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La Alineación Del Tri Que Desató Nuestra Pasión

6263 palabras

La Alineación Del Tri Que Desató Nuestra Pasión

Estaba sentada en el sillón de mi depa en la Condesa, con las luces bajas y el olor a tacos de suadero flotando desde la cocina. Era noche de qualifiers para el Mundial, y el pinche corazón me latía como tamborazo zacatecano cada vez que pensaba en El Tri. Mi carnal, Javier, andaba por ahí preparando chelas bien frías, su playera de la Selección ajustada a esos pectorales que me volvían loca. Llevábamos meses con esta fiebre futbolera, pero esta noche se sentía diferente, como si el aire estuviera cargado de algo más que goles y gritos.

—Órale, morra, ya sale la alineación del Tri —dijo Javi entrando con dos coronas en la mano, su sonrisa pícara iluminada por la tele. Se sentó a mi lado, tan cerca que sentí el calor de su muslo contra el mío. Vestía short deportivo, y neta, esas piernas fuertes de tanto jugar fut en el parque me daban antojo de treparme encima.

Yo traía un baby doll corto, de esos que deja ver mis curvas, y el aire acondicionado me erizaba la piel. Apoyé la cabeza en su hombro, inhalando su olor a jabón mezclado con sudor fresco.

¿Por qué carajos cada vez que vemos un partido me dan ganas de chingarme al carnal? Es como si los goles me prendieran el fuego interno.
La pantalla se encendió con el locutor gritando: "¡La alineación del Tri está aquí, raza! Chicharito de titular, Lozano rompiendo por la banda..."

El anuncio nos pegó como un tiro libre. Javi se emocionó, brincando un poco y rozándome el brazo con su mano áspera. Ese toque fue eléctrico, como si la alineación del Tri alineara también nuestros cuerpos. Me volteó a ver, ojos brillantes. —Neta, con esta alineación nos vamos al Mundial, ¿no?

Yo asentí, mordiéndome el labio, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. —Sí, pero tú eres mi delantero favorito —le susurré, deslizando la mano por su pecho. Su piel estaba tibia, el vello suave bajo mis dedos. Él rio bajito, un sonido ronco que me vibró en el estómago.

La tensión empezó a crecer mientras el analista desmenuzaba la formación: 4-3-3, con Guardado mandando en el medio. Javi me jaló más cerca, su aliento caliente en mi cuello. —Imagínate, morra, yo como Chucky Lozano, rompiendo tus defensas —murmuró, besándome la oreja. Sentí su verga endureciéndose contra mi cadera, dura y palpitante a través del short. El olor a su excitación, ese almizcle varonil, me inundó las fosas nasales.

Pinche alineación del Tri, ni cuenta se dan de lo que desatan en las parejas como nosotros.
Le respondí con un beso hambriento, saboreando la cerveza fría en su lengua, salada y fresca. Mis manos bajaron a su entrepierna, apretando esa bultaca que pedía guerra. Él gimió contra mi boca, un sonido gutural que ahogó el ruido de la tele.

Nos fuimos al piso, alfombra suave bajo mis rodillas. Javi me quitó el baby doll de un jalón, exponiendo mis chichis al aire. Sus ojos se clavaron en ellas, hambrientos. —Estás chingona, mi amor —dijo, lamiendo un pezón. El roce húmedo de su lengua fue fuego puro, enviando chispas directo a mi clítoris. Yo arqueé la espalda, oliendo mi propia humedad mezclada con su sudor.

Le bajé el short, liberando su verga gruesa, venosa, apuntando al techo como un poste de meta. La tomé en la mano, sintiendo el pulso acelerado, la piel aterciopelada sobre acero. —Esta es mi alineación perfecta —le dije juguetona, masturbándolo lento. Él jadeó, echando la cabeza atrás, el cuello tenso y brillante.

El partido empezó en la tele, pero ya estábamos en nuestro propio entretiempo ardiente. Javi me volteó boca abajo, besando mi espalda desde las nalgas hasta las hombros. Sus manos amasaron mis pompas, dedos hundiéndose en la carne suave. —Te voy a meter gol, como el Tri —gruñó, separándome las piernas. Sentí su lengua en mi concha, lamiendo despacio, saboreando mis jugos dulces y salados. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes, mientras su nariz rozaba mi ano, enviando ondas de placer.

¡Qué chido es esto! Su boca es un estadio lleno, y yo la afición enloquecida.
Me retorcía, uñas clavadas en la alfombra, el olor a sexo impregnando el aire. Él chupaba mi clítoris con maestría, círculos perfectos, mientras dos dedos entraban y salían de mi chocha empapada. El slap slap de la humedad era música, mezclada con mis ayes y sus gruñidos.

Pero quería más. Lo empujé, montándome encima. Su verga resbaló adentro de mí como un pase filtrado, llenándome hasta el fondo. —¡Ay, cabrón! —grité, sintiendo cada vena rozando mis paredes. Empecé a cabalgar, tetas botando, sudor perlando mi piel. Javi me agarró las caderas, guiándome, sus abdominales contrayéndose con cada embestida.

En la tele, El Tri corría por el campo, pero nosotros éramos los verdaderos jugadores. —Más fuerte, como Hirving en la banda —jadeé, clavando las uñas en su pecho. Él aceleró, pelvis chocando contra la mía, piel contra piel en un ritmo frenético. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, carne golpeando carne, respiraciones entrecortadas.

Sentí el orgasmo construyéndose, como un contragolpe imparable.

La alineación del Tri nos alineó perfecto esta noche, neta.
Mis músculos se tensaron, visión nublándose. —¡Me vengo, pendejo! —chilló mi voz, y exploté, chocha contrayéndose alrededor de su verga, jugos chorreando por sus bolas. Él rugió, bombeando semen caliente dentro de mí, pulsos interminables que me prolongaron el éxtasis.

Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. El partido seguía, un gol de México en la pantalla, pero nosotros flotábamos en el afterglow. Javi me besó la frente, su mano acariciando mi pelo húmedo. —Esa fue la mejor alineación del Tri de mi vida —susurró, riendo.

Yo sonreí, sintiendo su semen goteando entre mis muslos, cálido y pegajoso.

Pinche fut, siempre nos une así de chido.
Nos acurrucamos viendo el resto del juego, su brazo alrededor de mi cintura, el olor a sexo y victoria envolviéndonos. Esa noche, El Tri ganó, pero nosotros ya habíamos marcado el hat-trick perfecto.

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