Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Pie Grande Es Real Y Él Lo Intentó Conmigo Pie Grande Es Real Y Él Lo Intentó Conmigo

Pie Grande Es Real Y Él Lo Intentó Conmigo

6869 palabras

Pie Grande Es Real Y Él Lo Intentó Conmigo

Era una tarde chida en la Sierra Tarahumara, cerca de Creel en Chihuahua. Yo, Karla, de veintiocho pirulos, había agarrado mi mochila, mi tienda de campaña y me lancé al bosque pa' desconectarme del pedo citadino. Neta, necesitaba eso: el olor a pino fresco, el viento fresco que me erizaba la piel, el crujido de las hojas secas bajo mis botas. Monté mi campamento junto a un arroyo que cantaba bajito, el agua cristalina brillando con el sol poniente. Me quité la chamarra, quedé en tank top y shorts, sintiendo el calor del día en mi piel morena. Qué rico estar sola aquí, sin pendejos rondando, pensé mientras armaba la fogata.

La noche cayó como manta negra, salpicada de estrellas que parecían diamantes. El fuego crepitaba, lanzando chispas al aire, y yo me acomodé con mi termo de atole de chocolate, saboreando lo cremoso y dulce en mi lengua. De repente, un crack fuerte, como si un árbol se partiera. Me quedé tiesa, el corazón latiéndome en la garganta. "¿Qué pedo?", murmuré. Otro ruido, pasos pesados, ramas partiéndose. Agarré mi linterna y apunté al bosque oscuro. Nada. Solo sombras bailando con la luz del fuego.

Entonces lo vi. Una silueta enorme, más de dos metros, peluda como un oso pero erguida como hombre. Sus ojos amarillos brillaban en la penumbra, fijos en mí.

Pie Grande es real y él lo intentó acercarse
, se me cruzó por la mente como un relámpago. No corrí. No sé por qué. Mi cuerpo se calentó de golpe, un cosquilleo entre las piernas que no era miedo puro. Era... curiosidad. Deseo. Él gruñó bajito, un sonido grave que vibró en mi pecho, oliendo a tierra húmeda, musgo y algo más primitivo, como sudor macho puro.

Se acercó despacio, sus pies dejando huellas profundas en la tierra blanda. Su piel, cubierta de pelo negro y espeso, brillaba con la luz de la fogata. Musculoso, ancho de hombros, con un pecho que subía y bajaba como fuelle. Yo me paré, la linterna temblándome en la mano. "Ven, no te voy a hacer nada", dije en voz alta, sorprendida de mi propia valentía. Él inclinó la cabeza, olfateó el aire, y un ronroneo salió de su garganta. Extendí la mano, toqué su brazo. ¡Carajo! Caliente, áspero, pero suave debajo del pelo. Él no se movió, solo me miró con esos ojos que prometían todo.

La tensión creció como tormenta. Mi pulso tronaba en mis oídos, el aire se espesó con su olor, un afrodisíaco natural que me humedecía los calzones. ¿Qué chingados estoy haciendo? Esto es una locura, pero se siente tan bien. Él levantó una mano enorme, dedos gruesos rozando mi mejilla. Su toque era eléctrico, enviando chispas por mi espina. Me acerqué, presioné mi cuerpo contra el suyo. Sentí su calor a través de mi ropa, su verga ya dura empujando contra mi vientre, enorme, palpitante. "Sí, wey, te quiero", susurré, y lo besé. Sus labios eran gruesos, sabían a bosque y salvajismo, su lengua áspera explorando mi boca con hambre contenida.

Lo guié a mi sleeping bag junto al fuego. Me quité el tank top, mis tetas libres al aire fresco, pezones duros como piedras. Él gruñó aprobador, sus manos cubriendo mis pechos, amasándolos con gentileza sorprendente para su tamaño. Gemí, el placer punzando directo a mi clítoris. "Más, cabrón, más fuerte", le pedí, y él obedeció, chupando un pezón mientras pellizcaba el otro. Su boca era fuego húmedo, lengua rugosa lamiendo como si saboreara miel. Olía mi piel, mi sudor mezclado con el suyo, un perfume embriagador que me volvía loca.

Le bajé los harapos que cubrían su entrepierna –no traía nada, puro instinto–. Su verga saltó libre, ¡madre santa! Gruesa como mi muñeca, venosa, con una cabeza bulbosa goteando precum transparente. La tomé en mis manos, apenas cabía, piel aterciopelada sobre acero. Él rugió, caderas empujando instintivo. La masturbe despacio, sintiendo cada vena latir, el olor almizclado subiendo.

Esto es lo que necesitaba, un macho de verdad que no se anda con mamadas
. Él me tumbó suave sobre el sleeping, besando mi cuello, lamiendo mi ombligo. Llegó a mis shorts, los arrancó con dientes, exponiendo mi panocha depilada, ya chorreando jugos.

Su lengua atacó ahí, ancha y áspera como lija suave. Lamía mi clítoris en círculos, chupando mis labios mayores, metiendo la punta dentro de mí. Grité, arqueándome, el placer como olas rompiendo. "¡Sí, Pie Grande, cómetela toda! ¡Neta, eres un chingón lamiendo!". Mis jugos lo empapaban la cara, él gruñía feliz, dedos gruesos abriéndome, frotando mi punto G. El bosque parecía girar, sonidos nocturnos –coyotes a lo lejos, hojas susurrando– amplificando mi éxtasis. Mi primer orgasmo llegó brutal, piernas temblando, chorros salpicando su barba peluda.

No paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, nalgas. Sus manos separaron mis cachetes, lengua lamiendo mi ano, un placer prohibido que me hizo jadear. "¡Ay, wey, eso sí que es nuevo!", reí entre gemidos. Luego, se posicionó atrás. Sentí su verga rozando mi entrada, enorme, caliente. "Dámela toda, no te rajes", lo reté, empinando la raja. Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome hasta el límite. Dolor placentero, plenitud total. Cuando estuvo adentro hasta las bolas peludas, rugí como él, uñas clavándose en la tierra.

Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida sacudiendo mi cuerpo. El slap-slap de carne contra carne, sus bolas golpeando mi clítoris, sus gruñidos roncos en mi oído. Sudor nos cubría, mezclándose, salado en mi lengua cuando lamí su cuello. Aceleró, salvaje pero controlado, yo empujando de vuelta, cabalgándolo en reversa. Soy yo la que manda aquí, este monstruo es mío. El fuego crepitaba testigo, el arroyo susurraba aprobación. Mi segundo clímax se construyó, tensión en vientre, pechos rebotando.

"¡Me vengo, cabrón! ¡Lléname!", grité. Él rugió, verga hinchándose, chorros calientes inundándome, semen espeso goteando por mis muslos. Colapsamos, su peso sobre mí protector, no aplastante. Respirábamos agitados, corazones galopando al unísono. Su pelo me cosquilleaba la piel, su mano acariciando mi pelo. Me volteó, me acurruqué en su pecho ancho, escuchando su corazón fuerte como tambor tarahumara.

Al amanecer, el sol filtrándose entre pinos, él se levantó, me miró con ternura animal. Sabía que se iría, pero no importaba.

Pie Grande es real y él lo intentó conmigo, y yo lo quise más que a nada. Neta, valió cada segundo
. Me besó la frente, un roce suave, y desapareció en el bosque, dejando su olor en mi piel, su esencia en mí. Me vestí, desmonté el campamento con una sonrisa pendeja. Volvería a la ciudad cambiada, empoderada, con un secreto chido que me haría mojarme solo de recordarlo. El bosque me guiñó un ojo, prometiendo más aventuras.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.