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Rendida ante el Mac Trio

7438 palabras

Rendida ante el Mac Trio

Estás en una fiesta chida en Polanco, la música retumba con reggaetón y cumbia rebajada, el aire cargado de perfume caro y risas coquetas. Llevas un vestido negro ajustado que marca tus curvas, sientes el roce suave de la tela contra tu piel morena mientras te mueves al ritmo. Neta, esta noche quiero algo salvaje, piensas, sorbiendo tu michelada helada, el limón picante en tu lengua.

¿Por qué no? Hace meses que no me suelto la melena con alguien que valga la pena. Y aquí estoy, solita, lista para lo que caiga.

De repente, tres vatos te clavan la mirada desde el otro lado de la sala. Son altos, macizos, con camisetas que se les pegan al pecho sudado por el calor de la noche. El primero, Marco, tiene ojos verdes que brillan como luces de neón, cabello negro revuelto y una sonrisa pícara. Al lado, Axel, rubio teñido, con brazos tatuados que parecen esculpidos en gimnasio, y Carlo, moreno intenso, con barba recortada y un porte de galán de telenovela. Se acercan como lobos juguetones, oliendo a colonia masculina mezclada con sudor fresco.

—Órale, mamacita, ¿vienes sola o qué? dice Marco, su voz grave rozándote el oído mientras te ofrece un trago. Su aliento sabe a tequila reposado, cálido y tentador.

Te ríes, sintiendo el cosquilleo en el estómago. Estos weyes son puro fuego.

—Puras y exclusivas para el Mac Trio, ¿no? respondes juguetona, habiendo oído su apodo en la fiesta. Ellos se carcajean, chocan sus cervezas contigo.

—Exacto, guapa. Marco, Axel y Carlo. El Mac Trio listo para hacerte volar.

La tensión empieza ahí, en ese roce casual de manos al brindar. Sus dedos ásperos contra los tuyos suaves, un chispazo eléctrico que te recorre la espina. Bailan contigo, sus cuerpos pegándose al tuyo en la pista improvisada. Sientes los músculos duros de Marco contra tu espalda, su verga semi-dura presionando tu nalga mientras Axel te besa el cuello, su barba raspando deliciosamente tu piel sensible. Carlo te agarra la cintura, sus labios rozando tu oreja:

—Estás rica, wey. Nos traes locos.

El deseo crece como lava, tu panocha humedeciéndose bajo el vestido, el aroma de tu propia excitación mezclándose con el de ellos. No puedo más, los quiero ya.

La fiesta sigue, pero tú los sigues a una recámara privada arriba, el pasillo oscuro oliendo a incienso y velas. Cierran la puerta, el ruido de abajo se atenúa a un murmullo. La luz tenue de una lámpara baña sus cuerpos en dorado, sombras jugando sobre abdominales marcados y pantalones abultados.

Esto es consensual, puro placer mutuo. Tres machos dispuestos a complacerme como reina. ¡Qué chingón!

Marco te besa primero, sus labios carnosos devorando los tuyos, lengua invadiendo tu boca con sabor a sal y pasión. Axel desabrocha tu vestido por detrás, el zipper bajando lento, exponiendo tu espalda desnuda al aire fresco. Carlo se arrodilla, besando tus muslos, subiendo hasta lamer el encaje de tus calzones empapados. Gimes bajito, el sonido vibrando en tu garganta.

—Quítate todo, preciosa, murmura Axel, su voz ronca mientras te saca el vestido. Quedas en bra y tanga, tus chichis grandes temblando libres cuando desabrochas el sostén. Ellos se desnudan rápido: camisetas volando, pantalones cayendo. Tres vergas erectas saltan libres, gruesas y venosas, apuntando a ti como misiles. Marco la más larga, curvada; Axel gruesa como tu muñeca; Carlo con el glande rosado brillando de pre-semen.

Te tumban en la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves contra tu piel arrebolada. Axel mama tus tetas, succionando el pezón duro, tirando con dientes suaves hasta que arqueas la espalda, el placer punzante bajando directo a tu clítoris hinchado. Marco te besa profundo, sus manos amasando tus nalgas, dedos hundiéndose en la carne blanda. Carlo separa tus piernas, inhalando tu olor almizclado:

—Hueles a miel caliente, neta. Quiero comerte entera.

Su lengua ataca, plana y ávida, lamiendo desde tu ano hasta el botón, chupando tu jugo dulce y salado. Gritas ahogado, caderas moviéndose solas contra su cara barbuda, el roce áspero intensificando todo. ¡Ay, cabrón, así! Piensas, mientras Marco te mete dos dedos en la boca, que chupas como verga, saboreando su piel salada.

Escalada brutal: cambian posiciones fluidas, como si hubieran practicado. Te ponen de rodillas, Marco en tu boca, su verga llenándote hasta la garganta, el olor almizclado de su pubis invadiendo tus fosas nasales. Axel desde atrás, restregando su punta mojada en tu raja antes de empujar lento, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Carlo debajo, lamiendo donde se unen, su lengua rozando tu clítoris y las bolas de Axel.

El slap-slap de carne contra carne llena la habitación, mezclado con gemidos guturales: ¡Sí, pendejita rica! ¡Cógela duro! grita Marco, jalándote el pelo suave. Sudor gotea de sus pechos al tuyo, salado en tu lengua cuando lames el de Axel. Tu corazón late como tambor, pulsos acelerados en oídos, el calor subiendo en espiral.

Esto es éxtasis puro. Cada embestida me parte en dos, pero lo quiero más. Soy suya, del Mac Trio, y ellos míos.

Carlo toma turno, te monta a cuatro patas mientras Axel te besa, su verga frotándose en tu panza. Marco se une, metiendo su punta en tu boca otra vez. Sientes el orgasmo construyéndose, una ola gigante en tu vientre bajo. Axel pellizca tus pezones, Carlo acelera, sus bolas golpeando tu clítoris con cada arremetida profunda.

—¡Me vengo, wey! ¡Dame todo! jadeas, y explotas. Tu coño se aprieta como puño alrededor de Carlo, jugos chorreando por tus muslos, temblores sacudiéndote entera. Gritas ronco, uñas clavándose en sábanas, el mundo blanco de placer puro.

Ellos no paran: Carlo se corre dentro, chorros calientes llenándote, gimiendo ¡Carajo, qué apretada!. Sale, semen goteando, y Axel entra de volada, follando tu coño resbaloso. Marco se pajea viéndote, hasta que eyacula en tus tetas, leche tibia salpicando tu piel.

Axel te voltea, misionero íntimo, piernas en sus hombros, penetrando hondo mientras te besa sudoroso. Su ritmo feroz te lleva a segundo orgasmo, clítoris frotándose en su pubis púbico. Él gruñe y se vacía, verga palpitando, inundándote más.

Colapsan a tu lado, tres cuerpos calientes envolviéndote, piel pegajosa de sudor y fluidos. Respiraciones agitadas calmándose, el aroma de sexo pesado en el aire: semen, sudor, tu esencia dulce. Marco acaricia tu cabello, Axel besa tu hombro, Carlo lame jugos de tus muslos.

—Eres increíble, reina. El Mac Trio te adora. Susurra Marco, voz satisfecha.

Nunca me he sentido tan llena, tan mujer. Esto no es solo sexo, es conexión salvaje, empoderadora. Mañana quizás más, pero esta noche es eterna.

Te acurrucas entre ellos, pulsos enlenteciéndose, el calor de sus cuerpos arrullándote. Afuera, la fiesta sigue, pero aquí reina la paz post-orgásmica, pieles entrelazadas, sonrisas perezosas. Cierras ojos, saboreando el afterglow, lista para soñar con repeticiones.

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