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Xvideo Casero Trio Inolvidable

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Xvideo Casero Trio Inolvidable

La noche en la playa de Puerto Vallarta olía a sal y a jazmín salvaje, con el rumor de las olas rompiendo suave contra la arena. Yo, Ana, acababa de cumplir veintiocho y estaba con mi carnal Rodrigo, mi novio de dos años, y su amiga de la uni, Luisa, una morra de curvas que siempre me había parecido bien chula. Habíamos rentado una cabaña chida con vista al mar, para desconectarnos del pedo de la ciudad. El tequila corría fresco, y la música de cumbia rebajada sonaba bajito desde el Bluetooth.

¿Por qué carajos se me ocurrió esto? pensé mientras Rodrigo sacaba su celular y lo ponía en trípode improvisado con unas botellas. "Órale, Ana, ¿neta lo vamos a hacer? Un xvideo casero trio pa'l recuerdo", dijo él con esa sonrisa pícara que me derretía. Luisa se rio, su piel morena brillando bajo las luces de colores, y se acercó a mí rozándome el brazo. "Sí, güey, va a estar de poca madre. Imagínate viéndolo después, solos o... todos juntos otra vez". Su aliento olía a limón y tequila, y sentí un cosquilleo en el estómago. No era la primera vez que fantaseábamos con algo así, pero ahora, con el calor húmedo pegándonos la ropa al cuerpo, la idea se sentía real, cargada de promesas.

Empecé a sentir esa tensión inicial, como un nudo en el pecho que se deshacía en calor bajito. Rodrigo nos miró a las dos, sus ojos cafés ardiendo. "Vengan, mis reinas, empecemos despacito". Yo asentí, el corazón latiéndome como tambor en fiesta. Luisa y yo nos paramos frente a la cámara, vestidas con bikinis que apenas cubrían lo necesario. El aire salado lamía mi piel, y el sonido de las olas parecía susurrarnos que nos soltáramos.

Esto es loco, pero qué chido se siente. No hay vuelta atrás, y no quiero que la haya.

Luisa se acercó primero, sus manos suaves rozando mis hombros. "Estás rica, Ana", murmuró en mi oído, y su voz ronca me erizó la piel. La besé, tentative al principio, saboreando sus labios carnosos con gusto a sal y menta. Rodrigo gemía bajito desde atrás, filmando cada roce. Sus dedos bajaron por mi espalda, desatando el nudo de mi bikini superior. Mis tetas se liberaron al aire fresco de la noche, los pezones endureciéndose al instante con el viento marino.

La cosa escaló cuando Rodrigo se unió, su cuerpo fuerte presionándose contra nosotras. Olía a protector solar y hombre sudado, un aroma que me volvía loca. "Mi amor, mírate, tan mojada ya", dijo mientras su mano grande se colaba entre mis piernas, sintiendo mi calzón empapado. Luisa no se quedaba atrás; chupaba mi cuello, mordisqueando suave, dejando rastros húmedos que se enfriaban al viento. Yo jadeaba, el pulso retumbando en mis oídos, más fuerte que las olas.

Acto dos: la hoguera se enciende. Nos movimos al colchón mullido de la terraza, rodeados de velas que parpadeaban sombras danzantes. Rodrigo apagó la música, pero el ritmo lo marcaban nuestros cuerpos. Luisa se arrodilló frente a mí, bajando mi bikini inferior con dientes juguetones. "Déjame probarte, carnala", susurró, y su lengua caliente se hundió en mi concha, lamiendo despacio, saboreando mis jugos que sabía a mar y deseo. Grité bajito, agarrando su pelo negro ondulado. Qué rico, pendeja, no pares, pensé, mientras mis caderas se movían solas contra su boca.

Rodrigo se desnudó, su verga gruesa y dura saltando libre, venosa y lista. "Ven, Luisa, chúpamela mientras yo me encargo de Ana". Ella obedeció, girándose para engullir su pito con labios hinchados, chupando con sonidos húmedos que resonaban en la noche. Yo lo miré a los ojos, viendo el fuego en ellos, y él se hundió en mí de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, wey, qué grande estás!", gemí, mis uñas clavándose en su espalda tatuada. El olor a sexo empezó a mezclarse con el jazmín, espeso y embriagador.

Intercambiamos posiciones como en un baile prohibido. Yo encima de Luisa, lamiéndole las tetotas firmes, mientras Rodrigo nos follaba por turnos. Su verga entraba y salía de nosotras, lubricada por nuestros fluidos, con palmadas rítmicas contra nalgas sudorosas. "¡Más fuerte, cabrón!", pedía Luisa, su voz ahogada en placer. Yo sentía cada vena de su pito rozando mis paredes internas, el roce eléctrico subiendo por mi espina. El sudor nos unía, piel contra piel resbaladiza, corazones galopando al unísono. Esto es puro vicio, pero nos une más. No hay celos, solo hambre compartida.

Luisa se corrió primero, temblando bajo mí, su concha contrayéndose alrededor de los dedos que metí juguetona. "¡Me vengo, chingadas madre!", gritó, y su squirt mojándonos las piernas con chorros calientes. Eso me prendió el detonador. Rodrigo me volteó boca abajo, embistiéndome como animal, sus bolas golpeando mi clítoris hinchado. "Córrete conmigo, mi reina", gruñó en mi oído, mordiendo mi hombro. El orgasmo me explotó en oleadas, visión borrosa, gusto metálico en la boca, cuerpo convulsionando mientras lo ordeñaba con mi interior apretado.

Él se retiró y nos pintó las caras y tetas con su leche espesa, caliente, oliendo a almizcle puro. Caímos exhaustos, respiraciones entrecortadas mezclándose con el vaivén del mar. La cámara seguía grabando, capturando nuestro xvideo casero trio en toda su gloria cruda y hermosa.

En el afterglow, nos acurrucamos bajo una sábana ligera, el cielo estrellado testigo mudo. Rodrigo besó mi frente, luego la de Luisa. "Eso fue épico, ¿verdad?". Ella rio suave, limpiándose con un dedo y lamiéndolo provocativa. "Neta, el mejor xvideo casero trio que he visto... y protagonizado". Yo sonreí, el cuerpo plácidamente adolorido, piel pegajosa de fluidos secos. No fue solo sexo; fue confianza, entrega total. Nos hizo más cercanos, más libres.

Al día siguiente, lo subimos anónimamente a un sitio, pero lo nuestro quedó en privado, un secreto ardiente para revivir en noches solitarias o compartidas. La playa nos devolvió la calma, pero dentro de mí, el fuego del trio seguía latiendo, prometiendo más aventuras. Qué chingón ser adultos y dueños de nuestros deseos.

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