Para Que Sirve El Bedoyecta Tri En La Cama
Me sentía como un trapo viejo esa mañana. El trabajo en la oficina me había chingado la energía, y ni hablar de las noches solitarias en mi depa en Polanco. Tenía veintiocho años, un cuerpo que todavía volvía cabezas en la calle, pero andaba con las pilas muertas. Mi carnala Lupe, que siempre anda en el gym y comiendo suplementos como si fueran dulces, me mandó un mensaje: "Órale, prima, agarra Bedoyecta Tri, te va a revivir". Le contesté: "¿Para qué sirve el Bedoyecta Tri?". Me explicó que eran vitaminas B pa' los nervios y la energía, pero yo, pendeja, pensé que igual y me ayudaba con el bajón que traía en la cama. Total, que fui a la farmacia, compré la caja y me clavé la primera inyección esa misma tarde. El pinchazo dolió un chorro, pero al rato sentí un cosquilleo caliente subiéndome por las venas, como si mi cuerpo despertara de un letargo.
Esa noche tenía cita con Marco, mi morro desde hace tres meses. Él era alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me hacía mojarme nomás de verlo. Llegó a mi depa con una botella de tequila reposado y unos tacos de suadero de la esquina. "¿Cómo ves, mi reina? Te traje cena fina", dijo mientras me abrazaba por la cintura, su aliento oliendo a menta y a hombre. Yo me recargué en su pecho, sintiendo el calor de su piel a través de la camisa. El Bedoyecta ya hacía de las suyas; mi corazón latía fuerte, y entre las piernas sentía un hormigueo que no era normal. Cenamos en el balcón, con las luces de la ciudad parpadeando abajo, el tráfico zumbando como un rugido lejano. Hablamos pendejadas, nos reímos de los weyes del trabajo, pero yo no podía quitarme de la cabeza esa energía bullendo dentro de mí.
Después de los tacos, nos echamos en el sofá. Marco me besó el cuello, suave al principio, mordisqueando la piel con los dientes. "Estás rarísima hoy, más caliente que nunca", murmuró, su mano bajando por mi blusa hasta apretarme la chichi. Yo gemí bajito, el sonido saliendo ronco de mi garganta. Mi piel ardía bajo sus dedos, cada roce como electricidad. Lo jalé hacia mí, besándolo con hambre, mi lengua explorando su boca, saboreando el tequila dulce y salado de su saliva. "¿Para qué sirve el Bedoyecta Tri?", pensé de repente, mientras él me quitaba la blusa. Neta, pa' esto, me contesté sola, riéndome por dentro.
Lo empujé al sillón y me subí encima, mis jeans rozando su entrepierna dura. Sentí su verga palpitando contra mí, gruesa y lista. Me quité el brasier despacio, dejando que mis tetas rebotaran libres, los pezones duros como piedras. Marco los miró con ojos de lobo hambriento, lamiéndose los labios. "Chíngame, qué ricas", gruñó, y se lanzó a mamarlas. Su boca caliente succionando, la lengua girando alrededor del pezón, enviando ondas de placer directo a mi clítoris. Yo arqueé la espalda, oliendo mi propio aroma de excitación mezclándose con su sudor masculino, ese olor terroso que me volvía loca.
La tensión crecía como una tormenta. Mis manos bajaron a su cinturón, lo desabroché con dedos temblorosos de pura urgencia. Saqué su verga, venosa y tiesa, la piel suave y caliente en mi palma. La apreté, masturbándolo lento, sintiendo cómo latía, cómo se hinchaba más. Marco jadeaba, su pecho subiendo y bajando rápido, el aire lleno de nuestros resuellos. "No mames, mi amor, me vas a hacer acabar ya", dijo entre dientes. Yo sonreí, pendeja de poder, y me bajé los jeans, quedándome en tanga empapada. La tela se pegaba a mi panocha hinchada, el olor almizclado subiendo hasta nosotros.
¿Por qué carajos me siento así de viva? Ese pinche Bedoyecta Tri me tiene como leona en celo. Quiero que me coja hasta que grite.
Lo monté despacio, frotando mi raja mojada contra su tronco, lubricándonos mutuo. El glande rozaba mi clítoris, chispas de placer explotando en mi vientre. Marco agarró mis nalgas, amasándolas fuerte, sus uñas clavándose un poquito, el dolor dulce mezclándose con el gozo. "Ya métetela, no aguanto", suplicó. Yo bajé de golpe, su verga abriéndose paso dentro de mí, llenándome hasta el fondo. ¡Qué madre! El estirón ardiente, las paredes de mi coño apretándolo como guante. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes, mientras empezaba a cabalgarlo.
El ritmo se aceleró. Mis caderas subiendo y bajando, piel contra piel chapoteando húmeda. Sudábamos a chorros, el sudor resbalando por mi espalda, goteando en su pecho. Él empujaba arriba, clavándosela profundo, golpeando ese punto que me hacía ver estrellas. "¡Sí, así, cabrón! Más fuerte", le gritaba, mis uñas arañando su pecho. El aire olía a sexo puro: jugos, sudor, esa fragancia cruda de cuerpos en fusión. Mi clítoris rozaba su pubis con cada bajada, acumulando placer como una ola gigante.
Pero no quería acabar todavía. Bajé del sillón, jalándolo al piso. Me puse en cuatro, empinándome como perra en brama. Marco se arrodilló atrás, escupiendo en mi raja pa' lubricar más. Su verga entró de un estocón, el choque de sus bolas contra mi clítoris mandándome al cielo. Me cogía brutal pero cariñoso, una mano en mi cadera, la otra pellizcando mi pezón. Yo me mecía contra él, el piso frío contra mis rodillas contrastando con el fuego interno. "Estás empapada, mi reina, tu panocha me chupa la verga", jadeaba él, su voz ronca de esfuerzo.
La intensidad subía, mis muslos temblando, el orgasmo acechando. Sentía cada vena de su pija frotando mis paredes, el glande besando mi cervix. Grité su nombre, el placer rompiéndome en mil pedazos. Mi coño se contrajo alrededor de él, ordeñándolo, chorros de jugo salpicando. Marco rugió, clavándose hasta el fondo, y sentí su leche caliente inundándome, pulsos y pulsos de semen cremoso.
Colapsamos juntos, jadeando como perros después de correr. Su peso sobre mí era delicioso, su verga ablandándose dentro, nuestro sudor pegándonos. Me volteó, besándome lento, lenguas perezosas ahora. "¿Qué te pasa hoy? Estuviste de poca madre", murmuró, acariciándome el pelo húmedo. Yo reí bajito, oliendo su cuello salado. "Es el Bedoyecta Tri, wey. Para eso sirve, pa' cogidas épicas". Él se carcajeó, abrazándome fuerte.
Nos quedamos así un rato, el corazón latiendo en sintonía, el depa en silencio salvo por el zumbido del refri lejano. Me sentía plena, empoderada, como si hubiera descubierto un secreto. Esa inyección no solo revivió mi energía; despertó la fiera que traía adentro. Marco se durmió primero, su respiración profunda arrullándome. Yo miré el techo, sonriendo. Neta, ¿para qué sirve el Bedoyecta Tri? Pa' noches como esta, pa' sentirte viva hasta los huesos.