Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trío Hombre y Mujeres Ardiente Trío Hombre y Mujeres Ardiente

Trío Hombre y Mujeres Ardiente

6262 palabras

Trío Hombre y Mujeres Ardiente

La noche en Playa del Carmen estaba cargada de ese calor pegajoso que se mete hasta los huesos, con el sonido de las olas rompiendo a lo lejos y el reggaetón retumbando desde la casa de la playa. Yo, Javier, había llegado con mis carnales a esta fiesta que prometía ser épica. Neta, no esperaba que terminara así de chingón. Ahí estaba Sofía, mi ex de la uni, con ese vestido rojo que se le pegaba al cuerpo como segunda piel, resaltando sus curvas morenas y ese culo que siempre me volvía loco. A su lado, Lucía, su amiga de toda la vida, una morra alta y delgada con pelo negro largo y ojos que te desnudan con solo mirarte.

Nos topamos en la barra improvisada, con chelas frías en mano. Sofía me abrazó fuerte, su perfume a coco y vainilla invadiéndome las fosas nasales, mientras Lucía me guiñaba un ojo picoso. "Wey, ¿sigues siendo el mismo pendejo irresistible?", soltó Sofía riendo, su aliento cálido rozándome la oreja. Lucía agregó: "Dicen que en un trío hombre y mujeres como el que armamos una vez, tú eras el rey". Sentí un cosquilleo en el estómago, el corazón latiéndome como tambor. ¿Estaban coqueteando en serio? El alcohol y la vibra de la noche me hicieron atreverme.

¿Y si digo que sí? ¿Y si las invito a mi cuarto? Joder, Javier, no seas menso, esto es tu chance de una noche legendaria.

Les propuse ir a caminar por la playa, pero terminamos en mi habitación del Airbnb, con la puerta cerrada y el aire acondicionado zumbando bajito. La tensión era palpable, como electricidad estática en el aire salado.

Empecé con Sofía, besándola despacio, saboreando sus labios carnosos con gusto a tequila y lima. Sus manos me subieron por la espalda, clavándome las uñas suaves. Lucía nos miró un rato, mordiéndose el labio, antes de unirse. Su boca se pegó a mi cuello, lamiendo con lengua caliente y húmeda, mientras sus dedos desabotonaban mi camisa. "Qué rico hueles a mar y hombre", murmuró Lucía, su voz ronca como un ronroneo.

Las tumbé en la cama king size, con sábanas blancas ya arrugándose. Sofía se quitó el vestido de un tirón, quedando en tanga negra que apenas cubría su panocha depilada. Lucía era más juguetona, se desvistió lento, dejando ver sus tetas firmes con pezones oscuros ya duros como piedritas. Yo me quité todo, mi verga saltando libre, palpitante y lista. Ellas jadearon al unísono: "¡Órale, qué chingona!".

Me arrodillé entre ellas, besando la panza de Sofía, bajando hasta su entrepierna. Olía a deseo puro, ese aroma almizclado que me ponía la cabeza a mil. Lamí su clítoris despacio, sintiendo cómo se hinchaba bajo mi lengua, su sabor salado y dulce inundándome la boca. Sofía gemía bajito, "¡Ay, Javier, no pares, cabrón!", mientras enredaba sus dedos en mi pelo. Lucía no se quedó atrás; se acercó y me chupó los huevos con maestría, su boca caliente succionando suave, haciendo que mi verga goteara pre-semen.

Esto es el paraíso, wey. Dos morras así, entregadas, mojaditas por mí. No puedo creerlo.

La cosa escaló cuando Sofía se montó en mi cara, restregando su coño chorreante contra mi boca. Yo la devoraba, metiendo la lengua profundo, tragándome sus jugos mientras ella rebotaba, sus muslos temblando contra mis mejillas. Lucía, la muy pendeja caliente, se agachó y empezó a mamarme la verga como si fuera su última comida. Sentía su garganta apretándome la cabeza, saliva resbalando por mis bolas, el sonido obsceno de succión llenando la habitación. "¡Te la chupo hasta el fondo, amor!", gruñó ella entre chupadas.

Cambié posiciones, poniendo a Lucía a cuatro patas. Su culo redondo y firme me llamó, y le metí dos dedos en la panocha, sintiendo las paredes calientes contrayéndose. Estaba empapada, resbalosa como miel. Sofía se acostó debajo de ella, lamiéndole las tetas, chupando pezones con ruiditos húmedos. Yo alineé mi verga con el coño de Lucía y empujé lento, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me apretaba como guante de terciopelo caliente. "¡Sí, métemela toda, Javier!", gritó ella, arqueando la espalda.

Empecé a bombear, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con sus gemidos. Sofía se masturbaba viéndonos, sus dedos hundiéndose en su propia humedad, el olor a sexo impregnando todo: sudor, fluidos, excitación cruda. La volteé a Lucía boca arriba, abriéndole las piernas anchas, y la cogí fuerte, mis bolas golpeando su perineo. Sofía se subió encima, sentándose en la cara de Lucía, quien la lamía con avidez mientras yo la taladraba.

El ritmo se volvió frenético. Sudor nos chorreaba a todos, pieles resbalosas chocando. Mi verga entraba y salía de Lucía como pistón, sus paredes ordeñándome. "¡Me vengo, cabrones!", chilló ella primero, convulsionando, chorros calientes salpicándome las caderas. Sofía se corrió después, temblando sobre la boca de su amiga, gritando mi nombre.

Ya casi, no aguanto. Van a ordeñarme hasta la última gota.

Las puse a las dos de rodillas frente a mí. Mamaron mi verga juntas, lenguas enredándose alrededor del tronco, besándose con mi pija en medio. Sofía chupaba la cabeza, Lucía las bolas. El placer era abrumador, pulsos en mi eje hinchándose. "¡Córrete en nuestras caras, papi!", suplicó Sofía. No pude más. Exploto, chorros espesos de leche caliente salpicándoles labios, mejillas, tetas. Ellas lamieron todo, compartiendo besos pegajosos con mi semen.

Nos derrumbamos en la cama, jadeantes, cuerpos entrelazados. El aire olía a sexo satisfecho, pieles pegajosas enfriándose. Sofía me acarició el pecho: "Esto fue el mejor trío hombre y mujeres de mi vida, wey". Lucía rio bajito: "Repetimos cuando quieras". Yo las abracé, sintiendo sus corazones latiendo contra el mío.

La mañana llegó con sol filtrándose por las cortinas, café aromático de la cocina abajo. Desayunamos en la terraza, riendo de la noche, planes de más aventuras. Ese trío hombre y mujeres no fue solo sexo; fue conexión, fuego que nos unió más. Neta, Playa del Carmen nunca se me borrará.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.