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El Éxtasis Prohibido del Certofix Trio V720

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El Éxtasis Prohibido del Certofix Trio V720

Ana se recargó en la puerta de su departamento en Polanco, con el paquete en las manos temblorosas. El sol de la tarde se colaba por las cortinas, pintando todo de dorado. ¿Qué carajos pedí en línea anoche? pensó, mientras rasgaba el envoltorio. Ahí estaba: el Certofix Trio V720, ese juguete sexual que prometía el paraíso en tres cabezales vibrantes y setecientas veinte combinaciones de placer. Neta, las reseñas en el sitio lo pintaban como el rey de las noches solitarias, pero Ana no estaba sola esta vez. Marco, su amante de ojos café y sonrisa pícara, llegaba en media hora.

El aroma del café recién molido llenaba el aire, mezclado con su perfume de jazmín. Ana se miró en el espejo: falda corta negra, blusa escotada que dejaba ver el encaje de su brasier.

Órale, güey, hoy te vas a enterar qué es bueno
, se dijo a sí misma, riendo bajito. Guardó el Certofix Trio V720 en la mesita de noche, junto a las velas aromáticas de vainilla que ya encendía. El zumbido de su teléfono la sacó del trance: "Ya voy llegando, preciosa. Prepárate pa' lo que te espera."

Marco entró como huracán, con su camisa ajustada marcando los músculos del gym y ese olor a colonia fresca que la volvía loca. La abrazó por la cintura, besándola con hambre, su lengua explorando la de ella mientras sus manos bajaban a apretar sus nalgas. Su piel áspera contra la mía, qué delicia, pensó Ana, sintiendo el calor subirle por el vientre.

—¿Qué traes de nuevo, mi reina? —preguntó él, olfateando el aire.

—Una sorpresita que te va a volar la cabeza, pendejito —respondió ella, jalándolo hacia la recámara. La cama king size los esperaba, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia.

Se tumbaron, riendo y besándose. Marco le quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. El sonido de sus respiraciones agitadas llenaba la habitación, junto al tic-tac lejano del reloj. Ana sintió sus pezones endurecerse bajo la boca de él, un cosquilleo eléctrico que bajaba directo a su entrepierna. Ya estoy mojadísima, neta.

La tensión crecía como tormenta. Marco deslizó la mano por su falda, encontrando el calor húmedo de sus bragas. —Estás chingona de caliente —murmuró, frotando con círculos lentos. Ana gimió, arqueando la espalda, el sabor salado de su cuello en la lengua mientras lo mordisqueaba.

Entonces, ella se incorporó, abrió la mesita y sacó el paquete. —Mira esto, amor. El Certofix Trio V720. Tres cabezales pa' tres puntos de placer. ¿Te animas?

Marco alzó las cejas, intrigado. —¿En serio? Suena a que nos va a romper el culo de gusto.

Lo desempaquetaron juntos, riendo nerviosos. El juguete era elegante, negro mate con luces LED que parpadeaban al encenderse. Un zumbido suave, como ronroneo de gato, vibró en sus manos. Ana lo olió: aroma nuevo a silicona limpia, prometedor.

Acto seguido, Marco la desvistió por completo, admirando su cuerpo curvilíneo bajo la luz tenue. Ella lo ayudó con su pantalón, liberando su verga dura, palpitante. La tocó, sintiendo la vena gruesa bajo sus dedos, el calor que emanaba. Se lamió los labios, probando el pre-semen salado en la punta.

—Ven, pruébalo conmigo —dijo Ana, recostándose y abriendo las piernas. El aire fresco rozó su coño depilado, enviando escalofríos.

Marco tomó el Certofix Trio V720, activando el modo bajo. El primer cabezal tocó su clítoris, un vibrador suave que la hizo jadear. ¡Madre santa, qué chido! El segundo se posó en su entrada, girando lento, mientras el tercero estimulaba su ano con pulsos rítmicos. Setecientas veinte opciones, pero este modo inicial ya era fuego puro.

Ana se retorcía, las sábanas arrugándose bajo sus uñas. El sonido del juguete se mezclaba con sus gemidos: zumbido, ahh, zumbido, síii. Marco la besaba, su aliento caliente en su oreja. —¿Te gusta, mi amor? Dime cómo se siente.

—¡Como si me estuvieran cogiendo en trio, pendejo! Más fuerte —suplicó ella, el sudor perlándole la frente, olor a sexo empezando a impregnar el cuarto.

Él subió la intensidad, cambiando a modo veinte: pulsos rápidos en el clítoris, succiones en la vagina, ondas en el trasero. Ana sintió el orgasmo building up, como ola gigante. Sus muslos temblaban, el corazón latiéndole en la garganta. Marco se masturbaba viéndola, su mano subiendo y bajando con slick sonido.

Pero no quería acabar sola. Lo jaló hacia ella. —Quítatelo y métemela mientras usas eso.

Marco obedeció, posicionando el Certofix Trio V720 en su clítoris y ano, mientras empujaba su verga dentro de ella de un solo golpe. ¡Qué llenura, carajo! Ana gritó, sintiendo cada vena rozando sus paredes internas, el juguete amplificando todo. El ritmo era brutal: embestidas profundas, vibraciones locas. El olor a sudor y jugos mezclados era embriagador, como tequila añejo.

Internamente, Ana luchaba con la intensidad.

Es demasiado bueno, no quiero que acabe nunca, pero ya vengo
. Marco gemía bajito, su frente contra la de ella, sudor goteando en su pecho. —Estás tan apretada, mi reina. Me vas a hacer correrme.

La tensión escaló: cuerpos chocando con palmadas húmedas, respiraciones entrecortadas, el zumbido constante del V720. Ana clavó las uñas en su espalda, saboreando el salado de su piel. El clímax la golpeó como rayo: ondas de placer desde el coño hasta la nuca, gritando su nombre. Marco la siguió segundos después, llenándola con chorros calientes, su cuerpo convulsionando sobre el de ella.

Se quedaron así, jadeantes, el Certofix Trio V720 aún vibrando bajito hasta que lo apagaron. El silencio post-orgasmo era bendito, solo sus corazones latiendo al unísono. Marco la besó suave, acariciando su cabello revuelto.

—¿Qué pedo con ese chingón aparato? —dijo él, riendo.

—El mejor vicio que he probado —respondió Ana, acurrucándose en su pecho. Olía a ellos, a sexo satisfecho, a promesas de más noches así.

Mientras el sol se ponía, tiñendo la habitación de rosa, Ana pensó en lo que habían descubierto. No era solo el juguete; era la confianza, el juego, el dejarse llevar. Con el Certofix Trio V720, todo sube de nivel. Marco la abrazó fuerte, y supieron que esto era solo el principio.

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