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La reunion ardiente de Digimon Adventure Tri

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La reunion ardiente de Digimon Adventure Tri

Tú llegas al gran salón del hotel en el corazón de la Ciudad de México, el aire cargado con el olor a café recién molido y el zumbido emocionado de los fans. Es la Digimon Adventure Tri reunión, ese evento que todos los ex-DigiDestined esperaban desde hace años. Han pasado diez años desde aquellos días locos en el mundo digital, y ahora, con 28 años, sientes esa mezcla de nostalgia y algo más... un cosquilleo en la piel que no tiene nada que ver con los recuerdos de batallas épicas.

Te ajustas el vestido rojo ceñido que resalta tus curvas maduras, el tejido suave rozando tus muslos con cada paso. El sonido de risas y saludos llena el lugar, pero tus ojos buscan solo uno: Taichi. Ese wey pendejo que siempre te volvía loca, con su sonrisa de líder y ese cuerpo atlético que ahora, neta, debe estar aún más chingón. Lo ves al fondo, platicando con unos fans, su camisa negra pegada al pecho musculoso por el calor del salón.

Tu corazón late fuerte, un tamborileo que sientes en las sienes.

¿Y si esta vez pasa algo? Ya no somos unos morrillos, somos adultos, libres para lo que queramos.
Te acercas, el aroma de su colonia varonil te golpea antes que su mirada. "¡Sora! ¡No mames, qué chida verte!", dice él, abrazándote fuerte. Su cuerpo duro contra el tuyo, el calor de sus manos en tu espalda baja, envía una descarga eléctrica directo a tu entrepierna. Hueles su sudor limpio mezclado con esa esencia masculina que te hace mojar las panties sin querer.

Platican de la Digimon Adventure Tri reunión, de cómo los Digimon han crecido tanto como ellos, pero el roce casual de su brazo contra tu seno te distrae. Sientes tus pezones endureciéndose bajo la tela, un pinchazo delicioso. "Oye, ¿vamos por un trago? Hay un bar arriba que está cañón", propone él, su voz ronca rozando tu oído. Asientes, la tensión ya palpable, como un elástico a punto de romperse.

En el ascensor, solos, el silencio es espeso. Su aliento cálido cerca de tu cuello, el ding del piso rompiendo el momento. En el bar, luces tenues, música suave de fondo. Piden tequilas, el líquido ardiente bajando por tu garganta, calentándote por dentro. "Sabes, en Tri siempre quise decirte algo", confiesa Taichi, sus ojos oscuros clavados en los tuyos.

Neta, este pendejo me pone como nunca. Quiero sentirlo ya.
Su mano roza la tuya sobre la mesa, un toque que quema, enviando ondas de placer a tu clítoris palpitante.

La plática fluye, risas sobre batallas pasadas, pero el deseo crece. Sientes tu panocha húmeda, el roce de tus labios mayores hinchados contra la tela. Él se inclina, su aliento en tu oreja: "Vamos a mi cuarto, Sora. No aguanto más verte así de rica". Tu pulso se acelera, un sí escapa tus labios entre jadeos. El pasillo parece eterno, sus manos en tu cintura guiándote, el sonido de sus pasos sincronizados con tu respiración agitada.

La puerta se cierra con un clic, y explota todo. Taichi te empuja contra la pared, sus labios devorando los tuyos con hambre. Su lengua invade tu boca, sabe a tequila y a hombre desesperado, un sabor salado y dulce que te hace gemir. Sus manos recorren tu cuerpo, amasando tus nalgas firmes, el vestido subiendo por tus muslos. Sientes su verga dura presionando tu vientre, gruesa y pulsante, prometiendo placer.

"Eres tan chingona, Sora. Siempre lo fuiste", murmura contra tu piel, mordisqueando tu cuello. El olor de su arousal te envuelve, almizclado y potente. Tus uñas se clavan en su espalda, rasgando la camisa. Lo jalas al baño primero, el vapor del agua caliente llenando el aire mientras se desnudan. Su cuerpo desnudo es una obra maestra: pectorales duros, abdomen marcado, esa verga venosa erguida, goteando precum cristalino.

Te arrodillas, el piso frío contra tus rodillas, pero no importa. La tomas en la mano, piel suave sobre acero, el calor irradiando. La lames desde la base, saboreando el salado de su piel, el gemido ronco de Taichi resonando en el baño. "¡No mames, qué mamada tan rica!" Chupas la cabeza, succionando, tu lengua girando alrededor del frenillo. Él agarra tu cabello, guiando sin forzar, el ritmo building tu propia excitación. Tu concha chorrea, el jugo resbalando por tus muslos.

Te pone de pie, te besa mientras sus dedos exploran tu sexo. Encuentra tu clítoris hinchado, lo masajea en círculos, haciendo que tus rodillas flaqueen. "Estás empapada, wey. Te quiero ya". En la cama king size, sábanas frescas contra tu espalda ardiente. Él se hunde entre tus piernas, su lengua lamiendo tu raja abierta, saboreando tu miel dulce y espesa. El sonido húmedo de su festín, chup chup, te vuelve loca.

Su boca es el paraíso, siento que voy a explotar.
Arcúas la espalda, tus pechos rebotando, pezones duros como piedras.

La tensión sube, tus caderas moliendo contra su cara, el olor de sexo impregnando la habitación. "¡Cógeme, Taichi! ¡Métemela ya, pendejo!" gritas, voz quebrada. Él se posiciona, la punta de su verga rozando tu entrada resbaladiza. Empuja lento, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. El ardor placentero, lleno por completo, su pubis contra tu clítoris. Gime, "¡Qué apretada estás, neta me vas a matar!"

Empieza a bombear, lento al principio, cada embestida un choque de carne húmeda, slap slap slap. Sientes cada vena, el glande golpeando tu cervix profundo. Tus paredes lo aprietan, masajeándolo. Sudor perla sus músculos, goteando en tus tetas. Las chupas sus hombros salados, mordiendo suave. Acelera, la cama cruje, tus gemidos se mezclan con los suyos.

Esto es mejor que cualquier aventura digital, puro fuego carnal.

Cambian posiciones, tú encima, cabalgándolo como amazona. Tus nalgas rebotan contra sus muslos, el sonido obsceno llenando el aire. Agarras sus manos en tus pechos, pellizcando pezones. Él empuja desde abajo, profundo, golpeando tu punto G. El orgasmo se acerca, un nudo apretándose en tu vientre. "¡Me vengo, cabrón! ¡No pares!" Explosión: ondas de placer sacudiendo tu cuerpo, chorros de squirt empapando su verga y sábanas. Él gruñe, "¡Yo también, Sora!" Sientes su leche caliente inundándote, pulso tras pulso, llenándote hasta rebosar.

Colapsan juntos, jadeos entrecortados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su brazo alrededor de tu cintura, besos suaves en tu frente. El aroma de sexo satisfecho flota, mezclado con sus cuerpos exhaustos. "Esta Digimon Adventure Tri reunión fue lo mejor que nos pudo pasar", susurra él, riendo bajito. Tú sonríes, el corazón lleno, un glow post-orgásmico envolviéndote.

Se duchan juntos después, agua caliente lavando el sudor, manos explorando perezosamente. En la cama de nuevo, envueltos en sábanas, platican del futuro.

Esto no es el fin, es el inicio de algo chido, carnal y real.
La noche se cierra con su respiración rítmica a tu lado, el mundo digital olvidado por el tacto cálido de su piel contra la tuya. Mañana, la convención continúa, pero tú ya ganaste tu propia aventura.

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