte, el sonido húmedo llenando la habitación.

Luis se quita la playera, mostrando un torso velludo y musculoso. Te da un beso mientras Ángel te come viva, su verga dura presionando tu mano. La agarras, gruesa, venosa, latiendo. "Métetela a la boca, chula", pide Luis, y obedeces, saboreando el precum salado, la piel suave sobre el acero. Marco se une, mamándote las tetas, mordisqueando pezones hasta que gritas de gusto. El aire huele a sexo puro: sudor, feromonas, tu propia excitación dulce y almizclada. Cambian posiciones, el ritmo escalando como un coro del Angel Parra Trio.

Te ponen a cuatro patas, Ángel detrás, frotando su verga en tus labios vaginales. "¿Quieres que te la meta?" "¡Sí, cabrón, métemela ya!" Empuja despacio, llenándote centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso te hace jadear. Marco en frente, follando tu boca con embestidas gentiles pero firmes. Luis acaricia tu clítoris, dedos expertos girando. Sientes todo: la fricción ardiente de Ángel entrando y saliendo, salpicando jugos; el sabor de Marco en tu lengua; el roce áspero de sus bolas contra tu piel. Gemidos colectivos, "¡Qué rico, pinche rica!", "Córrete pa' mí". La tensión sube, tu cuerpo tiembla, orgasmos encadenados.

No puedo más, esto es demasiado bueno. Sus vergas me vuelven loca, cada empujón me acerca al borde.

Ángel acelera, palmeando tus nalgas con chasquidos sonoros, el dolor placentero mezclándose con el éxtasis. Marco se corre primero, chorros calientes en tu garganta, tragas ansiosa el semen espeso. Luis toma su lugar, metiendo su verga gorda en tu boca mientras Ángel te folla como animal. Cambian: ahora Marco en tu panocha, más largo, tocando puntos profundos; Luis en el culo? No, todo vaginal, consentido y juguetón. Te voltean, tú encima de Ángel, cabalgándolo, tetas rebotando. Él chupa tus chichis, mordiendo. Marco y Luis se turnan en tu boca, manos por todos lados, piel contra piel resbalosa de sudor.

El clímax explota. Sientes a Ángel hincharse dentro, "Me vengo, reina", llenándote de leche caliente que chorrea por tus muslos. Tú te corres gritando, paredes contrayéndose ordeñándolo, olas de placer cegadoras. Marco eyacula en tus tetas, pintándolas blanco cremoso; Luis en tu mano, semen pegajoso que lames con deleite. Colapsan a tu lado, respiraciones agitadas, risas roncas. Te besan suave ahora, lenguas perezosas, cuerpos entrelazados en un nudo sudoroso.

La habitación huele a sexo satisfecho, sábanas revueltas testigos del desmadre. Ángel te acaricia el pelo: "Eres increíble, volvemos a tocar pronto... contigo." Te duchan juntos, agua caliente lavando fluidos, manos jabonosas explorando de nuevo, pero tierno. Salen del baño envueltos en toallas, piden tacos por delivery – carnitas suaves, salsa picosa que quema la lengua como el deseo residual.

Pinche noche épica. El Angel Parra Trio no solo es música, es puro fuego en las venas. Mañana duele el cuerpo, pero valió cada segundo.

Se despiden al amanecer, promesas de más shows, más noches. Sales a la calle soleada de la CDMX, piernas flojas, sonrisa boba. El recuerdo de sus toques, sabores, olores te acompaña, un calorcito persistente en el pecho. Sabes que volverás por el Angel Parra Trio, por esa pasión triple que te hizo mujer en llamas.

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