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Lineas Vides y Tiempos de Pasion Jonas Brothers

6535 palabras

Lineas Vides y Tiempos de Pasion Jonas Brothers

La noche en la Condesa se sentía cargada de esa electricidad que precede a la tormenta. Tú, sentada en el sillón de tu depa chido, con las luces bajas y un mezcal en la mano, le das play al viejo reproductor. Jonas Brothers album Lines Vines and Trying Times. Esa rola te lleva de volada a tus veintes tempranos, cuando todo era fiesta y antojos sin fin. Las líneas de las letras se te enredan en la cabeza como vides salvajes, y los tiempos difíciles de hace meses —ese pendejo ex que te dejó con el corazón hecho mierda— parecen lejanos. El aire huele a jazmín del balcón y a tu perfume dulce, ese que siempre te hace sentir calentona.

El timbre suena, rompiendo el flow. Abres la puerta y ahí está Alex, tu vecino del piso de arriba, el wey alto con ojos cafés que siempre te guiña el ojo en el elevador. Lleva una playera ajustada que marca sus pectorales y jeans que le quedan como pintados. Órale, piensas, justo lo que necesitaba.

Neta, ¿por qué cada vez que lo veo se me acelera el pulso como si fuera mi primera vez?

—¿Qué onda, carnala? Oí la música desde arriba. ¿Jonas Brothers? ¡Simón, esa rola es Lines Vines and Trying Times! —te dice con esa sonrisa pícara, entrando sin invitación, como si el depa fuera suyo.

Te ríes, cerrando la puerta. —Pásale, wey. Estaba en mi rollo, pero con compañía se pone mejor.

Se sientan en el sofá, el mezcal pasa de mano en mano, el calor del trago baja ardiente por tu garganta. La música llena el espacio, las voces de los Jonas vibran en el aire, y sus rodillas se rozan accidentalmente. O no tan accidental. Sientes el calor de su piel a través de la tela, un toque que te eriza los vellos de los brazos. Hueles su colonia, madera y cítricos, mezclada con el sudor ligero de la noche húmeda de la ciudad.

Hablan de todo y nada: del pinche tráfico de Insurgentes, de las fiestas en Polanco, de cómo esa album los marcó en la prepa. Pero tus ojos se van a su boca, a cómo se mueve al hablar, imaginando cómo sabría. Él te mira fijo, y el silencio cae pesado, cargado de promesas.

—Neta, siempre me has gustado, —murmura, su voz ronca como el bajo de la rola que suena ahora.

Tu corazón late a todo lo que da. Es ahora o nunca, piensas.

Te acercas, tus labios rozan los suyos en un beso tentativo. Él responde al instante, su lengua busca la tuya, saboreando el mezcal y tu dulzura. El beso se profundiza, manos exploran: las suyas en tu cintura, tirando de ti hacia su regazo. Sientes su dureza presionando contra ti, dura y caliente a través de los jeans. Un gemido se te escapa, vibrando contra su boca.

La música sigue, las lines y vines de las letras como un eco de lo que pasa. Lo empujas suave contra el sofá, montándote encima. Tus caderas se mueven lentas, frotándote contra él, sintiendo cómo crece. —Qué rico te sientes, wey, le susurras al oído, mordisqueando el lóbulo. Él gruñe, manos subiendo por tu espalda, desabrochando tu bra.

Te quitas la blusa, dejando que te vea. Tus pechos libres, pezones duros por el aire fresco y la excitación. Él los toma con avidez, lengua girando alrededor de uno, succionando suave luego fuerte. El placer te recorre como corriente, bajando directo a tu entrepierna, donde ya estás mojada, palpitante. Hueles tu propio aroma de deseo, almizclado y dulce, mezclado con el suyo.

—Ven, quítate eso —le ordenas, voz temblorosa de ganas. Le bajas el zipper, liberando su verga gruesa, venosa, latiendo en tu mano. La acaricias despacio, sintiendo la piel suave sobre el acero duro, el precum salado en tu pulgar. Él jadea, cabeza echada atrás, Lines Vines sonando de fondo como banda sonora perfecta.

Lo guías a la recámara, cuerpos pegados, besos hambrientos. La cama te recibe suave, sábanas frescas contra tu piel ardiente. Él te desnuda completo, besando cada centímetro: cuello, clavícula, vientre. Llega a tu panocha, labios rozando los labios hinchados. Su lengua lame lento, saboreándote, círculos en el clítoris que te hacen arquear la espalda. ¡Ay, cabrón! gritas bajito, manos enredadas en su pelo. El sonido húmedo de su boca, tus gemidos, la música lejana —todo se funde en un torbellino sensorial.

Estos tiempos de prueba se volvieron puro fuego. No quiero que pare nunca.

Lo jalas arriba, guiándolo dentro. Entras despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te llena, estira, completa. Es perfecto, grueso y largo, tocando ese punto que te hace ver estrellas. Empiezan a moverse, ritmo lento al principio, como la build-up de la rola. Sus embestidas profundas, tu cadera subiendo a encontrarlas. Sudor perla sus cuerpos, goteando salado en tu piel. Lo pruebas lamiendo su cuello, sal y hombre puro.

La intensidad sube. Él acelera, verga golpeando adentro con fuerza controlada, bolas chocando contra ti. Tus uñas marcan su espalda, dejando surcos rojos. —Más duro, Alex, dame todo, le ruegas, empoderada en tu placer. Él obedece, un animal domado por tu deseo. El cuarto huele a sexo crudo: fluidos, sudor, pasión desatada. Sonidos: piel contra piel, plaf plaf, gemidos roncos, su ¡Sí, así! y tu ¡No pares, pendejito! juguetón.

El clímax se acerca como ola imparable. Sientes el nudo en el vientre apretarse, pulsos en tu clítoris latiendo al unísono con su verga dentro. Él se tensa, —Me vengo, amor, avisa. Explota primero, chorros calientes llenándote, empujándote al borde. Tu orgasmo te arrasa, paredes contrayéndose alrededor de él, placer cegador que te hace gritar, cuerpo convulsionando. Ondas y ondas, hasta que caes laxa, temblando.

Se quedan así, unidos, respiraciones agitadas calmándose. Él sale suave, semen goteando tibio por tus muslos. Te abraza, besos tiernos en la frente. La música ha parado, pero el eco de trying times resuena en tu mente: tiempos superados con placer puro.

—Esto fue chido, —murmura, voz perezosa.

Tú sonríes, mano en su pecho, sintiendo el latido firme. Neta, los mejores enredos vienen de las mejores rolas. La noche se cierra en paz, cuerpos enredados como vides, listas para más líneas de pasión.

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