Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trío Colombianas en Éxtasis Trío Colombianas en Éxtasis

Trío Colombianas en Éxtasis

7293 palabras

Trío Colombianas en Éxtasis

Estaba en una fiesta playera en Cancún, de esas que arman los hoteles todo incluido para gringos y turistas con billete. El sol ya se había metido, pero el aire seguía cargado de sal y sudor, con el olor a coco de los tragos flotando por todos lados. Yo, un morro de veintiocho tacos, carnal de la buena vida, andaba platicando con unos cuates cuando las vi llegar. Tres colombianas que parecían salidas de un sueño húmedo: curvas que no acababan, piel morena brillando bajo las luces de neón, y unas risas que cortaban el ruido de las olas y la música reggaetón.

Pero espera, no eran tres para un trío loco de entrada. Dos de ellas, Sofia y Camila, se pegaron a mí como chicle, con sus ojos negros diciéndome ven pa'cá, pendejo. La tercera, su amiga Valentina, andaba más tímida, pero igual de rica, con un vestido que apenas tapaba sus chichis prietas. "¡Oye, guapo mexicano!", me gritó Sofia, con ese acento paisa que me ponía la verga dura al instante. "Somos de Medellín, ¿nos enseñas a bailar como se debe por acá?". Yo, que no soy ningún santo, les invité unos tequilas y arrancamos en la pista.

El calor de sus cuerpos rozándome, el roce de sus nalgas contra mi entrepierna mientras bailábamos pegaditos. Sofia olía a vainilla y algo más, como a deseo crudo. Camila me mordisqueaba la oreja susurrando "qué rico eres, papi", y Valentina nos veía con una sonrisa pícara, bebiendo su ron con cola. Sentí el pulso acelerado, el corazón latiéndome en el pecho como tamborazo zacatecano.

¿Esto va pa'rriba o qué, wey? Tres colombianas en una noche... ni en mis mejores pajeaditas.
La tensión crecía con cada giro, cada mano que se colaba por mi camisa, explorando mi pecho velludo.

La fiesta se calmó un rato después, y ellas me jalaron a la playa privada del hotel. La arena tibia bajo los pies, el sonido de las olas rompiendo suave, y la luna iluminando sus siluetas como diosas cachondas. Nos sentamos en unas sillas de playa, pasando un porro light –nada heavy, puro relax– y platicando de la vida. Sofia confesó que venían de vacaciones para desquitarse del estrés de la oficina en Bogotá. "Queremos algo caliente, algo que nos haga olvidar todo", dijo Camila, recargando su cabeza en mi hombro. Valentina, la más calladita, me tomó la mano y la puso en su muslo suave, terso como mango maduro.

Ahí empezó el verdadero fuego. Mis dedos subieron despacito por su piel, sintiendo el calor que emanaba de su entrepierna. Ella gimió bajito, un sonido que me erizó la piel. Sofia se acercó por el otro lado, besándome el cuello con labios carnosos, su lengua trazando líneas húmedas que sabían a ron dulce. Chin chon, esto es un sueño, pensé, mientras Camila se arrodillaba frente a mí, desabrochándome el short con dientes. "Mira qué verga tan chula, mexicanito", murmuró, antes de metérsela a la boca. El calor de su garganta, el succionar experto, el olor a mar y a su perfume mezclado con mi sudor... uf, casi me vengo ahí nomás.

Pero no, agárrate. Las llevé a mi suite –habitación con vista al mar, cama king size que pedía guerra–. Una vez adentro, el aire acondicionado chocaba con nuestro calor corporal, creando una niebla de deseo. Nos quitamos la ropa como si quemara. Sofia tenía unas tetas enormes, pezones oscuros duros como piedras; Camila, un culo que rebosaba perfección, y Valentina, piernas largas que invitaban a perderse entre ellas. Me tumbé en la cama, y ellas tres se treparon encima, riendo como locas.

El medio acto fue una escalada de locos. Primero, Sofia se sentó en mi cara, su coño depilado rozándome la nariz, oliendo a miel y excitación pura. Lamí despacio, saboreando cada gota salada, mientras ella se mecía gimiendo "¡Ay, sí, así, papi!". Camila cabalgaba mi verga, subiendo y bajando con un ritmo que me hacía ver estrellas, su piel sudada resbalando contra la mía, el slap-slap de carne contra carne resonando en la habitación. Valentina nos besaba a todos, sus tetas rozando mi pecho, sus dedos jugando con mis huevos.

Intercambiamos posiciones como en un ballet porno. Yo cogí a Valentina por atrás, sintiendo su culo apretado tragándose mi pija entera, mientras ella lamía el clítoris de Sofia. Camila se masturbaba viéndonos, sus dedos hundidos en su chatita mojada, gimiendo en colombiano rápido que no entendía pero que me ponía más caliente.

Estas colombianas son fuego puro, wey. Nunca había sentido tanto placer, tanta entrega mutua.
El sudor nos unía, resbaloso y pegajoso; el sabor de sus jugos en mi boca, el olor almizclado del sexo llenando el aire. Cada embestida era más profunda, cada gemido más alto, la tensión acumulándose como tormenta en el Golfo.

Hubo momentos de pausa, de besos lentos y caricias. Sofia me miró a los ojos mientras yo la penetraba misionero, sus uñas clavándose en mi espalda, dejando marcas que dolían rico. "Te queremos todo para nosotras esta noche", susurró. Camila y Valentina se besaban entre sí, tetas aplastadas, lenguas enredadas, y yo me uní, chupando pezones alternadamente, sintiendo sus pulsos acelerados contra mi lengua. La psicología entraba: miedo a no dar abasto, pero ellas me empoderaban, diciéndome "eres el rey, carnal", resolviendo cualquier duda con sus cuerpos dispuestos.

La intensidad subió cuando formamos el verdadero trío colombianas con mi toque: yo en el centro, Sofia montándome mientras Camila y Valentina se frotaban contra nosotros. Manos por todos lados, bocas explorando, el sonido de jadeos y pieles chocando como olas furiosas. Mi verga palpitaba, hinchada al límite, y ellas gritaban en unión, orgasmos encadenados que las hacían temblar. Valentina se vino primero, un chorro caliente mojando las sábanas, gritando "¡Me muero, ay Dios!". Sofia la siguió, contrayéndose alrededor de mi pija como un puño de terciopelo.

Camila me volteó, poniéndose en cuatro, y la cogí con todo, sintiendo su culo rebotar contra mi pubis. Las otras dos nos lamían, succionaban, hasta que no pude más. "¡Me vengo, nenas!", rugí, y exploté dentro de Camila, chorros calientes llenándola mientras ella se retorcía en éxtasis. Colapsamos los cuatro –perdón, nosotros cuatro en ese lío– en un enredo de piernas y brazos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco.

El afterglow fue puro paraíso. Nos bañamos juntos en la regadera enorme, jabón resbalando por curvas perfectas, risas y besos suaves bajo el agua tibia. Olía a sexo lavado con shampoo de hotel, pero el recuerdo ardía. Secos, nos tumbamos en la cama revuelta, con la brisa marina entrando por la ventana abierta. Sofia me acarició el pelo: "Esto fue lo mejor de las vacaciones, mexicano". Camila y Valentina asintieron, acurrucadas contra mí, sus pieles cálidas aún.

Me quedé pensando en la cama, con ellas dormidas a mi lado.

Un trío con colombianas que cambió mi pinche vida. No era solo cogida; era conexión, entrega total. ¿Volveremos a vernos? El futuro quién sabe, pero esta noche fue eterna.
El sol salió tiñendo el cielo de rosa, y yo sonreí, saboreando el regusto dulce en mi boca. Fin perfecto.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.