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Mi Lencería Try On Haul con Él

6190 palabras

Mi Lencería Try On Haul con Él

Estaba en mi depa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas blancas, pintando todo de un dorado suave. Acababa de recibir el paquete de esa tiendita online de lencería fina, y neta, no podía esperar más. Mi lingerie try on haul iba a ser épico, pero no para las redes, no mames. Esto era solo para él, para mi carnal, mi Diego, ese wey que me ponía la piel chinita con solo una mirada.

Me puse frente al espejo de cuerpo entero en mi recámara, el aire cargado con el olor a vainilla de mi vela favorita. Diego llegó puntual, como siempre, con esa sonrisa pícara que me derretía. "Órale, güey, ¿listo para el show?", le dije mientras abría la caja. Él se dejó caer en la cama king size, con las manos detrás de la cabeza, sus ojos cafés clavados en mí como si ya me estuviera desnudando.

Empecé con el primero: un babydoll negro de encaje, súper delicado, que se ceñía a mis curvas como una caricia. Me lo puse despacio, sintiendo la tela fresca rozar mis pezones, endureciéndolos al instante. El espejo me devolvía una imagen que hasta a mí me excitaba: mis tetas perfectas asomando, la tanga diminuta marcando mi culo redondo. Giré para Diego, el corazón latiéndome fuerte. "¿Qué tal, amor? ¿Te late este del lingerie try on haul?"

Pinche Diego, se ve que ya está duro nomás de verme. Neta, amo cómo me mira, como si fuera su reina, su todo.

Él se incorporó, su voz ronca: "Ven pa'cá, preciosa. Estás de muerte". Me jaló hacia él, sus manos grandes subiendo por mis muslos, el calor de sus palmas quemándome la piel. Olía a su colonia fresca, mezclada con ese sudor hombre que me volvía loca. Me besó el ombligo, su lengua trazando círculos lentos, y yo gemí bajito, sintiendo el pulso acelerado entre mis piernas. Pero no, aguanta, esto apenas empezaba. Lo empujé juguetona: "¡Ey, pendejo! Espera tu turno, hay más en el haul".

Acto dos del show: un conjunto rojo pasión, corsé con ligueros y medias de seda. Me desvestí frente a él, dejando caer el babydoll como una promesa. Mis pechos se liberaron, pesados y ansiosos, y Diego soltó un "¡Chin güey!" que me hizo reír. Enganché las medias, el roce sedoso enviando chispas por mis piernas. Cuando me volví, el corsé apretaba justo donde debía, realzando mi cintura, haciendo que mi culo pareciera aún más jugoso. Caminé hacia la cama con pasos de modelo, el clic-clac de mis tacones resonando en el piso de madera.

Diego ya no aguantaba. Se levantó, su playera ajustada marcando esos abdominales que tanto me gustaban. Me acorraló contra la pared, su boca devorando la mía en un beso salvaje, lenguas enredadas, sabor a menta y deseo puro. Sus manos exploraban, apretando mis nalgas por encima de la tanga, el encaje húmedo ya traicionándome. "Estás mojada, mi amor", murmuró contra mi cuello, mordisqueando suave, su aliento caliente erizándome la piel. Yo arqueé la espalda, presionándome contra su verga dura que palpitaba a través de sus jeans.

Pero quería alargar la tensión, neta. Lo separé con un dedo en sus labios: "Uno más, carnal. El gran finale del lingerie try on haul". Corrí al clóset y saqué el tercero: un teddy blanco translúcido, con aberturas estratégicas que dejaban poco a la imaginación. Me lo coloqué en segundos, la tela fina como un susurro contra mi piel sudada. Olía a lavanda nueva, fresca, contrastando con el aroma almizclado de nuestra excitación creciente. Frente al espejo, posé, tocándome los pezones rosados que se transparentaban, imaginando sus ojos en mí.

Ya no puedo más. Mi clítoris late como loco, pidiendo su boca, sus dedos. Pero esta espera... ay, wey, es deliciosa.

Volví a la cama y Diego estaba desnudo, esperándome. Su cuerpo moreno, marcado por horas en el gym, su verga erecta apuntando al techo, gruesa y venosa, con una gota perlada en la punta. Me tiré sobre él, nuestras pieles chocando con un slap húmedo. Rodamos, yo encima, frotándome contra él mientras el teddy se subía, exponiendo mi coño depilado y brillante. "Te quiero dentro, ya", le supliqué, mi voz entrecortada.

Él sonrió malicioso, volteándome boca abajo. Sus dedos abrieron mis labios, rozando mi clítoris hinchado, y yo grité de placer, el sonido rebotando en las paredes. Lamidas expertas siguieron, su lengua plana lamiendo desde mi entrada hasta arriba, saboreando mis jugos dulces. Olía a sexo puro, a nosotrxs, y el sonido de sus succiones me volvía loca. Metió dos dedos, curvándolos justo ahí, el punto G que me hacía temblar. "¡Sí, Diego, así, cabrón!" gemí, mis caderas moviéndose solas.

La intensidad subía como fiebre. Me puso de rodillas, el teddy rasgado a un lado, y entró de un empujón lento, milimétrico. Sentí cada centímetro estirándome, llenándome hasta el fondo, su calor pulsando dentro. Empezó a bombear, fuerte pero cariñoso, sus bolas golpeando mi clítoris con cada estocada. Sudábamos, el olor salado mezclándose con la vainilla, nuestros jadeos sincronizados como una sinfonía sucia. Agarré las sábanas, mordiendo la almohada para no gritar demasiado, pero él me volteó, queriendo verme la cara.

Misionero profundo, sus ojos en los míos, confesándonos sin palabras cuánto nos amábamos. "Eres mía, mi reina", gruñó, acelerando. Yo clavé las uñas en su espalda, dejando marcas rojas, mi orgasmo construyéndose como una ola gigante. "¡Ven conmigo, amor!", chillé, y exploté, mi coño contrayéndose alrededor de él, chorros calientes mojando sus muslos. Él rugió, llenándome con su leche espesa, caliente, hasta que colapsamos, temblando.

En el afterglow, yacíamos enredados, el teddy hecho trizas a un lado, las otras piezas del lingerie try on haul esparcidas como trofeos. Su cabeza en mi pecho, mi mano enredada en su pelo revuelto. El sol se ponía, tiñendo la habitación de rosa, y el aire olía a sexo satisfecho, a promesas. "El mejor haul de mi vida", murmuró él, besándome el hombro. Yo sonreí, sabiendo que esto era solo el principio. Neta, con Diego, cada día era una aventura caliente.

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