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Skrillex y Alvin Risk Lo Intentan Caliente

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Skrillex y Alvin Risk Lo Intentan Caliente

El bajo retumbaba en tus entrañas como un corazón desbocado, mientras las luces estroboscópicas te cegaban por ratos en el antro de la colonia Roma. Era una de esas noches en CDMX donde el calor humano se mezclaba con el sudor y el olor a cerveza derramada, y el aire cargado de feromonas te ponía la piel chinita. Tú, un morro de veintiocho bien plantado, con tu camiseta pegada al pecho por el relajo, bailabas solo en la pista principal, sintiendo cómo la música EDM te invadía los huesos. Skrillex y Alvin Risk try it out, anunció el DJ desde la consola, y de repente el drop explotó, con esos sintetizadores afilados y el ritmo que te hacía mover las caderas sin control.

Ahí la viste. Una chava de curvas que quitaban el hipo, con el pelo negro suelto hasta la cintura y un vestido corto que apenas contenía sus chichis generosos. Bailaba con una amiga, pero sus ojos se clavaron en ti como si ya supiera lo que querías. Te sonrió con picardía, moviendo el culo al compás del bassline, y tú sentiste un cosquilleo en la verga que te enderezó al instante.

¿Y si me acerco, carnal? ¿Y si esta noche la armamos en grande?
pensaste, mientras el sudor te chorreaba por la nuca.

Te aproximaste con un trago de chela en la mano, ofreciéndole uno a ella. "¡Órale, qué chida rola! Skrillex y Alvin Risk try it out siempre me prende", le gritaste al oído para que te oyera sobre el ruido. Ella se rio, su aliento cálido oliendo a tequila y menta, y se pegó a ti. "¡Sí, güey! Me encanta cómo suena, como si te invitara a probar algo nuevo", contestó, rozando su mano en tu brazo. Se llamaba Ana, veintiséis años, diseñadora gráfica que salía a desquitarse del pinche estrés laboral. Bailaron pegaditos, sus nalgas contra tu paquete endurecido, el roce enviando chispas por tu espinazo. El olor de su perfume, dulce como vainilla mezclada con su sudor natural, te mareaba.

La tensión crecía con cada beat. Sus tetas se apretaban contra tu pecho, y tú bajabas las manos por su espalda hasta rozar el borde de su vestido. Ella no se apartaba; al contrario, gemía bajito al ritmo, mordiéndose el labio. "Ven, vamos por otro trago", te dijo, jalándote de la mano hacia una esquina más oscura del antro. Ahí, entre sombras y humo de máquina, se besaron por primera vez. Sus labios carnosos sabían a sal y deseo, su lengua juguetona explorando tu boca con hambre. Tus manos se colaron bajo el vestido, sintiendo la piel suave de sus muslos, subiendo hasta encontrar sus calzones húmedos. Pinche mojada ya, pensaste, mientras ella te apretaba la verga por encima del pantalón, masajeándola con maña.

El beso se volvió feroz, dientes chocando, saliva mezclándose. "Quiero probar algo contigo", murmuró ella contra tu cuello, lamiendo el sudor salado. "Algo que no he hecho antes. ¿Te animas, como dice la rola?". Tú asentiste, el pulso latiéndote en las sienes, el corazón tronando más fuerte que los subwoofers. Salieron del antro tomada de la mano, el aire fresco de la noche mexicana golpeándolos como una bendición. Tomaron un Uber hasta su depa en la Condesa, un lugar chulo con vista a los árboles y luces de la ciudad. En el camino, no paraban de tocarse: ella te manoseaba el bulto, tú le chupabas los dedos, oliendo su esencia íntima que ya impregnaba el ambiente.

Adentro, prendieron las luces tenues y pusieron Spotify en el bocina. "Pon Skrillex and Alvin Risk try it out", pidió ella, quitándose el vestido de un jalón. Quedó en bra y tanga, sus pezones duros marcándose bajo la tela negra. Tú te desvestiste rápido, tu verga saltando libre, venosa y palpitante. Ella se arrodilló, mirándote con ojos de fuego. "Déjame probarte primero", dijo, y te la metió a la boca de un trago. El calor húmedo de su garganta te hizo gemir, sus labios estirándose alrededor de tu grosor, la lengua girando en la cabeza sensible. Saboreaba tu precum salado, chupando con succión que te hacía temblar las rodillas.

¡Qué rica mamada, carnal! Esta morra sabe lo que hace
, rugía tu mente mientras le agarrabas el pelo.

La levantaste y la llevaste a la cama king size, sus nalgas rebotando al caminar. La acostaste boca arriba, besando cada centímetro de su piel: el cuello perfumado, las tetas firmes con areolas oscuras, lamiendo los pezones hasta que se quejaba de placer. Bajaste al ombligo, inhalando el aroma almizclado de su entrepierna. Le quité la tanga, revelando su panocha depilada, hinchada y brillante de jugos. "Prueba esto", le dijiste, metiendo la lengua en sus labios mayores. Ella arqueó la espalda, gritando "¡Sí, así, cabrón!", mientras saboreabas su miel dulce y tangy, chupando el clítoris hinchado como un botón de fuego. Sus muslos te aprisionaban la cabeza, temblando con cada lamida profunda.

La tensión era insoportable ahora. Ella rodó encima tuyo, montándote a horcajadas, frotando su coño mojado contra tu verga dura como fierro. "Quiero intentar algo nuevo", jadeó, escupiendo en su mano y lubricando tu ano con saliva tibia. Tú te sorprendiste, pero el deseo te nublaba.

¿Anal? ¿En serio? Órale, vamos a ver qué pedo
. Ella se posicionó, guiando tu punta hacia su culito virgen, apretado y rosado. Bajó despacio, gimiendo de dolor y placer, el esfínter cediendo centímetro a centímetro. El calor apretado te volvía loco, como un guante de terciopelo vivo estrujándote. "¡Despacio, amor! ¡Pero no pares!", suplicó, mientras el ritmo de la rola en fondo marcaba el vaivén.

Empezaron a moverse, ella rebotando cada vez más rápido, sus chichis saltando hipnóticos. Tú le pellizcabas las nalgas, abriéndolas para meter más profundo, el slap de piel contra piel resonando con los drops electrónicos. Sudor chorreaba de ambos, mezclándose en charcos salados. Ella se tocaba el clítoris, acelerando su orgasmo, y tú sentías el tuyo subir desde las bolas. "¡Me vengo, pinche rico!", aulló ella primero, convulsionando alrededor de tu verga, sus paredes internas pulsando como un latido. Eso te empujó al borde: embestiste fuerte, vaciando chorros calientes dentro de su culo, gruñendo como bestia.

Colapsaron juntos, jadeantes, el cuerpo de ella temblando sobre el tuyo. El olor a sexo impregnaba la habitación: semen, sudor, su esencia dulce. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Fue increíble probarlo así", murmuró ella, acariciándote el pecho. Tú la abrazaste, sintiendo su calor residual.

Quién iba a decir que una rola como Skrillex y Alvin Risk try it out nos llevaría aquí. Chido total
. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero en esa cama, habían encontrado un pedazo de paraíso consensual, empoderados en su exploración mutua. Se durmieron enredados, con la promesa de más noches locas.

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