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Trío Salvaje con William Seed

7691 palabras

Trío Salvaje con William Seed

El sol de Puerto Vallarta te abrasa la piel mientras caminas por la arena caliente de la playa Los Muertos. El aire huele a sal marina mezclada con el aroma dulce de las cocadas que venden los ambulantes. Tú, un wey de veintiocho años, atlético y moreno, con el torso desnudo brillando de sudor, sientes las olas rompiendo a tus pies, ese chof chof rítmico que te pone en modo relax total. Llevas un traje de baño ajustado que deja poco a la imaginación, y neta, hoy estás de buenas, buscando aventura después de una semana de curro estresante en Guadalajara.

De repente, tus ojos se clavan en ellos: dos tipos que parecen salidos de una peli porno. El primero es un gringo alto, musculoso como un dios griego, con tatuajes que serpentean por sus brazos y un pecho peludo que brilla bajo el sol. Pelo corto oscuro, ojos verdes penetrantes y una sonrisa pícara que te hace tragar saliva. Se llama William Seed, te dice cuando se acercan, con ese acento canadiense sexy que suena como un ronroneo. Al lado suyo, tu carnal Marco, un chavo regio de Monterrey que conociste anoche en el bar Mandala. Marco es más delgado, pero con un culo redondo que quita el hipo, piel canela y una mirada traviesa que ya te había puesto la verga dura en la disco.

Wey, ¿qué onda? —te saluda Marco, dándote un choque de puños—. Este es William, un turista que anda de vacaciones. Neta, el carnal está cañón, ¿no?

Tú piensas: Mierda, esto huele a buena rola. William Seed... como el pornstar ese que me he jalado la verga viéndolo en videos. ¿Será coincidencia? Su cuerpo es idéntico, esas pecas en el pecho, esa forma de caminar como si supiera que todos lo miran.

Charlan un rato, bebiendo chelas frías que saben a limón y espuma fresca. William te cuenta que es modelo fitness, que vino a México por el calor y las fiestas. Su voz grave vibra en tu pecho, y sientes cómo tu piel se eriza cuando roza tu brazo accidentalmente. El roce es eléctrico, como una chispa que sube directo a tu entrepierna. Marco suelta chistes en spanglish, y pronto están riendo, bodies pegados en la arena. El deseo crece lento, como la marea subiendo: miradas que se demoran en los abdominales de William, en el bulto de Marco bajo el short, en tu propia erección que ya presiona la tela.

—Oigan, pendejos, ¿por qué no seguimos la fiesta en mi suite del hotel? —propone William, con los ojos brillando de lujuria—. Tengo vista al mar, jacuzzi y unas botanas chidas.

Tú y Marco se miran, asintiendo con sonrisas cómplices. Caminan de vuelta al hotel, el sol poniéndose en un orgasmo naranja sobre el Pacífico. El aire se enfría un poco, pero tu cuerpo arde por dentro.

En la suite, el lujo te golpea: sábanas de mil hilos, balcón con brisa salada y un jacuzzi burbujeante que huele a eucalipto. William pone música reggaetón suave, ese bum bum que acelera pulsos. Se quitan las chelas de las manos y empiezan con besos juguetones. Primero Marco te besa a ti, su lengua sabe a cerveza y menta, húmeda y ansiosa, mientras sus manos recorren tu espalda, clavando uñas suaves en tu piel sudada.

Carajo, esto es real. No es un sueño húmedo con el William Seed de los videos. Su aliento caliente en mi cuello, el olor masculino de su axila cuando levanta los brazos... me estoy mojando el short, piensas tú, el corazón latiéndote como tambor.

William se une, su boca captura la tuya en un beso profundo, barba raspando tu barbilla, sabor a ron y mar. Sus manos grandes, callosas de gym, aprietan tus nalgas, separándolas juguetón. Sientes su verga dura contra tu muslo, gruesa como un brazo, palpitando con vida propia. Marco gime bajito, chupándote un pezón, el sonido húmedo de su lengua haciendo slurp slurp que te vuelve loco.

Se desnudan lento, saboreando cada revelación. Tu verga salta libre, venosa y tiesa, goteando precum que brilla como perla. William se arrodilla primero, admirándote con ojos hambrientos.

Qué chula verga tienes, wey —murmura en su spanglish roto, antes de metértela en la boca.

El calor de su garganta te envuelve, succionando con maestría, lengua girando alrededor del glande. Sientes cada vena latiendo, el glug glug de su garganta profunda. Marco te besa el cuello, mordisqueando, mientras sus dedos exploran tu culo, untando saliva como lubricante natural. El cuarto huele a sudor fresco, a feromonas masculinas, a esa esencia almizclada de excitación que te marea de placer.

Cambian posiciones en el jacuzzi, el agua caliente borboteando alrededor de sus cuerpos entrelazados. Tú te sientas en el borde, piernas abiertas, mientras William te come el culo con devoción. Su lengua experta lame tu ano, círculos húmedos que mandan descargas a tu espina dorsal. Sabe a sal y piel limpia, y gimes fuerte, "¡Ay, wey, no pares!". Marco se para frente a ti, su pito moreno en tu cara, y lo chupas ansioso, saboreando el precum salado, el olor terroso de su pubis recortado.

Esto es el paraíso. William Seed lamiéndome el culo como si fuera helado, Marco cogiéndome la boca... mi verga duele de lo dura que está. Quiero que me rompan.

La tensión sube como fiebre. Salen del agua, goteando, y van a la cama king size. William te unta lubricante fresco, olor a coco tropical, y te penetra primero, lento, centímetro a centímetro. Sientes el estiramiento ardiente, placentero, su glande grueso abriéndote como flor. Gritas de gusto, "¡Más profundo, cabrón!". Él bombea rítmico, piel contra piel en plaf plaf, sudor chorreando, mezclándose con el tuyo.

Marco se une, cogiéndote la boca mientras William te folla. Cambian: ahora tú entras en Marco, su culo apretado tragándote entero, caliente y suave como terciopelo. William te coge a ti por detrás, formando la cadena perfecta. El roce triple es intenso: sientes a William empujando profundo, su verga rozando tu próstata, mientras follas a Marco que jadea y se pajea furioso.

Los gemidos llenan la habitación: "¡Sí, así! ¡Cógeme más duro!", el sonido de huevos golpeando culos, el squelch del lube. El olor es embriagador, semen próximo, sudor ácido. Tus pulsos corren, músculos tensos, el clímax acechando como tormenta.

Explota todo. Marco corre primero, chorros blancos salpicando su abdomen, gritando "¡Me vengo, wey!". Tú lo sigues, llenando su culo con tu leche caliente, espasmos que te sacuden entero. William ruge, sacando su verga y pajeándose sobre ambos, su semilla abundante —como en sus videos— cayendo en ríos espesos sobre vuestros pechos, caliente y pegajosa, oliendo a almizcle puro.

Colapsan en un montón jadeante, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas. El jacuzzi burbujea aún, la noche entra por el balcón con brisa fresca. William te besa la frente, Marco acaricia tu pelo.

Neta, eso fue épico. Nuestro William Seed trio perfecto —dices tú, riendo bajito.

Piensas: Nunca olvidaré esta noche. Sus cuerpos contra el mío, el sabor de sus corridas en mi piel, el eco de gemidos en mis oídos. México me dio el mejor regalo: un trío que me cambió para siempre.

Se duchan juntos, jabón deslizándose por músculos relajados, risas compartidas. Al amanecer, con el mar rugiendo afuera, sabes que esto no termina aquí. Hay más noches, más placeres. Pero por ahora, el afterglow te envuelve como manta cálida, satisfecho, empoderado, listo para lo que venga.

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