Deseando al Dueño del Blue Tri Bully
Estaba yo caminando por el parque de Chapultepec un sábado soleado, de esos que te hacen sentir viva con el aire fresco rozando la piel y el olor a jacarandas flotando por todos lados. Llevaba mi tenis cómodos y un short chiquito que me hacía sentir mamacita total, neta. De repente, veo a este wey impresionante paseando a su perro, un blue tri bully bien fornido, con ese pelaje azul grisáceo mezclado con blanco y café que brillaba bajo el sol. El perro iba con la lengua de fuera, moviendo la cola como loco, y el tipo... ay, el tipo era puro músculo, camisa ajustada marcando pectorales que parecían tallados en piedra, jeans que abrazaban unas piernas gruesas y un culo que pedía a gritos ser tocado.
Me quedé clavada mirándolos. El blue tri bully se acerca a mí, olfateándome las piernas con su hocico húmedo y cálido. Sentí un cosquilleo que me subió por las pantorrillas hasta el estómago.
¿Qué pedo, Ana? ¿Ya te estás mojando por un perro y su dueño?pensé, riéndome bajito. El wey se acercó rápido, con una sonrisa pícara que mostraba dientes blancos perfectos.
—Perdón, carnala, Blue se emociona con las chavas guapas como tú —dijo con voz grave, ronca, como si fumara cigarros finos. Olía a colonia cara mezclada con un toque de sudor masculino que me revolvió las tripas.
—No hay pedo, wey. Está bien chido tu blue tri bully. ¿Cómo se llama? —le contesté, agachándome a rascarle las orejas al perro. La piel del animal era suave, áspera en los dobleces, y su calor se transmitía directo a mis dedos.
—Blue, obvio. Soy Marco, por cierto. ¿Y tú, reina?
Ana, le dije, y de ahí platicamos. Resulta que Marco era entrenador personal, por eso el cuerpo de atleta que tenía, y Blue era su compañero inseparable, un blue tri bully puro, importado de Estados Unidos. Charlamos de todo: del gym, de la comida callelucas que extrañaba, de cómo el perro lo sacaba a correr todas las mañanas. Sentía su mirada recorriéndome el cuerpo, deteniéndose en mis tetas y en mis muslos. Mi corazón latía fuerte, como tambor en fiesta, y entre las piernas ya notaba esa humedad traicionera empapando mis panties.
Acto uno completo: la chispa ya estaba prendida.
Me invitó a su casa, que estaba cerca, en Polanco, un depa moderno con vistas al skyline. "Para que conozcas mejor a Blue", dijo guiñándome el ojo. Neta, no pude decir que no. En el camino, en su camioneta, el blue tri bully iba atrás, jadeando feliz, y Marco ponía música de rock en español, tipo Caifanes, con el volumen bajo para platicar. Su mano rozó mi rodilla "sin querer", y juro que un rayo me recorrió el espinazo.
Este wey me va a chingar rico, lo presiento, me dije, mordiéndome el labio.
Llegamos y entramos. El lugar olía a limpio, con toques de cuero y café recién molido. Blue se tiró en su cama enorme en la sala, ronroneando como motor. Marco me ofreció una chela fría, y nos sentamos en el sofá de piel suave que crujía bajo nuestro peso. Estábamos cerca, demasiado. Sus ojos cafés me devoraban, y yo sentía mi pezón endureciéndose contra el brasier.
—Neta, desde que te vi con Blue, no pude dejar de pensar en lo rica que se veías —murmuró, acercándose. Su aliento cálido olía a menta y deseo.
Le sonreí, juguetona. —¿Y qué piensas hacer al respecto, pendejo? —le reté, mi voz saliendo ronca.
Ahí empezó la escalada. Me besó despacio al principio, labios carnosos probando los míos, lengua explorando con maestría. Sabía a chela y a hombre. Sus manos grandes subieron por mis muslos, apretando la carne suave, y yo gemí bajito contra su boca. El sonido de nuestros besos húmedos llenaba la sala, mezclado con el jadeo lejano de Blue durmiendo. Me quitó la blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco del AC, y chupó un pezón con hambre, la barba incipiente raspando delicioso mi piel sensible. ¡Qué chingón! Arqueé la espalda, enterrando los dedos en su cabello negro y espeso.
Pero no fue solo físico. Marco me susurraba cosas al oído: "Eres tan deliciosa, Ana, me traes loco como a Blue con un hueso". Yo le confesé que siempre me habían gustado los tipos fuertes como él, dueños de blue tri bully que saben dominar sin ser babosos. Hablamos de fantasías mientras sus dedos bajaban mi short, rozando mi panocha ya empapada.
Esto es mutuo, puro fuego consensual, y lo estoy gozando a madres.
Lo empujé al sofá, desabrochando su cinturón. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, con una gota de precum brillando en la punta. Olía a macho puro, ese aroma almizclado que te hace salivar. La lamí despacio, saboreando la sal de su piel, sintiendo cómo palpitaba en mi boca. Marco gruñía, "¡Qué rica mamada, nena!", sus caderas moviéndose sutil. Le metí la lengua en el frenillo, chupando hasta la garganta, mis jugos corriendo por mis muslos.
La tensión subía como olla exprés. Me levantó como pluma, llevándome a su cuarto. La cama king size nos esperaba, sábanas frescas de algodón egipcio. Me tendió boca arriba, besando mi cuello, bajando por el ombligo hasta mi clítoris hinchado. Su lengua era mágica, lamiendo círculos, succionando mi botón con labios suaves. Grité, "¡No pares, cabrón!", mis uñas clavándose en sus hombros anchos. El olor de mi arousal llenaba el aire, dulce y pecaminoso, mezclado con su sudor.
Middle act peaking: el clímax psicológico y físico a punto de explotar.
Me volteó a cuatro patas, su verga rozando mi entrada húmeda. —¿Quieres que te chupe la verga entera, Marco? —jadeé, empujando contra él.
—"Sí, mamacita, métetela toda" —respondió, embistiéndome lento al inicio. Sentí cada centímetro estirándome, llenándome hasta el fondo. El slap de piel contra piel resonaba, mis tetas balanceándose, su mano en mi cadera apretando fuerte pero cuidadoso. Aceleró, follándome profundo, su saco golpeando mi clítoris. Sudábamos, cuerpos resbalosos uniéndose en frenesí.
Siento su pulso en mis paredes, latiendo conmigo, puro éxtasis.
Cambié de posición, montándolo. Sus ojos fijos en los míos, manos en mis caderas guiándome. Rebotaba fuerte, mi panocha tragando su verga, jugos chorreando por sus bolas. Él pellizcaba mis pezones, y yo me vine primero, un orgasmo que me sacudió entera, chillando su nombre, el mundo explotando en luces y temblores. Marco gruñó, tensándose, y se corrió dentro, chorros calientes pintando mis paredes, su semen goteando cuando salí.
Nos derrumbamos, jadeando, cuerpos enredados. Blue ladró afuera, como aplaudiendo. Olía a sexo puro, semen y sudor, delicioso. Marco me besó la frente, "Eres increíble, Ana. ¿Repetimos con Blue de testigo?" Reí, acurrucándome en su pecho velludo, sintiendo su corazón galopando contra mi mejilla.
Después, en la afterglow, platicamos abrazados. Me contó cómo Blue lo ayudó a superar una ruptura, siendo su bully fiel. Yo le dije que nunca había sentido tal conexión tan rápido. Nos duchamos juntos, agua caliente lavando el sudor, manos explorando de nuevo pero tiernas. Salimos a comer tacos de suadero en la esquina, riendo como viejos amantes, con el blue tri bully trotando feliz a nuestro lado.
Esto no fue solo un polvo; fue el inicio de algo chingón. Caminamos de regreso al parque, mano en mano, el sol poniéndose en naranjas y rosas, prometiendo más noches de pasión con el dueño del blue tri bully que me robó el corazón... y el cuerpo.