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El Encanto del Black Tri Merle

6581 palabras

El Encanto del Black Tri Merle

Tú estás en un bar chido de la Condesa, con luces neón parpadeando y música electrónica retumbando en el pecho como un corazón acelerado. El aire huele a tequila reposado y perfume caro, mezclado con el sudor ligero de la gente bailando. De repente, la ves: una morra impresionante con el cabello black tri merle, largo y ondulado, negro intenso salpicado de remolinos gris azulado y toques crema que brillan bajo las luces como si fueran fuego vivo. Ese patrón salvaje, como el de un pastor australiano exótico pero en su melena humana, te hipnotiza. Sus ojos cafés profundos te clavan cuando voltea, y una sonrisa juguetona se dibuja en sus labios carnosos pintados de rojo.

Te acercas, el pulso te late en las sienes. ¿Qué pedo, wey? ¿Vas a hablarle o qué? piensas, pero tus pies se mueven solos. "Qué chingón tu pelo, ¿de dónde sacaste ese black tri merle? Parece que te lo pintó un artista loco", le dices, tratando de sonar casual. Ella ríe, un sonido ronco y sexy que te eriza la piel. "Se llama Luna, y lo teñí en un salón de Polanco. Me dicen que parece de loba salvaje. ¿Te gusta?", responde con voz aterciopelada, su acento chilango puro. Se llama Valeria, bailarina de pole en un club exclusivo, y neta, huele a vainilla y jazmín, un aroma que te invade las fosas nasales.

Carajo, esta tipa es puro fuego. Sus mechones black tri merle rozan su escote, y quiero enterrar la cara ahí ya mismo.

Hablan de pendejadas: la vida nocturna, tacos al pastor después de la media noche, cómo el DF nunca duerme. Pero el deseo crece como una ola. Sus manos rozan tu brazo al reír, piel suave como seda caliente, y sientes el calor de su cuerpo cerca. "Baila conmigo", te ordena juguetona, jalándote a la pista. El ritmo thump-thump te sacude, sus caderas se pegan a las tuyas, el black tri merle ondeando como una bandera de tentación. Sientes sus nalgas firmes presionando contra tu verga que ya se despierta, dura y palpitante bajo los jeans. Su aliento en tu cuello huele a mentitas y tequila, y gime bajito al ritmo, "Mmm, qué bien mueves el culo, cabrón".

El beso llega natural, como si estuviera escrito. Sus labios suaves y húmedos devoran los tuyos, lengua juguetona explorando tu boca con sabor a limón y sal. Tus manos bajan por su espalda, sintiendo la curva de su cintura, el calor irradiando de su piel morena. Neta, esta chava me va a volver loco. Quiero arrancarle la ropa aquí mismo. Ella se separa un segundo, ojos brillando. "¿Vamos a mi depa? Está a dos cuadras, wey". Asientes, el corazón tronando.

Acto dos: la escalada

Caminan rápido por las calles empedradas, risas ahogadas y manos entrelazadas. Su departamento es un loft minimalista con vistas al skyline, luces tenues y velas de vainilla encendidas. Cierra la puerta y te empuja contra la pared, su boca otra vez en la tuya, manos desabrochando tu camisa. "Quítate todo, quiero verte", murmura, mordiendo tu labio inferior. Tú obedeces, piel erizada por el aire fresco y su mirada hambrienta. Ella se quita el vestido negro ajustado, revelando lencería roja que abraza sus tetas perfectas, pezones duros asomando. Ese cabello black tri merle cae en cascada sobre sus hombros, rozando sus pechos mientras se acerca.

La cargas al sofá, besos bajando por su cuello, saboreando la sal de su sudor mezclado con perfume. Tus labios recorren su clavícula, lamiendo hasta un pezón rosado que chupas suave, luego fuerte, oyendo su gemido ronco: "¡Ay, sí, cabrón, así!". Sus uñas arañan tu espalda, dejando rastros ardientes que duelen rico. Bajas más, oliendo su excitación almizclada, dulce como miel. Le abres las piernas, besas el interior de sus muslos temblorosos, lengua rozando su clítoris hinchado. "¡Chíngame con la boca, pendejo!", jadea, arqueando la cadera. La comes despacio, saboreando sus jugos calientes y salados, su black tri merle desparramado en el cojín como un halo salvaje.

Su sabor me enloquece, está empapada por mí. Siento su pulso en la lengua, latiendo como mi verga que pide entrar.

Valeria te voltea, ojos fieros. "Ahora yo", dice, empujándote. Su boca envuelve tu pija dura como piedra, labios estirados, lengua girando en la cabeza sensible. El sonido chup chup húmedo llena la habitación, mezclado con tus gruñidos. "¡Qué rica mamada, Valeria!", gimes, manos enredadas en su pelo black tri merle, esos remolinos grisáceos brillando con sudor. Te la chupa profundo, garganta apretando, bolas lamiendo hasta que casi explotas. "No aún, wey", ríe ella, subiendo a horcajadas.

Se empala en ti despacio, su coño apretado y caliente tragándote centímetro a centímetro. "¡Madre, qué gruesa!", suspira, empezando a cabalgar. Sientes cada contracción, paredes húmedas masajeando tu verga, tetas rebotando al ritmo. Tus manos aprietan sus nalgas redondas, guiándola más rápido, piel chocando con palmadas sonoras. El olor a sexo inunda el aire, sudor goteando, su cabello azotando tu cara como seda eléctrica. "¡Más duro, rómpeme!", grita, uñas en tu pecho. La volteas, ahora tú arriba, embistiéndola profundo, viendo su cara de éxtasis, labios abiertos en gemidos guturales.

La tensión sube como volcán, pulsos acelerados sincronizados. Ya mero, no aguanto. Su coño me aprieta como puño de terciopelo. Ella tiembla primero, "¡Me vengo, chingado!", cuerpo convulsionando, jugos chorreando. Tú la sigues, corriéndote dentro con rugido, chorros calientes llenándola mientras colapsan juntos, jadeos pesados.

Acto tres: el resplandor

Se acurrucan en el sofá, piel pegajosa y tibia, su cabeza en tu pecho, el black tri merle esparcido como río nocturno. El silencio roto solo por respiraciones calmándose y el zumbido lejano de la ciudad. "Neta, fue chingón", murmura ella, dedo trazando círculos en tu abdomen. Tú besas su frente, oliendo su cabello mezclado con olor a sexo. Esto no fue solo un polvo, hay algo más. Esa morra me caló hondo.

Hablan bajito de volver a verse, planes para desayunar chilaquiles en el mercado. Se duermen entrelazados, el amanecer filtrándose por las cortinas, dejando un calor residual en el cuerpo y el alma. Al despertar, su sonrisa te recibe, y sabes que el black tri merle no es solo pelo: es el inicio de algo ardiente, consensual y puro fuego mexicano.

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