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El Ardiente Pornhub Gay Trio

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El Ardiente Pornhub Gay Trio

Estábamos en el rooftop de un hotel chido en Polanco, con las luces de la Ciudad de México parpadeando como estrellas caídas. Yo, Alex, acababa de cumplir treinta, y mis carnales Marco y Luis me habían arrastrado a celebrar con unas chelas frías y música que retumbaba en el pecho. Marco, con su sonrisa pícara y ese cuerpo de gym rat que siempre presume, me pasó el teléfono. "Órale, carnal, mira esto pa' que te pongas de buenas", dijo, y abrió un video de Pornhub: un gay trio que nos dejó con la boca seca. Tres vatos guapísimos, sudados, gimiendo en una cama king size, tocándose como si el mundo se acabara esa noche.

El calor de la noche se mezclaba con el olor a tequila y sudor fresco. Sentí un cosquilleo en la verga al ver cómo uno de ellos se arrodillaba, lamiendo lento, mientras los otros se comían a besos.

¿Y si nosotros...?
pensé, pero lo disimulé con una risa. Luis, el más calladito pero con ojos que prometían travesuras, se acercó más, su muslo rozando el mío. Olía a colonia cara y algo más, a hombre listo pa' la acción. "¿Qué onda, Alex? ¿Te late ese pornhub gay trio? Parece que te prendió", murmuró Marco, su aliento cálido en mi oreja.

La tensión empezó ahí, sutil como el roce de sus dedos en mi brazo. Bajamos al cuarto suite que habíamos rentado, el piso alfombrado suave bajo los pies descalzos. La ciudad zumbaba afuera, pero adentro solo se oía nuestra respiración acelerada. Nos quitamos las camisas sin decir nada, los músculos brillando bajo la luz tenue. Marco era el líder natural, alto y moreno, con un pecho peludo que invitaba a morderlo. Luis, más delgado, atlético como corredor, tenía esa piel canela que pedía caricias. Yo, en medio, sentía el pulso latiendo en las sienes.

"Vamos a hacer nuestro propio pornhub gay trio, ¿no?" soltó Marco, riendo bajito mientras nos empujaba a la cama enorme. Sus manos grandes exploraron mi pecho, pellizcando pezones que se endurecieron al instante. El tacto era eléctrico, piel contra piel caliente, y el olor a excitación empezaba a llenar el aire: ese almizcle salado que hace que la cabeza dé vueltas. Luis se pegó por detrás, su verga ya dura presionando mi culo, frotando lento.

Esto es real, no como el video... pero mejor, porque son mis carnales
, me dije, mientras un gemido se me escapaba.

La cosa escaló despacio, como buena cogida mexicana que no se apura. Marco me besó primero, lengua invadiendo mi boca con sabor a cerveza y deseo puro. Mordisqueaba mi labio inferior, tirando suave, mientras Luis lamía mi cuello, chupando hasta dejar marcas rojas. Sentía sus alientos entrecortados, el roce de barbas incipientes raspando mi piel sensible. Bajé la mano y agarré la verga de Marco, gruesa y venosa, palpitando en mi puño. "Puta madre, qué rica", susurré, y él gruñó, empujando las caderas.

Luis no se quedó atrás. Se arrodilló entre mis piernas, separándolas con manos firmes pero cariñosas. Su boca caliente envolvió mi pito, succionando la cabeza con maestría, lengua girando alrededor del frenillo. El sonido era obsceno: slurp slurp húmedo, mezclado con mis jadeos. Olía a pre-semen, ese gusto salado que lamí de los dedos de Marco cuando me los metió en la boca.

Quiero que me cojan los dos, que me llenen hasta reventar
, pensé, mientras el calor subía por mi espina.

Marco se posicionó detrás de Luis, escupiendo en su mano pa' lubricar. "Relájate, rey", le dijo, y entró despacio, centímetro a centímetro. Luis gimió contra mi verga, vibrando hasta los huevos. El cuarto se llenó de slap-slap de carne contra carne, sudores mezclándose, el aire espeso como niebla de deseo. Yo los veía, hipnotizado: Marco embistiendo con ritmo de cumbia lenta, sus bolas golpeando el culo firme de Luis, quien a su vez me mamaba como si fuera su última comida.

Cambiamos posiciones, el instinto guiándonos. Ahora yo estaba de rodillas, Marco frente a mí ofreciendo su verga gorda, y Luis detrás, dedos hurgando mi ano, abriéndome con gel que olía a fresas. "Estás bien chingón, Alex, tu culazo pide verga", ronroneó Luis, y empujó su punta. Dolor placeroso al principio, luego puro fuego líquido expandiéndose. Marco me follaba la boca, sujetándome la cabeza, pero suave, siempre chequeando con la mirada: ¿todo chido? Asentí, babeando por su tronco, saboreando cada vena.

La intensidad creció como tormenta en el desierto. Sudábamos ríos, pieles resbalosas chocando. El olor era intenso: semen, sudor, colonia evaporada. Gemidos en trio: "¡Ay, cabrón!", "Más duro, pendejo", "No pares, wey". Marco se corrió primero, chorros calientes en mi garganta, tragando todo con gusto amargo-dulce. Eso me prendió más, y cuando Luis aceleró, clavándome profundo, exploté entre mis piernas, semen salpicando sábanas. Él siguió, gruñendo como animal, llenándome el culo con su leche tibia que chorreaba por mis muslos.

Caímos en madeja, pechos agitados, risas ahogadas entre besos perezosos. El afterglow era perfecto: pulsos calmándose, pieles pegajosas enfriándose al aire acondicionado. Marco me acarició el pelo, Luis besó mi hombro.

Esto no fue solo un polvo, fue conexión de carnales, mejor que cualquier pornhub gay trio
, reflexioné, mientras la ciudad seguía viva afuera.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando restos, manos juguetona todavía. "¿Repetimos, compas?" preguntó Marco, y los tres reímos, sabiendo que sí. Esa noche en Polanco nos cambió, un lazo más fuerte, deseo satisfecho pero con brasas listas pa' avivarse. La vida en México es así: intensa, apasionada, sin remordimientos.

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