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La Pasión del Nerf Trio

6486 palabras

La Pasión del Nerf Trio

El sol de la tarde se colaba por las cortinas de la casa en la colonia Condesa, tiñendo todo de un naranja cálido y juguetón. Tú, con tu camiseta ajustada y shorts deportivos, mirabas a Ana y a Marco con una sonrisa pícara. Eran tus compas de toda la vida, adultos como tú, con ese fuego en los ojos que siempre andaba latente. Ana, con su pelo negro suelto y un top que dejaba ver el borde de su sostén negro, sostenía una Nerf cargada como si fuera un arma de verdad. Marco, el wey alto y musculoso, con su playera sin mangas que marcaba sus bíceps, ya apuntaba la suya directo a ti.

No mames, esto va a estar chido, pensaste mientras el aire olía a café recién hecho y a las pizzas que habían pedido. Habían empezado como un juego inocente: un Nerf trio, como le llamaban, tres contra el mundo en la sala amplia con muebles corridos para hacer barricadas. Pero desde el primer disparo, sentiste esa electricidad en el estómago, el roce accidental de cuerpos al correr, el jadeo de risas mezcladas con algo más profundo.

¡Pum! Un dardo de espuma te rozó el hombro, y Ana soltó una carcajada ronca.

"¡Te atiné, cabrón! Quítate la playera o pierdes turno"
, gritó ella, sus ojos brillando con malicia juguetona. Tú obedeciste, lento, dejando que tu torso quedara expuesto al aire fresco del ventilador. Marco silbó bajito, su mirada recorriendo tu piel con un hambre que no disimulaba. ¿Esto es solo un juego? ¿O ya estamos cruzando la línea?

La tensión crecía con cada disparo. El sonido sordo de los dardos chocando contra las paredes, el sudor empezando a perlar sus frentes, el olor a piel caliente y adrenalina. Tú te escondiste detrás del sofá, corazón latiendo fuerte, y de pronto sentiste manos en tu cintura: Ana, presionando su cuerpo contra tu espalda. Su aliento cálido en tu cuello olía a menta y deseo. Su chichi rozándome la piel... qué rico.

Marco apareció del otro lado, su Nerf colgando floja en la mano.

"Ya valió, es un Nerf trio de verdad ahora"
, murmuró con voz grave, y antes de que pudieras reaccionar, te besó. Sus labios firmes, ásperos por la barba incipiente, sabían a cerveza light y urgencia. Ana no se quedó atrás; sus dedos bajaron por tu pecho, arañando suave hasta tu cintura del short.

El juego mutó. Las Nerfs cayeron al suelo con un ruido sordo, olvidadas. Tú los jalaste hacia ti, el trío enredándose en el piso alfombrado. La sala se llenó de gemidos ahogados, el ventilador zumbando como testigo indiferente. Ana se quitó el top con un movimiento fluido, sus tetas firmes saltando libres, pezones duros como balas de Nerf. Tú las besaste, lamiendo el salado de su piel, mientras Marco te bajaba el short, exponiendo tu verga ya tiesa y palpitante.

Esto es lo que queríamos todos, ¿verdad? El Nerf trio que nos enciende. Sus manos expertas: Ana acariciándote las bolas con uñas pintadas de rojo, Marco chupándote el cuello mientras se sacaba la playera, revelando su pecho velludo y marcado por el gym. El olor a macho mezclado con el perfume dulce de ella te volvía loco. Te recostaste, dejándolos tomar el control, pero tú guiabas con susurros:

"Chúpamela, nena... sí, así"
.

Ana se arrodilló, su boca caliente envolviéndote la verga, lengua girando en la cabeza como un torbellino. El sonido húmedo de succión, el pop cuando salía para lamer las venas, te hacía arquear la espalda. Marco se posicionó detrás de ella, besándole la nuca mientras le bajaba los leggings, exponiendo su culo redondo y la panocha ya mojada, brillando bajo la luz anaranjada. Qué vista, wey... esa raja rosada pidiéndola.

Tú sentiste el pulso acelerado en tus sienes, el calor subiendo por tus muslos. Marco metió dos dedos en Ana, ella gimiendo alrededor de tu verga, vibraciones que te ponían al borde.

"No pares, pendejos... fóllenme ya"
, suplicó ella, voz ronca de pura lujuria mexicana, esa que no se anda con rodeos.

Escalaron. Cambiaron posiciones como en un baile coreografiado por el deseo. Tú te pusiste de rodillas, Ana debajo de ti abriendo las piernas, su coño depilado invitándote. Entraste despacio, sintiendo cada centímetro apretado y húmedo, como terciopelo caliente. El slap de piel contra piel empezó suave, luego fiero. Marco se acercó, su verga gruesa rozando tu boca. La chupaste, salado y venoso, mientras embestías a Ana, sus uñas clavándose en tus hombros.

El aire se espesó con olores: sudor almizclado, jugos de ella, precum tuyo. Sonidos everywhere: gemidos guturales, ¡ay, cabrón! ¡Más duro!, el crujir del piso bajo vuestros cuerpos. Ana se corrió primero, su panocha contrayéndose alrededor de ti como un puño, chorro caliente mojando tus bolas.

"¡Me vengo, wey! ¡No pares!"
Su voz quebrada, cuerpo temblando, pechos rebotando.

Tú la seguiste, pero aguantaste, sacándotela para que Marco la tomara. Él la volteó a cuatro patas, embistiéndola con fuerza, sus huevos golpeando su clítoris. Tú te masturbabas viéndolos, el espectáculo de su verga entrando y saliendo, espuma blanca en los labios de ella. Ana te jaló la mano, chupándote los dedos, luego tu verga de nuevo. El Nerf trio en su apogeo: rotación perfecta, toques en todas partes.

Marco gruñó,

"Me voy a venir... ¿dónde?"
En su cara, cabrón, pensaste. Ana abrió la boca, lengua fuera, y él explotó, chorros espesos pintándole labios y tetas. Tú no aguantaste más: la penetraste otra vez, profundo, sintiendo sus paredes palpitar. El orgasmo te golpeó como un dardo Nerf en el pecho, semen caliente llenándola hasta rebosar, goteando por sus muslos.

Colapsaron en un enredo sudoroso, respiraciones jadeantes llenando la sala. El ventilador secaba el sudor de sus pieles, dejando un brillo salino. Ana se acurrucó contra tu pecho, Marco a tu lado, mano en tu muslo. Esto fue más que un juego... fue nuestro Nerf trio perfecto. Besos suaves post-risa, promesas mudas de más noches así.

La pizza llegó fría, pero nadie se quejó. Comieron desnudos en el sofá, cuerpos aún calientes, rozándose casual. El sol se fue, dejando la luna testigo. En ese momento, supiste que el deseo no era un disparo fugaz, sino un lazo eterno entre los tres. El Nerf trio había despertado algo salvaje y tierno a la vez, listo para recargarse.

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