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Triada de Neumonía

6577 palabras

Triada de Neumonía

El ritmo de la cumbia retumbaba en el bar de Polanco, con luces neón bailando sobre cuerpos sudados y risas que se mezclaban con el aroma a tequila reposado y perfume caro. Tú, vestido con esa camisa ajustada que te hace ver como el wey más chingón de la noche, tomas un sorbo de tu cuba libre mientras escaneas la multitud. Neta, la noche pinta para algo épico. De repente, tus ojos se clavan en ellas: Ana y Luisa, dos morras que parecen salidas de un sueño húmedo. Ana, con su pelo negro largo cayéndole como cascada sobre los hombros bronceados, y Luisa, rubia teñida con curvas que desafían la gravedad de su vestido rojo ceñido.

Se acercan con sonrisas picosas, moviendo las caderas al son de la música. Órale, carnal, piensas, el corazón ya latiéndote como tambor. "Qué onda, guapo", dice Ana, su voz ronca rozándote el oído como una caricia. "Nosotras somos Ana y Luisa, ¿y tú?". Te presentas, sintiendo el calor de sus cuerpos tan cerca que percibes el dulce olor de sus lociones mezcladas con un toque de sudor fresco. Luisa te roza el brazo con sus uñas pintadas de rojo, enviando chispas por tu piel. Hablan de la fiesta, de lo aburrido que es sin alguien como tú, y en minutos ya están riendo de tus chistes pendejos, tocándote el pecho, el muslo, como si fueras suyo desde siempre.

La tensión crece con cada shot de tequila. Ana te susurra al oído: "Neta, nos traes bien locas". Su aliento cálido te eriza la nuca, y sientes tu verga endureciéndose bajo los jeans. Luisa, no se queda atrás, te besa el cuello suavemente, su lengua dejando un rastro húmedo que sabe a menta y deseo.

¿Qué chingados está pasando? Dos morras así de calientes pendientes de mí. Esto no puede ser real, pero joder, se siente de la verga
, piensas mientras tu pulso se acelera. Las llevas a un rincón más íntimo del bar, donde la música es un murmullo lejano y el aire cargado de promesas.

De pronto, Luisa te agarra la mano y te jala hacia la salida. "Vamos a mi depa, wey. Aquí no hay espacio para lo que queremos hacerte". Ana asiente, mordiéndose el labio inferior, sus ojos oscuros brillando con hambre. Suben al Uber contigo en medio, sus manos explorando tus muslos, rozando peligrosamente cerca de tu paquete hinchado. El trayecto es tortura deliciosa: besos robados, lenguas enredándose, el sabor salado de sus pieles mezclándose con el ardor del alcohol en tu garganta. Llegan al edificio fancy en Lomas, suben en el elevador y apenas cierran la puerta del penthouse, explotan.

Ana te empuja contra la pared, sus tetas firmes presionando tu pecho mientras te devora la boca. Sabe a tequila y fresas, su lengua danzando con la tuya en un ritmo frenético. Luisa se pega por detrás, sus manos deslizándose bajo tu camisa, arañando tu espalda con uñas que dejan marcas rojas de placer. El olor a sus excitaciones ya impregna el aire, ese almizcle dulce que te pone la verga como piedra. Te quitan la camisa, lamiendo tus pezones, mordisqueándolos hasta que gimes como loco. "Qué rico sabes, cabrón", murmura Luisa, bajando a desabrocharte el cinturón.

Caen de rodillas juntas, un dúo infernal. Ana libera tu verga dura como fierro, palpitante, y la acaricia con manos suaves mientras Luisa la lame desde la base hasta la punta, su lengua caliente envolviéndote en terciopelo húmedo. El sonido de sus succiones, chupadas jugosas y gemidos ahogados, te vuelve loco.

Mierda, esto es el paraíso. Dos boquitas expertas mamándomela como si fuera el último hombre en la tierra
. Cambian turnos, Ana tragándosela hasta la garganta, saliva goteando por tu saco, Luisa lamiendo tus huevos con devoción. Tus manos enredadas en sus cabelleras, guiándolas, el sudor corriéndote por la frente, el corazón tronándote en el pecho.

Pero no paran ahí. Te arrastran al cuarto, iluminado por luces tenues, la cama king size invitándolos. Se desnudan despacio, un striptease que te deja babeando. Ana, tetas perfectas con pezones oscuros erectos, su concha depilada brillando de jugos. Luisa, culazo redondo, nalgas que rebotan al moverse, labios mayores hinchados de deseo. Te tumban y se montan: Ana en tu cara, su panocha chorreando en tu boca. La saboreas, dulce y salada, lamiendo su clítoris hinchado mientras ella gime "¡Así, wey, chúpame el botón!". Luisa se empala en tu verga, su calor apretado envolviéndote centímetro a centímetro, hasta que sus nalgas chocan contra tus muslos con un clap clap rítmico.

El cuarto se llena de sonidos obscenos: piel contra piel, gemidos roncos, el squish de sus jugos lubricando todo. Cambian posiciones, la tensión subiendo como fiebre. Tú de rodillas, cogiendo a Ana por detrás, su coño apretándote mientras Luisa te besa, metiéndote dedos en la boca. Sientes sus pulsos acelerados, el olor a sexo puro, sudor mezclado con perfume, el sabor de sus fluidos en tu lengua. Luisa se acuesta debajo de Ana, lamiéndole la concha mientras tú la penetras, un trío perfecto de lenguas, vergas y chochos en éxtasis.

La intensidad crece, tus embestidas más fuertes, sus gritos más altos.

No aguanto más, la presión en mis bolas es brutal, van a hacer que explote
. Ana se corre primero, temblando, chorros calientes empapando las sábanas, gritando "¡Me vengo, pendejo, no pares!". Luisa la sigue, su coño contrayéndose alrededor de tu verga como un puño de terciopelo. Tú no resistes, sacas y eyaculas chorros espesos sobre sus tetas y vientres, el placer cegador, piernas temblando, visión borrosa.

Colapsan los tres en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El aire huele a orgasmo cumplido, pieles pegajosas rozándose en afterglow. Ana acaricia tu pecho, Luisa tu pelo. "Esto, mi amor", dice Ana con voz soñolienta, "es nuestra triada de neumonía. Nos deja sin aliento, jadeando como si nos hubieran pegado la bronquitis más chingona". Luisa ríe, besándote la frente. "Simón, cada vez que nos juntamos así, es puro vértigo, puro ahogo delicioso".

Tú sonríes, exhausto pero pleno, sintiendo sus cuerpos calientes acurrucados contra el tuyo. El corazón aún late fuerte, pero ahora es paz.

Neta, qué noche. La triada de neumonía... voy a recordarla para siempre, con cada jadeo fantasma en mis pulmones
. Fuera, la ciudad duerme, pero en esa cama, el deseo ha encontrado su cierre perfecto, un lazo invisible que promete más tríadas por venir.

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