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Trío Ardiente de Doble Penetración XXX

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Trío Ardiente de Doble Penetración XXX

Ana se recargaba en la barra del bar en Polanco, con el ritmo de la música electrónica vibrando en su pecho como un latido acelerado. El aire olía a tequila reposado y perfume caro, mezclado con el sudor ligero de la gente bailando. Llevaba un vestido negro ajustado que marcaba sus curvas, y sentía las miradas de los weyes alrededor como caricias invisibles. Neta, esta noche quiero algo chingón, pensó, mientras sorbía su margarita helada, el sabor ácido y salado explotando en su lengua.

Luis se acercó primero, alto, moreno, con una sonrisa pícara que le hacía cosquillas en el estómago. "Órale, mamacita, ¿bailamos o qué?", le dijo, su voz grave cortando el ruido. Ana lo miró de arriba abajo, notando cómo su camisa blanca se pegaba un poco a sus pectorales por el calor. Detrás de él venía Marco, su carnal, igual de guapo pero con ojos más juguetones, barba recortada y un tatuaje asomando en el cuello. Los dos eran cuates de toda la vida, y la química entre ellos era evidente, como si compartieran un secreto sucio.

Hablaron un rato, riendo de chistes pendejos sobre el tráfico en Reforma y lo cara que estaba la chela. Ana sentía el roce accidental de la mano de Luis en su cintura al pasar un mesero, y el calor de Marco cuando se inclinaba para oírla mejor. Estos dos me traen loca, se dijo, imaginando ya sus manos explorándola. "Vámonos a mi depa, está cerca y hay jacuzzi", propuso Luis, y Marco asintió con un guiño. Ana no lo pensó dos veces. Consiento, carnales, esta noche la armamos.

En el departamento de Luis, todo era lujo: ventanales con vista a la ciudad iluminada, sillones de piel suave y un olor a madera fresca y sándalo del difusor. Se sentaron en la terraza con unos tequilas en mano, el viento nocturno fresco rozando sus pieles. Ana se quitó los tacones, sintiendo el piso frío bajo sus pies, y estiró las piernas sobre el regazo de Marco. Él empezó a masajearle los tobillos, sus dedos fuertes presionando justo donde dolía, enviando chispas de placer subiendo por sus muslos.

"¿Qué onda, Ana? ¿Alguna vez has visto un trío doble penetración xxx en esos videos calientes?", soltó Marco de repente, con una risa ronca, mientras Luis buscaba algo en su teléfono. Ana se sonrojó un poco, pero el tequila la ponía valiente. "Neta, sí, y la verdad me prende un chorro. ¿Y ustedes, pendejos, lo han hecho?". Los dos se miraron, cómplices, y Luis puso un video en la tele grande: gemidos en stereo, cuerpos entrelazados en éxtasis. El sonido de piel contra piel llenó el aire, y Ana sintió su panocha humedecerse al instante, el aroma de su propia excitación mezclándose con el tequila.

La tensión creció como una ola. Luis se acercó primero, besándola con hambre, su lengua invadiendo su boca con sabor a limón y deseo. Ana gimió bajito, saboreando su barba raspando sus labios. Marco no se quedó atrás; le bajó un tirante del vestido, exponiendo un pezón endurecido que chupó con avidez, el calor húmedo de su boca haciendo que arqueara la espalda.

¡Qué chido! Dos vergas duras solo para mí, esto es mi fantasía hecha realidad
, pensó Ana, mientras sus manos bajaban a desabrochar pantalones.

Se mudaron al cuarto, la cama king size invitándolos con sábanas de algodón egipcio suaves como seda. Ana se quitó el vestido de un jalón, quedando en tanga negra, su piel morena brillando bajo la luz tenue. Luis y Marco se desnudaron rápido, sus vergas gruesas y tiesas saltando libres, venas palpitantes y glande relucientes de anticipación. Ella se arrodilló entre ellos, el olor almizclado de sus sexos golpeándola como un afrodisíaco. Tomó la de Luis en la boca primero, chupando profundo, saboreando el salado pre-semen, mientras masturbaba a Marco con la mano, sintiendo su grosor estirar sus dedos.

"¡Ay, wey, qué rica boca tienes!", gruñó Luis, enredando dedos en su cabello largo. Marco la jaló hacia él, turnándose, los dos gimiendo como animales. Ana se sentía poderosa, el centro de su mundo, su clítoris latiendo con necesidad. Se recostó, abriendo las piernas, y ellos se lanzaron: Luis lamiéndole la panocha, su lengua plana lamiendo de abajo arriba, succionando el jugo dulce que brotaba; Marco besándole el cuello, mordisqueando orejas, sus manos amasando sus tetas firmes.

El build-up fue lento, tortuoso. Ana jadeaba, el sudor perlando su frente, el sabor salado en sus labios de besos compartidos. "Quiero más, cabrones, métanmela ya", suplicó, y ellos rieron, juguetones. Luis se puso un condón, lubricante fresco chorreando frío sobre su ano y vagina. Marco igual, posicionándose. Primero, Luis entró en su panocha de un empujón suave, llenándola hasta el fondo, el estiramiento delicioso haciendo que gritara de placer. Siento cada vena, qué chingón.

Marco se alineó atrás, presionando despacio en su culo, el gel facilitando el paso. Ana contuvo el aliento, el ardor inicial convirtiéndose en plenitud extrema. Doble penetración, como en esos tríos xxx que vimos. Los dos adentro, moviéndose alternados: uno entra, el otro sale, roce constante contra su pared delgada, pulsos sincronizados. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, piel palmoteando nalgas, gemidos roncos mezclados con sus alaridos. Olía a sexo puro, sudor, lubricante, testosterona.

La intensidad subió. Ana clavaba uñas en la espalda de Luis, sintiendo músculos contraerse bajo su tacto. Marco le jalaba el pelo suave, susurrando "Qué nalgona rica, apriétame más". Ella rotaba caderas, cabalgándolos, el placer acumulándose como tormenta en su vientre.

"¡Más fuerte, pendejos, rómpanme!"
gritó, y ellos obedecieron, embistiendo coordinados, vergas frotándose indirectamente a través de ella.

El clímax la golpeó como rayo. Ondas de éxtasis desde el clítoris irradiando al cerebro, su panocha y culo contrayéndose en espasmos, ordeñando sus vergas. "¡Me vengo, carajo!", aulló, lágrimas de placer en ojos. Luis gruñó primero, llenando el condón con chorros calientes que sentía palpitar. Marco siguió, su cuerpo temblando, semen caliente inundando su interior protegido. Colapsaron en un enredo sudoroso, respiraciones agitadas, corazones galopando al unísono.

Después, el afterglow fue puro paraíso. Se ducharon juntos, agua caliente lavando fluidos, manos jabonosas explorando perezosamente. En la cama, Ana entre ellos, pieles pegajosas enfriándose. Luis le acariciaba el pelo, Marco trazaba círculos en su vientre. "Neta, eso fue épico, como un trío doble penetración xxx pero mejor, porque fue real", murmuró ella, besándolos alternos.

Se quedaron así, charlando pendejadas sobre repetir, el amanecer tiñendo el cielo de rosa. Ana sintió una paz profunda, empoderada, deseada. Estos weyes me volvieron loca, pero qué chido fue entregarme así. El aroma a sexo persistía tenue, promesas de más noches locas flotando en el aire.

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