Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Hombre Para Trio Caliente El Hombre Para Trio Caliente

El Hombre Para Trio Caliente

8232 palabras

El Hombre Para Trio Caliente

Era una noche de esas en la Ciudad de México, con el aire cargado de ese olor a tacos al pastor y smog mezclado, pero adentro de nuestro depa en Polanco todo era fresco y expectante. Yo, Ana, de treinta y dos años, con mi piel morena y curvas que Marco siempre dice que lo vuelven loco, estaba sentada en el sillón de cuero, con las piernas cruzadas y el corazón latiéndome como tambor de mariachi. Marco, mi carnal de cuatro años, alto, moreno y con esa sonrisa pícara que me derrite, me miró desde la cocina mientras preparaba unos tequilas con limón.

¿De veras vamos a hacer esto? me pregunté en mi cabeza, sintiendo un cosquilleo entre las piernas que ya me traicionaba. Habíamos platicado mil veces del fantasy de un hombre para trio, algo chido y sin compromisos, para avivar la flama. Neta, nuestra vida sexual era la perra, pero queríamos probar algo nuevo, algo que nos pusiera a los dos al borde del abismo.

—Órale, mi reina, ya mandé el mensaje —dijo Marco, acercándose con los vasos tintineando—. El wey contestó al instante. Se llama Carlos, tiene treinta y cinco, foto de perfil bien perrón: torso marcado, ojos verdes y una verga que se nota gruesa en el short.

Le di un trago al tequila, el ardor bajándome por la garganta como fuego líquido, y sentí el calor subirle a las mejillas. Abrí la app en mi cel: "Buscamos hombre para trio esta noche. Pareja liberal, limpios, divertidos. Hotel en Reforma. Fotos reales."

Carlos respondió con su número y una voz nota en el audio:

¡Hola, chavos! Neta me late su propuesta. Soy discreto, bien dotado y sé complacer. ¿A qué hora?
Mi pulso se aceleró, imaginando sus manos grandes en mi piel.

Quedamos en el lobby del Hyatt a las diez. Me puse un vestido negro ajustado que me marcaba las chichis y el culo, sin calzones pa' que Marco me tocara en el camino. Él iba en camisa guayabera abierta, oliendo a Creed Aventus, ese perfume que me hace mojarme al instante.

En el elevador del hotel, Marco me acorraló contra la pared, su boca devorando la mía, lengua juguetona y manos subiendo por mis muslos. Si ya nos ven así, qué va a pasar con el tercero, pensé, gimiendo bajito mientras sus dedos rozaban mi humedad.

Acto uno cerrado: el deseo ya ardía, y Carlos nos esperaba abajo.

El lobby era puro lujo: mármol reluciente, música lounge suave y el aroma a café caro flotando. Carlos estaba ahí, en una mesa del fondo, con jeans ceñidos y playera polo que le abrazaba los pectorales. Era más guapo en vivo, con barba recortada y una mirada que gritaba voy a follarte hasta que grites.

—Ey, ¿Ana y Marco? —se levantó, estrechando la mano de Marco con fuerza masculina, y luego la mía, su palma cálida y áspera enviando chispas por mi espina.

Nos sentamos, pedimos unas chelas frías que sudaban en la mesa. La plática fluyó chida: él era ingeniero en una transnacional, soltero, con experiencia en tríos pero siempre respetuoso. Neta parece sacado de una peli porno classy, pensé, cruzando las piernas pa' disimular lo mojada que ya estaba.

Marco puso la mano en mi rodilla, subiendo despacio, y Carlos lo notó, sonriendo con picardía. —Si quieren, subimos y vemos qué onda. Sin presión, wey.

Subimos al cuarto: suite con jacuzzi, cama king size y vistas a Reforma iluminada como árbol de Navidad. La tensión era palpable, el aire espeso con olor a anticipación y colonia masculina. Me quité los zapatos, sintiendo la alfombra mullida bajo los pies, y Marco abrió el minibar pa' más tequilas.

Empezamos lento. Carlos se acercó, su aliento mentolado rozando mi cuello mientras Marco me besaba por detrás.

Esto es lo que queríamos, mi amor
, murmuró Marco en mi oreja, sus manos desatando mi vestido. El tela cayó al piso con un susurro suave, dejándome en bra negro de encaje y mi piel erizada por el aire acondicionado.

Carlos gimió bajito al verme. —Estás cañona, Ana. Sus labios capturaron los míos, besos profundos, lengua explorando como si me probara un dulce prohibido. Marco observaba, su verga ya dura presionando contra mi culo, y eso me encendió más.

Me tumbaron en la cama, las sábanas de algodón egipcio frías contra mi espalda caliente. Carlos lamió mi cuello, bajando a mis chichis, succionando un pezón mientras Marco chupaba el otro. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes, mis manos enredándose en sus cabellos. Son dos bocas, dos lenguas, puro paraíso.

Marco deslizó su mano entre mis piernas, dedos hundiéndose en mi chocha empapada. —Estás chorreando, reina —gruñó, y Carlos se unió, sus dedos gruesos uniéndose a los de Marco, frotando mi clítoris en círculos perfectos. El placer subía como ola, mis caderas arqueándose, el olor a mi excitación llenando el cuarto.

Los hice desnudarse. Marco primero, su verga saltando libre, venosa y lista. Luego Carlos: madre santa, más gruesa que la de Marco, con venitas marcadas y un glande rosado brillando de precum. Me arrodillé entre ellos, el piso alfombrado suave bajo mis rodillas, y las tomé en mis manos, piel caliente y aterciopelada pulsando.

Chupé a Marco primero, tragándomela hasta la garganta, saliva chorreando, mientras pajeaba a Carlos. Él jadeaba, órale, qué boquita. Cambié, mamando la verga de Carlos, su sabor salado explotando en mi lengua, Marco gimiendo al ver cómo me esforzaba. La habitación olía a sexo crudo, sudor y lujuria.

La intensidad crecía: me pusieron a cuatro patas, Marco en mi boca, Carlos lamiendo mi panocha desde atrás, su lengua ancha devorando mis labios hinchados. Vibraba entera, el zumbido en mi clítoris mandándome al borde. No pares, cabrones, supliqué en mi mente.

El clímax se acercaba como tormenta. Carlos se puso un condón, lubricante chorreando, y entró en mí despacio. ¡Qué llenura! Su verga me estiraba delicioso, cada centímetro enviando descargas eléctricas. Marco debajo de mí, chupando mis tetas mientras yo lo montaba a medias.

—Cógela fuerte, wey —dijo Marco, y Carlos obedeció, embistiéndome con ritmo salvaje, sus bolas chocando contra mi clítoris. El slap-slap-slap de piel contra piel, mis gemidos ahogados por la verga de Marco en mi boca. Sudor goteando, sábanas revueltas, el cuarto un caos de placer.

Cambiaron posiciones: yo encima de Carlos, cabalgándolo como amazona, su verga hundiéndose profundo, tocando mi punto G con cada rebote. Marco detrás, untando lubricante en mi culo, dedo primero, luego dos, preparándome. Sí, métemela por atrás, rogué.

Entró despacio, el ardor inicial convirtiéndose en éxtasis doble. Estaban los dos adentro, follándome en tándem, sus vergas rozándose separadas por una delgada pared. Gemí como loca, ¡me vengo, pinches cabrones! El orgasmo me partió en dos, chocha contrayéndose, chorros mojando a Carlos, cuerpo temblando incontrolable.

Ellos no pararon, embestidas sincronizadas, gruñidos animales. Marco se corrió primero, llenando mi culo con calor pulsante, sacándola pa' que el semen chorreara. Carlos me volteó, piernas en hombros, y la descargó adentro del condón, su cara contorsionada en gozo puro.

Colapsamos en un enredo de cuerpos sudorosos, pechos subiendo y bajando, el aire pesado con olor a semen, sudor y piel satisfecha. Besos suaves ahora, caricias perezosas. Carlos se duchó primero, saliendo fresco y oliendo a jabón de hotel.

—Gracias, chavos. Neta estuvo de lujo —dijo, vistiéndose con una sonrisa—. Si quieren repetir, ya saben.

Se fue, dejándonos solos en la cama deshecha. Marco me abrazó, su piel pegajosa contra la mía, besándome la frente.

Fue perfecto, mi amor. Te vi tan feliz, tan libre
.

Me acurruqué en su pecho, el corazón latiendo calmado ahora, un glow de satisfacción recorriéndome. El hombre para trio ideal, justo lo que necesitábamos. Afuera, Reforma seguía brillando, pero adentro, nuestro mundo era completo, más unidos que nunca por esa noche de fuego compartido.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.