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Intenta No Respirar

6926 palabras

Intenta No Respirar

El calor de la noche en Polanco te envuelve como una caricia pegajosa mientras caminas por la calle empedrada. Las luces de los restaurantes brillan tenues, y el aroma a tacos al pastor y mezcal flota en el aire. Tú, con ese vestido negro ajustado que resalta tus curvas, sientes las miradas de los transeúntes. Pero solo una te importa: la de él, Alejandro, el wey alto y moreno que conociste hace rato en el bar. Sus ojos cafés te devoran desde la mesa, y cuando te acercas, su sonrisa pícara te hace calientarte de inmediato.

"Órale, mamacita, ¿ya te vas? " dice con esa voz ronca que vibra en tu pecho. Tú te sientas a su lado, rozando su muslo con el tuyo a propósito. El roce de su pantalón de mezclilla contra tu piel desnuda bajo el vestido te eriza los vellos. "No, carnal, nomás quería ver si me invitas otro trago", respondes juguetona, mordiéndote el labio. Él ríe, pide dos tequilas reposados, y mientras el mesero los sirve, su mano se posa en tu rodilla, subiendo despacio, explorando. El pulso en tu cuello se acelera; sientes el calor de sus dedos como fuego líquido.

Conversan de pendejadas: del tráfico en Insurgentes, de cómo odian el Metro un lunes, pero el aire entre ustedes cruje de tensión. Cada sorbo de tequila quema tu garganta, y su mirada te promete cosas sucias. "¿Sabes qué juego me late? " susurra él, acercando su boca a tu oreja. Su aliento huele a agave y deseo. "Intenta no respirar. " Tú arqueas una ceja, intrigada. "¿Cómo así, wey? " Él se encoge de hombros, pero sus ojos brillan. "Ya verás, en mi depa está chido para eso. "

No tardan en salir. En su coche, un Tsuru viejo pero limpito, su mano en tu muslo sube más, rozando el encaje de tus calzones. Tú aprietas las piernas, sintiendo la humedad crecer. La ciudad pasa borrosa por la ventana: el Ángel de la Independencia guiñando, el bullicio de Reforma. Llegan a su penthouse en Lomas, con vista al bosque. El elevador sube lento, y él te acorrala contra la pared, besándote con hambre. Sus labios carnosos saben a tequila y menta; su lengua invade tu boca, y por un segundo, olvidas respirar. El ding del elevador los separa, jadeantes.

"Neta, este wey me va a volver loca," piensas mientras entran al depa. El lugar huele a sándalo y café fresco, minimalista con muebles de madera y una cama king size que invita al pecado.

Acto primero: la seducción. Él pone música de Natalia Lafourcade bajita, enciende velas que parpadean sombras en las paredes. Te quita el vestido con manos expertas, besando cada centímetro de piel expuesta. Tus pechos se liberan, pezones duros como piedras bajo su mirada. "Qué chingona estás", murmura, lamiendo tu cuello. Tú gimes suave, el sonido reverberando en la habitación. Sus manos masajean tus nalgas, apretando, y bajas la cremallera de sus jeans. Su verga salta libre, gruesa y venosa, palpitando. La tocas, sientes su calor, el pulso acelerado bajo tu palma. Él gruñe, te empuja a la cama.

El colchón se hunde suave bajo tu peso. Alejandro se arrodilla entre tus piernas, separándolas con gentileza. "Juguemos", dice. "Intenta no respirar mientras te como la panocha. " Tú ríes nerviosa, excitada. "¿En serio, pendejo? " Pero asientes, el reto enciende algo primal en ti. Él baja la cabeza, su aliento caliente roza tu clítoris hinchado. Inhalas profundo, retienes el aire. Su lengua toca primero, plana y húmeda, lamiendo de abajo arriba. El placer es eléctrico; tus muslos tiemblan. Sientes el sabor salado de tu propia excitación en su boca cuando te besa después. Mantienes la respiración contenida, el pecho ardiendo, el mundo volviéndose borroso en éxtasis.

Exhalas al fin, un gemido largo. "¡No mames, qué rico! " Él sonríe triunfante, repite el juego. Cada vez más intenso: dedos dentro de ti, curvándose contra tu punto G, lengua chupando tu botón. El aroma de tu arousal llena la habitación, almizclado y dulce. Tus uñas se clavan en sus hombros, dejando marcas rojas. Sudor perla su espalda morena; lo saboreas lamiendo su pecho, salado como el mar.

El medio acto sube la apuesta. Te pone a cuatro patas, la vista del skyline nocturno desde la ventana grande. Entras tú primero, montándolo. Su verga te llena, estirándote delicioso. Cabalgas lento al inicio, sintiendo cada vena rozar tus paredes. "Intenta no respirar ahora", jadea él, sentándose para besarte. Sus manos en tu cintura guían el ritmo, más rápido. El slap de piel contra piel suena rítmico, como tambores aztecas. Tu clítoris roza su pubis, chispas de placer. Contienes la respiración de nuevo, el oxígeno escaseando hace que cada embestida sea más aguda, más vívida. Estrellas explotan detrás de tus párpados cerrados.

"Siento que voy a explotar, wey. No pares, no pares," gritas en tu mente, mientras tu cuerpo traiciona el reto, jadeando entre besos.

Él te voltea, misionero profundo. Sus ojos clavados en los tuyos, sudor goteando de su frente a tu pecho. "Eres una diosa, neta", susurra, mordiendo tu labio inferior. Acelera, sus bolas golpeando tu culo. El olor a sexo crudo impregna el aire: sudor, fluidos, pasión. Tus pezones rozan su pecho peludo, fricción deliciosa. El clímax se acerca como tormenta; contienes el aliento una vez más, "intenta no respirar", el mantra que los une. Tus paredes se aprietan alrededor de él, ordeñándolo.

El final estalla. Tú llegas primero, un orgasmo que te arquea la espalda, grito ahogado escapando. Olas de placer recorren tu cuerpo, pulsos en tu coño, piernas temblando. Él gruñe, "¡Me vengo, chula! ", llenándote con chorros calientes. Colapsan juntos, entrelazados, respiraciones entrecortadas sincronizándose. Su peso sobre ti es reconfortante, su verga aún latiendo dentro. Besos suaves ahora, lenguas perezosas.

Se deslizan a la ducha. Agua caliente cae como lluvia tropical, lavando el sudor. Jabón de lavanda huele fresco contra su piel. Lo enjabonas, riendo cuando tu mano baja a su paquete semi-duro. "¿Otra ronda, pendejo? " Él te besa bajo el chorro. "Cuando quieras, mi reina. "

De vuelta en la cama, envueltos en sábanas frescas, miran las estrellas por la ventana. Tu cabeza en su pecho, escuchas su corazón calmarse.

"Esto fue más que un polvo. Neta conectamos," piensas, trazando círculos en su abdomen.
Él acaricia tu cabello. "¿Repetimos el juego pronto? " Tú sonríes. "Intenta no respirar sin mí. "

La noche se funde en sueños, cuerpos pegados, promesa de más retos, más placer. El amanecer pinta el cielo de rosa, y tú sabes que esto apenas empieza.

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