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Banda Guadalajara Express Tri Triki Tri Traka en la Piel

7212 palabras

Banda Guadalajara Express Tri Triki Tri Traka en la Piel

La fiesta en el salón de eventos de Guadalajara estaba en su apogeo. El aire cargado de humo de cigarro y olor a tacos al pastor flotaba pesado, mientras las luces de colores parpadeaban al ritmo de la banda Guadalajara Express. Tú estabas ahí, con un vestido rojo ajustado que se pegaba a tu piel sudada por el calor de la noche. Habías venido con unas amigas, pero ya las habías perdido entre la multitud que brincaba y gritaba con cada tubazo.

El clarinete chillaba agudo, las trompetas tronaban y de pronto, el tuba soltó ese golpe profundo: tri triki tri traka. Sentiste el vibrar en el pecho, como si el sonido te masajeara las tetas desde adentro. Te reíste sola, moviendo las caderas al compás, sintiendo cómo el suelo temblaba bajo tus tacones. Eras Ana, veintiocho años, soltera y con ganas de algo chido esa noche. No buscabas amor eterno, solo un rato de puro desmadre.

Entonces lo viste. Alto, moreno, con camisa negra desabotonada hasta el pecho, mostrando un tatuaje de águila que brillaba con sudor. Bailaba con unos cuates, pero sus ojos se clavaron en ti como si fueras el premio mayor. Te guiñó un ojo y se acercó, abriéndose paso entre la gente. "¿Qué onda, preciosa? ¿Bailas o qué?", dijo con voz ronca, su aliento a tequila rozándote la oreja.

Le sonreíste, sintiendo un cosquilleo en el estómago. "Órale, güey, pero agárrame bien que esto está bravo". Sus manos grandes se posaron en tu cintura, firmes pero suaves, y empezaron a moverte. El ritmo de la banda Guadalajara Express era imparable, tri triki tri traka, y cada golpe te empujaba más cerca de él. Su cuerpo duro se pegaba al tuyo, el calor de su piel traspasando la tela delgada de tu vestido. Olías su colonia barata mezclada con macho sudado, y te ponía caliente.

Pinche hombre, piensa en lo que hace con solo tocarte. ¿Y si lo llevas a un lado? No, espera, déjalo cocer un rato más.

La canción cambió a un son más lento, pero el tuba no paraba: tri triki tri traka. Sus caderas se mecían contra las tuyas, y sentiste su verga endureciéndose contra tu muslo. Te mordiste el labio, el corazón latiéndote como el bombo. "Me gustas, nena. ¿Cómo te llamas?", murmuró, sus labios rozando tu cuello. "Ana. ¿Y tú, galán?". "Luis. Vamos por un trago?".

Acto uno cerrado, pero la tensión apenas empezaba. Caminaron a la barra, sus manos nunca soltándote. Pediste un cuba con mucho hielo, el frío del vaso calmando un poco el fuego entre tus piernas. Charlaron pendejadas: de la banda, de lo chido que sonaba el tri triki tri traka, de cómo Guadalajara siempre pone a bailar hasta el amanecer. Sus ojos te comían viva, y tú le devolvías la mirada, imaginando cómo sabría su boca.

De vuelta a la pista, el escalamiento fue natural. La banda Guadalajara Express soltó un corrido caliente, y Luis te jaló contra él. Sus manos bajaron a tus nalgas, amasándolas con fuerza. Gemiste bajito, el sonido perdido en el estruendo. "Estás rica, Ana. Me tienes loco". Tú sentiste tu concha humedeciéndose, el tanga empapado rozando tu clítoris con cada giro. El sudor corría por tu espalda, goteando entre tus pechos. Olías a deseo, a piel mojada por el calor y la fricción.

En un rincón oscuro del salón, lejos de las luces, se besaron por primera vez. Su lengua invadió tu boca, saboreando a tequila y menta. Mordisqueó tu labio inferior, y tú clavaste las uñas en su espalda. Tri triki tri traka, el tuba parecía marcar el pulso de sus corazones acelerados. "Vamos a algún lado, ¿va?", jadeó él. Asentiste, la decisión tomada en ese instante de puro instinto.

Salieron del salón, el aire fresco de la noche golpeándolos como un balde de agua. Guadalajara bullía a su alrededor: autos pitando, risas lejanas, olor a elotes asados. Luis conocía un hotelito cercano, de esos discretos para parejitas. En el taxi, no pudieron esperar: sus manos bajo tu vestido, dedos rozando tu tanga. "Estás chorreando, puta", dijo juguetón. "Cállate y métemela ya", respondiste, riendo mientras lo besabas.

Esto es lo que necesitaba. Un desconocido que me haga sentir viva, sin promesas ni dramas. Solo piel, ritmo y placer.

En la habitación, todo explotó. La cama king size crujió bajo su peso cuando te tiró sobre ella. Se quitó la camisa, revelando músculos marcados por el gimnasio y ese tatuaje que ahora lamiste con la lengua. Tri triki tri traka, tarareaste imitando la banda, y él se rio, bajando tus tirantes. Tus tetas saltaron libres, pezones duros como piedras. Los chupó con hambre, succionando hasta que gritaste, el placer electrico bajando directo a tu entrepierna.

Te quitó el vestido de un jalón, y quedaste en tanga. Él se desabrochó el pantalón, su verga gruesa saltando erecta, venosa, goteando precum. La tomaste en la mano, sintiendo el calor pulsante, el grosor que te llenaría. "Chúpamela, Ana". Te arrodillaste, el piso alfombrado raspando tus rodillas. La metiste en la boca, saboreando la sal de su piel, la cabeza hinchada rozando tu garganta. Él gemía, enredando dedos en tu pelo: "¡Qué rica boca, carajo!".

Pero querías más. Lo empujaste a la cama y te subiste encima, frotando tu concha empapada contra su pija. El olor a sexo llenaba la habitación: almizcle, sudor, tu jugo chorreando por sus bolas. "Fóllame, Luis. Duro". Él obedeció, empalándote de un solo empujón. Sentiste el estirón delicioso, cada vena rozando tus paredes internas. Rebotaste sobre él, tetas brincando, el tri triki tri traka de la banda aún resonando en tu cabeza como un eco sexual.

El ritmo subió. Él te volteó a cuatro patas, azotando tus nalgas rojas. Cada embestida era un tri, el choque de sus caderas contra tu culo un trik, el gemido un traka. Sudor goteaba de su frente a tu espalda, resbaloso y caliente. Tus paredes se contraían, el orgasmo building como una ola. "Me vengo, pinche cabrón", gritaste, y explotaste, jugos salpicando sus muslos. Él no paró, follándote más rápido, hasta que gruñó y se vació dentro, chorros calientes llenándote.

Colapsaron juntos, jadeando. Su peso sobre ti era reconfortante, su verga ablandándose aún dentro. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. Afuera, la ciudad seguía viva, pero en esa cama, el mundo era solo ellos dos. "Eso estuvo de lujo, nena", murmuró él, acariciando tu pelo.

La banda Guadalajara Express me trajo hasta aquí. Ese tri triki tri traka que no olvidaré. Mañana, quién sabe. Pero esta noche fue perfecta.

Se ducharon juntos, jabón resbalando por curvas y músculos, risas compartidas. Él te dio su número, pero tú sabías que era un adiós dulce. Saliste al amanecer, el sol tiñendo de rosa las calles de Guadalajara, el cuerpo dolorido pero satisfecho. El eco del tri triki tri traka aún vibraba en tu piel, un recuerdo tatuado en carne viva.

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