Que Es Triara En Telmex Mi Secreto Caliente
Estaba solo en mi departamento de la Condesa, con el pinche internet de Telmex hecho mierda otra vez. La tele plana parpadeaba como loca, el router zumbaba como mosca atrapada y yo, puro coraje, agarré el teléfono pa' llamar al support. "Ya valió, wey", me dije, mientras sudaba con el calor de la tarde mexicana que se colaba por las cortinas entreabiertas. El olor a tacos de la taquería de abajo subía y me abrió el hambre, pero primero tenía que arreglar esta bronca.
La operadora contestó con esa voz dulce y automática: "Gracias por llamar a Telmex, ¿en qué le podemos ayudar?" Le expliqué el pedo con el wifi, y de repente soltó algo de "Triara", su servicio de fibra óptica premium. "
¿Qué es Triara en Telmex?", le pregunté, medio confundido. Me explicó que era lo más chingón pa' velocidades rápidas, pero que mandaban a un técnico especializado. "Perfecto, güey, mándenlo ya", respondí, imaginando a un vato aburrido con overol sucio.
Una hora después, timbraron. Abrí la puerta y ¡órale! Ahí estaba ella: Triara, la técnica de Telmex. Alta, morena clara con curvas que el overol azul no podía esconder del todo. El cabello negro recogido en cola de caballo, sudor perlando su frente, y unos ojos cafés que me clavaron como daga. Olía a vainilla mezclada con ese aroma metálico de herramientas y un toque de calentura que ya se sentía en el aire. "Buenas tardes, soy Triara de Telmex. ¿Dónde está el router?", dijo con voz ronca, sonrisa pícara que mostraba dientes blancos perfectos.
La dejé pasar, corazón latiéndome como tambor de cumbia. Su trasero se movía hipnótico mientras caminaba al estudio, las nalgas marcadas bajo la tela tensa. Me quedé ahí, oliendo su perfume que invadía el espacio, dulce y adictivo como el chocolate de la abuela. "¿Qué es Triara en Telmex? Ya lo sé, wey: la chava más rica que me ha pisado la casa", pensé, riéndome por dentro mientras la veía arrodillarse frente al modem. Sus tetas generosas se apretaban contra la blusa, y el sudor le corría por el cuello, goteando hasta el escote.
Empecé a platicar pa' romper el hielo. "¿Mucho trabajo hoy, Triara? ¿Qué pedo con este Triara que mencionaron?" Ella se rió, un sonido gutural que me erizó la piel. "Triara es mi nombre y el servicio, carnal. Pa' conexiones rápidas y profundas", guiñó el ojo, mientras desconectaba cables con manos expertas, uñas pintadas de rojo fuego. Sus dedos rozaron los míos al pasarme una herramienta, y ¡chispas! Electricidad pura, piel contra piel, cálida y suave como terciopelo mojado.
La tensión crecía mientras ella revisaba el equipo. Yo me senté cerca, fingiendo interés en las luces del router, pero mis ojos devoraban su cuerpo. El sol de la tarde pintaba su piel de dorado, y el aroma de su excitación empezaba a mezclarse con el mío: ese olor almizclado, salado, que delata cuando el cuerpo pide más. "Neta, estás cañón", solté sin pensar, y ella se sonrojó, mordiéndose el labio inferior. "Tú tampoco estás tan pendejo, ¿eh? ¿Quieres que te explique más de Triara... en detalle?" Su voz bajó un tono, invitadora, y sentí mi verga endurecerse contra los jeans.
Ahí empezó el juego. Ella se levantó, se quitó el overol despacio, revelando shorts cortos y una playera ajustada que marcaba pezones duros como piedras. "El calor está cabrón, ¿no?", dijo, abanicándose. Yo me acerqué, inhalando su aliento mentolado cuando hablábamos cerquita. Nuestras manos se encontraron de nuevo, esta vez intencional, dedos entrelazados, pulsos acelerados latiendo al unísono. "¿Quieres que te muestre qué tan rápida es mi conexión?", murmuró, y yo asentí, la boca seca de deseo.
La llevé al sofá de la sala, donde la luz tenue jugaba con sus sombras. Nos besamos con hambre, labios carnosos chocando, lenguas danzando en un torbellino húmedo y caliente. Sabía a chicle de fresa y a mujer en celo. Mis manos exploraron su espalda, bajando a apretar esas nalgas firmes, elástica carne que rebotaba bajo mis palmas. Ella gimió bajito, un sonido ronco que vibró en mi pecho: "¡Ay, wey, qué rico!" Sus uñas arañaron mi nuca, enviando ondas de placer doloroso por mi espina.
La desvestí lento, saboreando cada centímetro. Primero la playera, liberando tetas perfectas, redondas, con areolas oscuras y pezones erguidos suplicando atención. Los chupé con avidez, lengua girando, succionando hasta que ella arqueó la espalda, jadeando. El sabor salado de su piel, mezclado con sudor fresco, era embriagador. Bajé más, besando su vientre plano, inhalando el aroma intenso de su entrepierna: almizcle puro, jugos de excitación que empapaban sus calzones de encaje negro.
Triara me empujó al sofá, desabrochando mi cinturón con dientes, ojos fijos en los míos, llenos de lujuria. "Quiero verte todo, cabrón", gruñó, bajando mis boxers. Mi verga saltó libre, dura como fierro, venosa y palpitante. Ella la miró con hambre, lamiendo labios. La tomó en mano, piel suave contra mi carne caliente, masturbándome lento mientras su aliento cálido rozaba la punta. Luego, la engulló: boca húmeda, garganta profunda, succionando con maestría. El sonido chapoteante, sus gemidos vibrando en mi eje, me volvieron loco. "¡Chíngame la boca, Triara!", supliqué, y ella aceleró, saliva goteando por mis bolas.
Pero quería más. La volteé, poniéndola a cuatro patas, su concha expuesta: rosada, hinchada, brillando de miel. La olí primero, embriagado por ese perfume femenino crudo. Lamí despacio, lengua hundiéndose en pliegues jugosos, saboreando su dulzor ácido. Ella temblaba, caderas moviéndose, "¡Sí, ahí, pendejo, no pares!" Sus jugos me empapaban la cara, y metí dos dedos, curvándolos para tocar ese punto que la hizo gritar, paredes contraídas apretándome fuerte.
No aguanté. Me puse de rodillas, verga lista, y la penetré de un golpe suave. ¡Paradise! Su calor me envolvió, apretada como guante de terciopelo húmedo. Empujé rítmico, piel chocando contra piel en palmadas sonoras, sudor volando. Ella empujaba hacia atrás, follándome con furia, tetas balanceándose. Cambiamos: ella encima, cabalgándome como amazona, uñas en mi pecho, cabello azotando mi cara. Sus gemidos subían de volumen, "¡Me vengo, wey, no pares!", y su concha se contrajo en espasmos, ordeñándome mientras yo explotaba dentro, chorros calientes llenándola, placer cegador que me dejó temblando.
Caímos exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón galopante calmarse. El aroma de sexo impregnaba el aire, mezclado con su vainilla. "Neta, Triara en Telmex es lo mejor que me ha pasado", susurré, besando su frente. Ella rió suave, trazando círculos en mi abdomen. "Y esto es solo el comienzo de la conexión, carnal. ¿Llamamos pa' mantenimiento semanal?"
Nos quedamos así, en afterglow perfecto, el router olvidado zumbando en el fondo. Afuera, la ciudad bullía con cláxones y risas, pero adentro, solo paz y el eco de nuestro placer. Sabía que la extrañaría hasta la próxima visita, pero qué chingón descubrimiento: qué es Triara en Telmex... mi adicción consentida.