Que Contiene la Bedoyecta Tri Despierta Mi Deseo Prohibido
Estaba hecha un trapo esa tarde en mi departamentito de la Roma, con el sol colándose por las cortinas y el tráfico de Insurgentes zumbando allá abajo como un enjambre de abejas pendejas. Yo, Ana, veintiocho pirulos, oficinista en un cubo de vidrio en Polanco, sentía que mi cuerpo era puro plomo. Anemia de la chingada, me decía el doc, y las pastillas no jalaban. Marco, mi carnal de novio, entró con esa sonrisa de cabrón que me derretía, cargando una cajita en la mano. Alto, moreno, con brazos que parecían tallados en gimnasio de la Condesa, y una verga que ya me tenía loca de pensarla.
Órale, mi reina, te traje lo que necesitas, dijo mientras me jalaba a la cama. Señaló la caja: Bedoyecta Tri. Le miré con cara de ¿qué pedo?
¿Y eso qué es, wey? ¿Qué contiene la Bedoyecta Tri?pregunté, recargándome en su pecho que olía a sudor fresco y loción de barbero.
Se rio bajito, ese ronroneo que me erizaba la piel. Es pura vitamina, neta. Complejo B, hierro, todo lo que te hace falta pa' que revivas. Yo te la pongo, ¿va? Su aliento cálido en mi oreja, manos grandes deslizándose por mi cintura bajo la playera holgada. Sentí un cosquilleo en el estómago, no solo por el cansancio que se iba, sino por esa chispa que siempre prendía entre nosotros. Asentí, mordiéndome el labio. Pero con cuidado, pendejo, le guiñé.
Me recostó despacito en las sábanas revueltas que aún guardaban el olor de nuestra última revolcada, hace una semana porque yo andaba muerta. Sacó la jeringa, el líquido rojo brillante en el tubo como sangre de pasión contenida. Limpió mi nalga con algodón y alcohol, ese aroma punzante que me hizo arquear la espalda. Relájate, preciosa. Contiene cianocobalamina, piridoxina, tiamina... todo pa' darte pila, murmuró mientras frotaba el sitio. Su dedo rozó más adentro, juguetón, y yo solté un gemidito involuntario.
El pinchazo fue rápido, un ardor chiquito que se expandió como fuego líquido por mis venas. Ya está, mi amor, dijo besándome el hombro. Sacó la aguja con suavidad, y de pronto, ¡pum! Una oleada de calor me subió desde el culo hasta la cabeza. Mi piel se encendió, pulsos acelerados latiendo en mis sienes, en mi clítoris que se hinchó de la nada.
¡Qué chingón! ¿Qué contiene la Bedoyecta Tri pa' que me sienta así de viva?pensé, girándome para verlo. Sus ojos cafés brillaban con hambre, notando cómo mis pezones se marcaban duros contra la tela.
Acto seguido, el beso fue inevitable. Nuestras bocas chocaron con urgencia, lenguas enredándose como serpientes calientes, sabor a menta de su chicle y mi propia saliva dulce. Sus manos expertas me quitaron la playera, exponiendo mis tetas medianas pero firmes, coronadas de chocolate oscuro. Las amasó con rudeza consentida, pulgares girando los pezones hasta que jadeé contra su boca. Estás caliente como infernal, Ana, gruñó, voz ronca de deseo.
Yo no me quedaba atrás. Le bajé el pantalón de gym, liberando esa verga gruesa, venosa, ya tiesa y goteando precum que olía a macho puro. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, bombeándola despacio mientras él gemía ¡carajo, sí!. El cuarto se llenaba de nuestros resuellos, el slap suave de mi puño en su carne, el crujir de la cama. Me empujó de espaldas, besando mi cuello, lamiendo el sudor salado que empezaba a brotar. Bajó por mi panza, mordisqueando el ombligo, hasta mis calzones empapados.
Mira cómo chorreaste, puta rica, dijo con esa picardía mexicana que me volvía loca. Los arrancó, exponiendo mi coño rasurado, labios hinchados y jugosos brillando bajo la luz ámbar del atardecer. Su lengua atacó sin piedad, plana y ancha lamiendo desde el ano hasta el clítoris, chupando mis jugos que sabían a miel agria.
¡Neta, Marco, me vas a matar de gusto!grité internamente, caderas alzándose para follarle la cara. Él metía dedos, dos, tres, curvándolos contra mi punto G, mientras su nariz rozaba mi pubis depilado. El sonido era obsceno: squelch húmedo, mis alaridos ¡órale, cabrón!, su slurping voraz.
La tensión crecía como tormenta en el Popo. Mi cuerpo vibraba, no solo por la Bedoyecta que me había inyectado vida, sino por años de deseo acumulado. Recordé nuestras primeras veces en su depa de Coyoacán, torpes pero intensas, y cómo ahora éramos expertos en hacernos explotar. Él se incorporó, verga palpitante apuntándome. ¿La quieres adentro, mi reina? preguntó, frotándola en mi entrada resbalosa. ¡Sí, métemela ya, wey! supliqué, uñas clavándose en su espalda tatuada con un águila azteca.
Entró de un embestida lenta, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena rozando mis paredes, el glande besando mi cervix. ¡Qué ajustadita estás! jadeó, empezando a bombear. Ritmo pausado al inicio, piel contra piel slap-slap, sudor chorreando y mezclándose, olor a sexo crudo impregnando el aire. Yo envolví mis piernas en su cintura, talones clavándose en sus nalgas firmes, urgiéndolo más hondo.
Esto es lo que necesitaba, esa chingadera vitamínica me abrió las puertas del cielo, pensé mientras él aceleraba, tetas rebotando con cada choque.
Cambié de posición, montándolo como reina azteca. Sus manos en mis caderas guiando, yo rebotando con furia, coño tragándosela entera. Veía su cara de éxtasis, músculos tensos, venas del cuello hinchadas. Me incliné para morderle el pecho, saboreando sal y vello rizado. ¡Voy a venirme, Ana! avisó, dedos pellizcando mi clítoris. El orgasmo me azotó como rayo: olas de placer convulsionando mi útero, chorros calientes salpicando su pubis, grito gutural ¡me vengo, pendejo!.
Él explotó segundos después, semen espeso llenándome, chorros calientes pintando mis entrañas. Colapsamos juntos, cuerpos pegajosos, pulsos sincronizados latiendo al unísono. Besos perezosos, lenguas exhaustas. El cuarto olía a nosotros, a victoria carnal.
Minutos después, recostados, su mano acariciando mi nalga inyectada que aún ardía levemente. Ves, ¿qué te dije? La Bedoyecta Tri es mágica, murmuró. Reí suave, besándolo. Sí, pero tú eres el verdadero afrodisíaco, carnal. Sentí una paz profunda, energía renovada no solo en el cuerpo, sino en el alma. Mañana al jale con pila, pero esta noche, solo nosotros, enredados en sábanas húmedas, soñando más rondas.
Desde esa tarde, la Bedoyecta se volvió nuestro ritual secreto. Cada dosis, un preludio a fuegos artificiales. ¿Qué contiene la Bedoyecta Tri? Vitaminas, sí, pero para mí, puro elixir de pasión mexicana.