Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo La Triada Ecologica de la Rabia La Triada Ecologica de la Rabia

La Triada Ecologica de la Rabia

6149 palabras

La Triada Ecologica de la Rabia

Estás en la selva de Chiapas, rodeado de un verde tan intenso que parece que te abraza. El aire huele a tierra húmeda, a hojas podridas y a ese dulzor salvaje de las flores tropicales que se abren solo de noche. Eres Marco, biólogo de campo, con treinta y tantos, cuerpo atlético por años de caminatas bajo el sol mexicano. Has venido a estudiar la triada ecológica de la rabia: el murciélago reservorio, el perro vector y el humano susceptible. Pero hoy, la rabia que te quema no es la del virus, es otra, más primitiva, que te recorre las venas como fuego líquido.

Te reúnes con ellas en el campamento base, un rancho ecológico chido con cabañas de madera y hamacas que crujen al viento. Ana, tu colega de la uni, morena chiapaneca con curvas que desafían la gravedad, ojos negros como pozos y una risa que suena a cascada. Y Luisa, la local, guía experta, piel cobriza, cabello negro largo hasta la cintura, tetas firmes que se marcan bajo la blusa de algodón húmeda por el sudor. Wey, las ves y ya sientes el pinche cosquilleo en la entrepierna.

¿Qué chingados pasa conmigo? Esta misión es seria, pero estas dos me traen loco, piensas mientras sirves café de olla en tazones de barro. Ana se acerca, su aroma a vainilla y sudor te golpea. "Órale, Marco, ¿ya listos pa'l transecto? La selva está rabiosa hoy", dice con esa voz ronca que te eriza la piel. Luisa asiente, rozando tu brazo accidentalmente —o no— y sientes su calor como una promesa.

El sol pega duro mientras caminan por el sendero. El crunch de las hojas secas bajo las botas, el zumbido de los insectos, el grito lejano de un mono aullador. Ana va adelante, su culo perfecto meneándose al ritmo de sus caderas. Luisa a tu lado, su mano roza la tuya. "Aquí es donde la triada ecológica de la rabia se arma, carnal. El murciélago chupa sangre, el perro muerde, el humano se enrabia. Pero ¿y si la rabia es otra cosa?", susurra ella, mirándote con ojos que brillan como el sol en el río.

El deseo crece como la maleza. En una charca, se detienen a descansar. Ana se quita la camisa, quedando en bra de encaje negro, sudor perlando su piel. "Hace un chorro de calor, ¿no?". Luisa ríe, se desabotona la blusa, sus pezones oscuros asomando. Tú tragas saliva, tu verga ya dura como palo de escoba.

"Mírenlo, el biólogo todo rojo. ¿Quieres unirte a la triada, wey?"
dice Ana, juguetona.

La tensión estalla sutil. Luisa te besa primero, sus labios suaves y calientes, sabor a mango maduro y sal. Su lengua invade tu boca, y sientes su mano bajando por tu pecho, hasta el bulto en tus pantalones. "Estás bien puesto, Marco", murmura. Ana se pega por detrás, sus tetas contra tu espalda, mordisqueándote el lóbulo de la oreja. El olor a sus excitaciones se mezcla con la selva: almizcle femenino, sudor fresco, tierra mojada por una lluvia repentina.

No puedo creerlo. Esto es la triada perfecta, ecológica, rabiosa. Te tumban en una lona bajo un árbol gigante. Ana te desabrocha el cinturón, libera tu verga tiesa, palpitante. "¡Qué chingona! Mira cómo late", exclama, lamiendo la punta con lengua experta. Sabor salado, venoso, tú gimes bajo el rugido del viento. Luisa se quita el short, su coño depilado brillando húmedo, labios hinchados. Se sienta en tu cara, y tú la devoras: sabor ácido dulce, como tamarindo fresco, su clítoris endureciéndose contra tu lengua.

La lluvia arrecia, gotas calientes azotando sus cuerpos desnudos. El agua resbala por las curvas de Ana, por sus nalgas redondas mientras chupa tu pito con hambre, succionando hasta la garganta, gargantas profundas que te hacen arquear la espalda. Tocas sus tetas, pezones duros como piedras de obsidiana, pellizcándolos hasta que ella gruñe. Luisa cabalga tu boca, caderas girando, jugos chorreando por tu barbilla. "¡Sí, cabrón, lamémela así! ¡Me vengo!", grita, su cuerpo temblando, olor a orgasmo puro inundando el aire.

Cambian posiciones, el lodo suave bajo la lona como cama natural. Tú pones a Ana en cuatro, su culo alzado invitándote. Entras despacio, centímetro a centímetro, su coño apretado, caliente, envolviéndote como guante de terciopelo mojado. "¡Más duro, pendejo! Desata la rabia", suplica. Embistes fuerte, piel contra piel chapoteando, sus gemidos mezclados con truenos. Luisa se acurruca debajo, lamiendo donde se unen, lengua en tus huevos, en el clítoris de Ana. Sensaciones triples: el apretón vaginal, la lengua juguetona, el olor a sexo salvaje.

La intensidad sube. Ana se corre primero, paredes contrayéndose alrededor de tu verga, gritando "¡Me vengo, chingado!". Tú la sigues, pero aguantas. Cambias: Luisa encima, rebotando, tetas saltando, sudor volando. Su interior aterciopelado, resbaloso, te aprieta como no has sentido. Ana besa a Luisa, lenguas enredadas, manos en todas partes. Tú las tocas, dedos en anos, pellizcos, azotes suaves que dejan marcas rojas. Esta es nuestra triada, ecológica y rabiosa, conectados como la selva misma.

El clímax se acerca. Luisa acelera, "¡Córrete adentro, Marco! Lléname!". Tú explotas, chorros calientes inundándola, pulsos interminables, placer cegador. Ella se deshace encima, Ana masturbándose viéndolos, corriéndose con dedos hundidos, squirt salpicando. Cuerpos entrelazados, respiraciones jadeantes, lluvia amainando. El vapor sube de la piel, olores a semen, coños satisfechos, tierra fecundada.

Se acurrucan en la lona, hamaca improvisada. Ana acaricia tu pecho, "Eso fue la triada ecológica de la rabia más chida, wey. Pasión desatada, como el virus pero buena onda". Luisa ríe, besándote. "En la selva todo se conecta, carnales. Volveremos por más".

El sol sale, dorado entre hojas. Sientes paz, músculos doloridos dulcemente, piel marcada por besos y uñas. Caminan de regreso, manos entrelazadas, la selva susurrando aprobación. La rabia se ha liberado, dejando solo calidez, conexión profunda. Esta triada no acaba aquí, piensas, sonriendo. La vida en el campo nunca fue tan viva.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.