Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Trio Cash Cup Prohibido El Trio Cash Cup Prohibido

El Trio Cash Cup Prohibido

6700 palabras

El Trio Cash Cup Prohibido

La fiesta en el penthouse de Polanco estaba en su apogeo. El aire olía a tequila reposado mezclado con el perfume dulce de las chicas, y la música reggaetón retumbaba suave desde los bocinas Bose. Yo, Ana, acababa de llegar con mis compas Luis y Sofía. Luis, ese morro alto y atlético con ojos cafés que te derriten, y Sofía, la güera culona que siempre anda con faldas cortas que dejan poco a la imaginación. Habíamos oído del Trio Cash Cup, un jueguito que unos vatos gringos inventaron en una app de apuestas, pero aquí en México lo habíamos adaptado a lo nuestro: tres personas compiten en retos locos por un vaso lleno de billetes. El perdedor paga, el ganador se lleva la copa de cash. Y claro, con alcohol de por medio, siempre terminaba en algo más calentón.

Órale, Ana, ¿neta vas a jugar? —me dijo Luis con esa sonrisa pícara, mientras me pasaba un shot de Patrón—. Si perdemos, te vas a tener que quitar algo.

Me reí, sintiendo el calor subir por mi cuello. El deseo ya picaba desde que vi a Sofía bailar pegadita a Luis, sus nalgas rozando su paquete. Chin, esto va a estar bueno, pensé. Aceptamos el reto. Pusimos 5 mil varos cada uno en un vaso de cristal gigante que brillaba bajo las luces LED. Reglas simples: tres rondas de verdad o reto, pero versión trio. El que fallara, se quitaba prenda o hacía lo que el otro dos dijeran. El ambiente se cargó de inmediato, como si el aire se espesara con feromonas.

Primera ronda. Yo elegí reto. Sofía, con su voz ronca de fumada, dijo: Juega al Trio Cash Cup de verdad: besa a Luis como si fuera tu último día. Mi pulso se aceleró. Me acerqué a él, oliendo su colonia Acqua di Gio mezclada con sudor fresco. Sus labios eran suaves al principio, pero luego su lengua invadió mi boca, caliente y jugosa, saboreando a limón y sal. El beso duró lo que un tema de Bad Bunny, y cuando nos separamos, mis chichis ya estaban duras contra la blusa. Luis ganó esa, se llevó un billetito simbólico. Tension building, carnal.

Sofía falló la segunda. Nosotros dos le pedimos que se quitara el brasier por debajo de la blusa. ¡Ay, cabrones! —rió ella, pero lo hizo. Sus tetas grandes se marcaron perfectas, pezones rosados asomando como caramelos. El cuarto olía ahora a su perfume Victoria's Secret, dulce y pecaminoso. Tocamos copa, y el roce de su mano en mi muslo mandó chispas por mi espinazo.

Esto del Trio Cash Cup es lo máximo, ¿no? —susurró Luis, su aliento caliente en mi oreja.
Sentí mi concha humedecerse, el calor entre las piernas creciendo como lava.

La cosa escaló en la tercera ronda. Yo perdí a propósito, para ver a dónde nos llevaba. Ellos me ordenaron: quítate la tanga y déjala en la copa de cash. Órale, qué morbo. Me paré, bajé la falda despacito, el aire fresco besando mi piel depilada. La tanga negra ya estaba empapada, olor a mi excitación almizclada flotando. La tiré en el vaso, y Luis la olió juguetón. Puta madre, Ana, hueles a gloria. Sofía me jaló de la mano, su piel suave como seda contra la mía. Nos sentamos en el sofá de cuero, yo en medio, desnuda de la cintura para abajo. Sus manos empezaron a explorar: Luis masajeando mis muslos, Sofía lamiendo mi cuello. El sonido de sus respiraciones agitadas se mezclaba con el bajo del perreo.

El juego se olvidó. El Trio Cash Cup era ahora puro instinto. Luis me besó el pecho, succionando mi pezón izquierdo con hambre, mientras Sofía bajaba su boca por mi panza. Sentí su lengua tibia trazando círculos en mi ombligo, bajando más. ¡Sí, güey, ahí! Mi clítoris palpitaba, hinchado y sensible. Sofía lo lamió suave al principio, como probando un mango maduro, jugo chorreando. Su saliva tibia se mezclaba con mis fluidos, el sabor salado dulce invadiendo su boca. Gemí bajito, agarrando el cabello rubio de ella. Luis se desabrochó el pantalón, sacando su verga gruesa, venosa, ya tiesa como fierro. La olí: ese aroma masculino a testosterona pura.

Chúpamela, Ana —ordenó Luis, pero suave, con ojos de cachorro.
Obedecí, arrodillándome. Mi lengua rodeó la cabeza bulbosa, saboreando el precum salado. Lo mamé profundo, garganta relajada por la práctica, mientras Sofía me comía el culo desde atrás, sus dedos hurgando mi ano con lubricante de cereza que sacó de quién sabe dónde. El placer era eléctrico: pulsos en mi coño, cosquilleo en la piel, sudor perlando nuestras frentes. Cambiamos posiciones. Sofía se recostó, piernas abiertas como invitación. Yo me subí encima, tribbing nuestras conchas resbalosas. Nuestros clítoris se rozaban, chispas de fuego, olor a sexo húmedo llenando la habitación. Luis se paró atrás de mí, escupiendo en su verga para lubricar.

Entra despacio, mi amor, le pedí. Su pija me abrió centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Dolor placero al principio, luego puro éxtasis. Me follaba rítmico, bolas golpeando mi clítoris, mientras yo lamía los labios hinchados de Sofía. Ella gemía en español mexicano puro: ¡Ay, pinche Ana, córrete en mi cara! El slap-slap de piel contra piel, nuestros jadeos, el crujir del sofá... todo sensorial overload. Sudor goteando, mezclándose, sal en la lengua cuando nos besábamos los tres en un nudo de lenguas y dientes.

La tensión subió como volcán. Luis aceleró, gruñendo: Me voy a venir, cabronas. Sofía y yo nos frotamos más fuerte, mis paredes contrayéndose alrededor de su verga. El orgasmo me pegó primero: olas de placer desde el útero, chillidos ahogados, piernas temblando. Sofía explotó después, squirt chorreando en mis muslos, cálido y pegajoso. Luis se sacó, eyaculando chorros blancos en nuestras tetas, marcándonos como suyos. Colapsamos en un montón sudoroso, respiraciones entrecortadas, risas nerviosas.

Después, en el afterglow, nos limpiamos con toallitas húmedas que olían a aloe vera. El Trio Cash Cup seguía en la mesa, billetes revueltos con mi tanga.

¿Quién ganó? —preguntó Sofía, acurrucada en mi hombro, su piel aún caliente.

Los tres, respondí yo, besándola. Luis nos abrazó, su mano acariciando mi nalga floja. Hablamos de lo chingón que había sido, planeando el próximo juego. No hubo perdedores, solo conexión pura, deseo satisfecho. Afuera, las luces de Reforma parpadeaban, pero adentro, el calor de nuestros cuerpos era el verdadero premio. Me quedé pensando en cómo un jueguito tonto había desatado esto: empoderamiento total, placer mutuo, sin culpas. México sabe de fiestas, y esta noche fue legendaria.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.