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Funny Animal Videos Try Not To Laugh Mientras Nos Desnudamos

6588 palabras

Funny Animal Videos Try Not To Laugh Mientras Nos Desnudamos

Estás recostada en el sillón de nuestra departamentito en la Roma, con las luces bajas y el olor a palomitas recién hechas flotando en el aire. Yo, tu carnal, tu wey de tantos años, me siento a tu lado con la laptop en las piernas. Neta, qué chido estar así de relax un viernes por la noche, piensas mientras te acomodas, sintiendo el roce suave de tu short de algodón contra la piel de tus muslos. Afuera, el ruido de los coches en Insurgentes se oye lejano, como un murmullo que no molesta.

"Órale, amor, ¿vamos a ver unos funny animal videos try not to laugh?", te digo con una sonrisa pícara, abriendo YouTube. Tú asientes, emocionada, porque sabes que estos videos siempre nos sacan carcajadas. "Pero con reto, ¿eh? El que se ría primero, pierde una prenda". Tus ojos brillan con picardía, y sientes un cosquilleo en el estómago, esa tensión juguetona que siempre precede a algo más caliente.

Empezamos el primero: un gatito resbalándose en el piso mojado, tropezando como pendejo. Tú aprietas los labios, conteniendo la risa, pero yo suelto una risita disimulada. "¡Perdiste, cabrón!", gritas triunfante, y yo me quito la playera, dejando ver mi pecho bronceado por las tardes en el parque. El aire fresco roza mi piel, y tú sientes un calor subiendo por tu cuello al mirarme.

¡Qué rico se ve, con esos músculos que me vuelven loca!
Piensas, mordiéndote el labio.

El siguiente video: un perrito tratando de atrapar su cola, dando vueltas como trompo. Esta vez eres tú la que no aguanta, y estallas en risas, tapándote la boca. "¡Ja! Te toca, preciosa". Te quitas la blusa, revelando tu sostén negro de encaje que abraza tus tetas perfectas. El aroma de tu perfume, mezclado con el sudor ligero de anticipación, me llega directo al cerebro. Mi verga ya empieza a endurecerse bajo el pantalón, palpitando con cada mirada que te echo.

La tensión sube con cada video. Un loro imitando a un humano tosiendo, un koala cayéndose de un árbol como borracho. Nos reímos por turnos, quitándonos calcetines, shorts, hasta que quedamos en ropa interior. Tú sientes el sillón mullido contra tu nalga desnuda, el aire acondicionado erizando tus pezones bajo el encaje. Yo huelo a jabón y a hombre, ese olor que te hace mojar las panties. "Otro más, el que pierda... lo que sea que el ganador pida", propones con voz ronca, tus pupilas dilatadas.

Aparece un hamster inflando las mejillas como globo, y neta, no aguantamos ninguno. Risas incontrolables llenan la sala, cuerpos temblando pegados uno al otro. Tus tetas rozan mi brazo, y siento el calor de tu piel, suave como seda. Ya no es solo risa, es deseo puro, pasa por tu mente mientras mi mano roza tu muslo accidentalmente... o no tanto.

El reto se transforma. Pausamos el video, pero la energía juguetona no para. Te jalo hacia mí, nuestros cuerpos chocando con un plaf suave. Tus labios encuentran los míos en un beso hambriento, saboreando el salado de las palomitas y el dulce de tu saliva. Mis manos recorren tu espalda, desabrochando el sostén con un chasquido. Tus tetas se liberan, pezones duros como piedras rozando mi pecho. "Qué chingonas estás, mi amor", murmuro contra tu cuello, inhalando tu aroma a vainilla y excitación.

Tú gimes bajito, un sonido que vibra en mi alma. Tus dedos se clavan en mis hombros, uñas pintadas de rojo dejando marcas leves. Bajamos al piso, alfombra persa amortiguando el golpe. Te recuesto boca arriba, y mis labios bajan por tu clavícula, lamiendo la sal de tu piel. Sientes mi aliento caliente en tu ombligo, cosquilleando, mientras mis manos bajan tus panties empapadas. El olor a tu coño mojado me enloquece, almizclado y dulce como miel.

¡Pinche wey, me tiene al borde ya!
Piensas, arqueando la espalda cuando mi lengua toca tu clítoris. Lamidas lentas, círculos suaves, saboreando tus jugos que saben a pecado. Tus muslos tiemblan, envolviéndome la cabeza, y el sonido de tus gemidos ahogados mezcla con el tráfico lejano. "Más, cabrón, no pares", suplicas, voz entrecortada. Mi verga duele de tan dura, goteando pre-semen en mi bóxer.

Te volteo, poniéndote a cuatro patas, nalga en pompa invitándome. El slap de mi mano en tu culo resuena, rojo marcado en piel clara. "Intenta no reírte ahora, ¿eh?", bromeo, y tú ríes nerviosa, pero se convierte en un jadeo cuando arranco mi bóxer y mi pija roza tu entrada. Empujo despacio, centímetro a centímetro, sintiendo tus paredes calientes apretándome como guante. "¡Qué rico tu chochito, tan apretadito!", gruño, y tú respondes con un "¡Cógeme duro, amor!".

El ritmo sube, embestidas profundas haciendo que tus tetas reboten. Sudor perla en nuestras frentes, goteando, mezclándose. El sonido de carne contra carne, plap plap plap, llena la habitación, junto a tus gritos: "¡Sí, así, pendejo delicioso!". Sientes cada vena de mi verga frotando tu interior, el glande golpeando ese punto que te hace ver estrellas. Mi mano baja a tu clítoris, frotando en círculos, y el olor a sexo impregna todo, espeso y adictivo.

La intensidad crece. Te volteo de nuevo, misionero, para verte la cara. Tus ojos vidriosos, boca abierta en éxtasis. "Te amo, mi reina", digo, besándote mientras acelero. Tus piernas se enredan en mi cintura, talones clavándose en mi espalda. El clímax se acerca como ola: tu coño se contrae, ordeñándome, y gritas "¡Me vengo, chingado!". Olas de placer te recorren, jugos chorreando por tus muslos.

Yo no aguanto más. Tres embestidas brutales y exploto dentro de ti, semen caliente llenándote, pulso tras pulso. Gemidos roncos, cuerpos temblando pegados. Colapso sobre ti, pesados, sudados, el corazón latiéndonos como tambores.

Minutos después, recostados en la alfombra, risas suaves regresan. "Esos funny animal videos try not to laugh nos prendieron cañón, ¿verdad?", digo, acariciando tu pelo revuelto. Tú asientes, piel erizada aún por las réplicas. El aroma a sexo y palomitas se mezcla con el fresco de la noche entrando por la ventana.

Esto es lo mejor del mundo, mi wey y yo, riendo y follando sin drama
, piensas, acurrucándote en mi pecho.

Nos levantamos despacio, piernas flojas, y volvemos al sillón. Ponemos otro video, pero ya no hay reto; solo caricias perezosas, besos lentos. La noche se alarga, prometiendo más rondas, más risas, más placer. En este momento, todo es perfecto, puro y nuestro.

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