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El Trio Argentino Xvideos que Enciende la Noche

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El Trio Argentino Xvideos que Enciende la Noche

Estaba en una playa chida de Cancún, de esas que brillan bajo el sol del Caribe mexicano, con el sonido de las olas rompiendo suave y el olor a salitre mezclado con coco de los cocteles. Yo, un wey de veintiocho años, moreno claro con tatuajes en los brazos y un cuerpo que cuido en el gym, tomaba una cerveza fría en el bar del hotel. La noche caía lenta, las luces de neón parpadeaban y la música reggaetón retumbaba bajito. Ahí las vi: dos argentinas, altas, curvilíneas, con piel bronceada que olía a protector solar y perfume floral. Lucían bikinis diminutos que dejaban ver sus culazos redondos y tetas firmes. Se llamaban Sofia y Camila, según se presentaron con acento porteño que me ponía la verga dura al instante.

Órale, carnal, estas morras son de otro nivel, pensé. Neta que parecen salidas de un video hot.
Me acerqué con una sonrisa pícara, ofreciéndoles unos micheladas bien frías. "Qué onda, reinas, ¿vienen a conquistar México o qué?", les dije, y ellas rieron con esa risa gutural argentina que vibra en el pecho. Sofia, la morocha de ojos verdes y labios carnosos, me tocó el brazo, su uña roja rozando mi piel y enviando chispas directas a mi entrepierna. Camila, rubia platinada con piercing en el ombligo, se pegó a mi otro lado, su muslo suave presionando el mío bajo la barra.

Charlamos de todo: de Buenos Aires, de tacos al pastor que las volvían locas, de cómo México las hacía sentir libres. El deseo crecía como la marea, sus miradas coquetas, el roce casual de sus pechos contra mi pecho cuando se reían. "Sabés qué, guacho", dijo Sofia, su aliento cálido con sabor a limón en mi oreja, "nosotras vimos un argentina trio xvideos anoche y nos dio una idea loca". Mi pulso se aceleró. "¿Ah sí? ¿Y qué onda?", pregunté, fingiendo calma mientras mi verga palpitaba en los shorts.

La tensión inicial era palpable, como el calor húmedo antes de la lluvia. Fuimos a mi suite en el hotel, un lugar con vista al mar, cama king size y jacuzzi burbujeante. El aire acondicionado zumbaba suave, contrastando con el bochorno de sus cuerpos pegados al mío en el elevador. Camila sacó su celular y puso un video: argentina trio xvideos, con gemidos en español rioplatense que llenaron la habitación. "Mirá, justo como esto", murmuró Sofia, mientras sus manos bajaban por mi pecho, desabotonando mi camisa. Olía a vainilla y sudor dulce, su piel caliente contra la mía.

En el medio del acto, la cosa escaló chido. Me senté en la cama, ellas de rodillas frente a mí, besándome el cuello con lenguas húmedas que sabían a tequila y miel.

Neta, wey, esto es un sueño, no la cagues, disfruta cada segundo
, me dije mientras Sofia me bajaba los shorts, liberando mi verga tiesa, venosa, goteando precum. "¡Qué pinga grosa, che!", exclamó Camila, lamiendo la punta con su lengua plana, el sabor salado invadiéndola mientras gemía bajito. Sofia se unió, chupando mis huevos peludos, succionando con fuerza que me hacía arquear la espalda. El sonido era obsceno: slurp slurp, saliva chorreando por mi tronco, sus tetas rebotando al ritmo.

Las subí a la cama, quitándoles los bikinis con dientes, exponiendo pezones rosados duros como piedras. Sofia tenía un tatuaje de rosa en la cadera, Camila un corazón en la nalga. Las besé por todo el cuerpo: el olor almizclado de sus axilas, el sabor ácido de sus pezones, el roce sedoso de sus muslos internos. "Dale, papi mexicano, hacenos gozar", suplicó Camila, abriendo las piernas para mostrar su panocha depilada, hinchada y mojada, labios mayores relucientes. Metí dos dedos, sintiendo el calor viscoso apretándome, su clítoris palpitante bajo mi pulgar. Ella se retorcía, uñas clavadas en mis hombros, gritando "¡Sí, boludo, así!".

Sofia no se quedaba atrás, montándome la cara, su culo argentino perfecto ahogándome en jugos dulces y salados. Lamí su ano fruncido primero, luego su raja chorreante, el sabor intenso a mujer excitada llenándome la boca. El corazón me latía como tambor de banda sinaloense, el sudor nos unía en una piel resbalosa. Cambiamos posiciones: yo de pie, Sofia empalada en mi verga, rebotando con tetas saltando, mientras Camila me lamía el culo desde atrás, su lengua caliente explorando mi entrada. "¡Qué rico, marica, cogeme más fuerte!", jadeaba Sofia, su voz ronca, paredes vaginales ordeñándome.

La intensidad subía como fiebre. Las puse a las dos en cuatro, alternando embestidas: primero en Camila, su coño apretado succionándome hasta las bolas, chapoteo húmedo resonando; luego Sofia, más profunda, gritando "¡La concha de tu madre, qué rico!". El olor a sexo impregnaba todo, almizcle animal mezclado con perfume caro. Mis manos amasaban sus culos, nalgueándolos suave, dejando marcas rojas que las ponía más calientes.

Estas argentinas son fuego puro, carnal, nunca había sentido tanto placer
, pensaba, el orgasmo construyéndose en mis huevos hinchados.

Ellas se besaban entre sí, lenguas enredadas, gemidos compartidos, empoderadas en su lujuria compartida. "Vamos a venir juntas, guacho", ordenó Sofia, frotando el clítoris de Camila mientras yo la taladraba. El clímax llegó como tormenta: Camila primero, convulsionando, chorro caliente salpicándome las piernas, gritando "¡Me vengo, la puta madre!". Sofia la siguió, su coño estrujándome, ordeñándome hasta que exploté dentro, semen espeso llenándola, chorros calientes mientras rugía como león. Me corrí tanto que goteaba por sus muslos, el placer cegador, pulsos en la verga vaciándose.

En el afterglow, caímos enredados en sábanas húmedas, el ventilador zumbando sobre nosotros. Sudor secándose en pieles entrelazadas, el mar rugiendo afuera como aplauso. Sofia me besó la frente, "Gracias, mexicano, fuiste un dios del sexo". Camila acurrucada en mi pecho, su corazón latiendo contra el mío.

Neta que esto cambia todo, wey, un trio argentino xvideos hecho realidad
, reflexioné, saboreando el lingering aroma a corrida y panochas satisfechas. Nos dormimos así, con promesas de más noches, el deseo no apagado sino avivado, listos para repetir en esta playa mexicana que ahora era nuestra.

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