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El Trío Avengers en Llamas

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El Trío Avengers en Llamas

La Torre de los Avengers brillaba como un pinche faro en la noche neoyorquina, con sus luces LED parpadeando al ritmo de la música que retumbaba desde el piso de fiestas. Tú, la nueva recluta mexicana de SHIELD, habías llegado esa noche con el corazón latiéndole a mil por hora. No mames, pensabas, estos cabrones son los héroes que vi en las noticias toda mi vida. Steve Rogers, el Capi, con su mirada de boy scout pero cuerpo de dios griego; Tony Stark, el genio millonario con esa sonrisa pícara que te hacía mojar las panties; y Thor, el dios del trueno, todo músculos y melena rubia que gritaba poder puro.

El aire olía a whiskey caro, sudor fresco de la batalla reciente y un toque de colonia masculina que te erizaba la piel. Habías terminado la misión con ellos esa tarde, salvando el culo de unos aliens pendejos en las afueras de la ciudad. Ahora, en el penthouse, la adrenalina aún corría por tus venas como tequila puro. Te acercaste al bar, tus caderas balanceándose en ese vestido rojo ceñido que habías elegido para la ocasión.

¿Y si me lanzan el gancho esta noche? ¿Podría con el trío Avengers? Neta, mi cuerpo ya palpita solo de imaginarlo.

—Oye, guapa —dijo Tony, deslizando un martini en tu mano, su aliento cálido rozando tu oreja—. Eres la novedad mexicana que nos salvó el trasero hoy. ¿Cómo te llamas, mamacita?

Carla, wey —respondiste con una sonrisa coqueta, sintiendo el cosquilleo de sus dedos en tu muñeca—. Pero llámenme como quieran, siempre y cuando sea con respeto.

Steve se acercó, su camisa blanca pegada al pecho ancho por el sudor, oliendo a jabón y masculinidad cruda. —Bienvenida al equipo, Carla. Has demostrado valor allá afuera.

Thor soltó una carcajada tronante, su voz como un trueno lejano. —¡Ja! ¡Esta mortal tiene fuego en las venas! ¡Bebamos por el trío Avengers y su nueva aliada!

El roce inicial fue inocente: un choque de vasos, risas compartidas. Pero la tensión crecía como una tormenta. Sentiste la mano de Tony en tu espalda baja, guiándote al sofá de cuero negro. Steve se sentó a tu otro lado, su muslo firme presionando el tuyo. Thor ocupó el sillón frente, sus ojos azules devorándote.

El calor de sus cuerpos te envolvía, el sonido de sus respiraciones profundas mezclándose con el pulso acelerado en tus sienes. Olías su excitación incipiente, ese aroma almizclado que te hacía apretar los muslos.

—Dime, Carla —murmuró Steve, su voz grave como un ronroneo—, ¿qué sientes cuando luchas con nosotros?

Tu mano tembló al rozar su rodilla. Simón, esto va para largo.

La fiesta se diluyó, los demás invitados se fueron como humo. Ahora solo quedaban ustedes cuatro en la sala dimly lit, con la ciudad titilando abajo como estrellas caídas. Tony activó la música suave, un ritmo latino que te recordó las noches en el DF. Sus labios rozaron tu cuello mientras susurraba: —Eres irresistible, chula. ¿Quieres unirte al verdadero trío Avengers esta noche?

El beso fue eléctrico. Primero Tony, sus labios suaves y exigentes, saboreando a ron y deseo. Luego Steve, tierno pero firme, su barba incipiente raspando deliciosamente tu piel. Thor te levantó como si no pesaras nada, su boca capturando la tuya con hambre divina, gusto a miel y tormenta.

¡No mames, sus lenguas bailan en mi boca como si fuera su campo de batalla! Mi clítoris late, pidiendo más.

Te llevaron al dormitorio principal, un paraíso de sábanas de seda negra y vistas panorámicas. El aire se cargó de gemidos bajos, el slap suave de piel contra piel mientras se desvestían. Tony te quitó el vestido con dedos hábiles, exponiendo tus curvas bronceadas. —Mira nada más este cuerpazo, carnales —dijo, lamiendo tus pezones que se endurecían al instante.

Steve besaba tu vientre, su aliento caliente trazando senderos de fuego. —Eres perfecta, Carla. Déjanos adorarte.

Thor, ya desnudo, su polla erecta como Mjolnir, te masajeaba los senos con manos callosas. El tacto áspero contrastaba con la suavidad de su piel, enviando ondas de placer a tu centro húmedo.

Caíste de rodillas en la alfombra mullida, el olor a cuero y sexo envolviéndote. Tomaste a Tony primero, su miembro grueso pulsando en tu boca, salado y caliente. Él gruñó, enredando dedos en tu cabello. —Así, reina, chúpamela como se debe.

Steve se posicionó detrás, sus dedos explorando tu coño empapado, deslizándose con facilidad. —Estás chorreando, mi amor. Tan lista para nosotros.

Thor observaba, masturbándose lentamente, su prepucio retrayéndose para revelar la cabeza brillante. Cambiaste, lamiendo su longitud venosa, el sabor terroso y divino explotando en tu lengua. Gemidos llenaban la habitación: tus slurps húmedos, sus jadeos roncos, el chapoteo de dedos en tu interior.

La tensión escalaba. Te tumbaron en la cama king size, el colchón hundiéndose bajo su peso combinado. Tony se colocó entre tus piernas, frotando su verga contra tus labios vaginales, lubricándote más. —Dime si quieres que te coja, Carla.

¡Sí, pendejo, métemela ya! —supliqué, arqueando la espalda.

Entró lento, estirándote deliciosamente, cada centímetro enviando chispas de éxtasis. Steve besaba tu boca, tragando tus gritos, mientras Thor chupaba tus tetas, mordisqueando los pezones hasta que dolía placenteramente.

Cambiaron posiciones como en una coreografía perfecta. Ahora Steve te penetraba desde atrás, su ritmo constante y profundo, bolas golpeando tu clítoris. Olías su sudor salado goteando en tu espalda. Tony en tu boca, follándote la garganta con cuidado. Thor debajo, lamiendo donde se unían, su lengua áspera en tu ano y coño.

¡Estoy en el cielo, wey! Sus pollas me llenan, sus manos me marcan, el placer me quema viva.

El clímax se acercaba como un tsunami. Tus paredes se contraían alrededor de Steve, ordeñándolo. —Vente conmigo, gruñó él, acelerando.

Explotaste primero, un orgasmo que te sacudió entera, jugos salpicando, grito ahogado por la carne de Tony. Él se corrió segundos después, semen caliente inundando tu garganta, tragaste ávida. Steve te llenó el coño con chorros potentes, su rugido animalesco vibrando en tu piel.

Thor te volteó, montándote como un semental asgardiano. Su embestida fue brutal pero consentida, polla golpeando tu cervix con placer punzante. Los otros dos te sostenían, besando, acariciando. —Eres nuestra diosa ahora, jadeó Thor.

Tu segundo orgasmo llegó con él, cuerpos convulsionando juntos, su leche divina desbordándote, mezclándose con la de Steve. El olor a semen y sudor era embriagador, el slap final resonando como victoria.

Colapsaron a tu alrededor, un enredo de extremidades sudorosas y respiraciones entrecortadas. Tony trazaba círculos en tu vientre, Steve besaba tu frente, Thor ronroneaba satisfacciones nórdicas.

—Eso fue épico, mamacita —dijo Tony, riendo bajito—. Bienvenida al verdadero trío Avengers.

Te acurrucaste entre ellos, el calor de sus cuerpos calmando tu piel sensible. Afuera, la ciudad dormía, pero dentro, el afterglow brillaba. Neta, valió cada segundo de riesgo. Sabías que esto era solo el principio, un lazo forjado en placer mutuo, empoderador y eterno.

El amanecer pintó sus rostros dorados, y tú sonreíste, lista para más aventuras con tu trío personal.

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