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Nerf Triad Ex Tres El Placer Triple

7159 palabras

Nerf Triad Ex Tres El Placer Triple

El sol de la tarde se colaba por las cortinas del depa en la Condesa, tiñendo todo de un naranja cálido que hacía que el aire se sintiera pesado, cargado de promesas. Tú, sentado en el sillón raído pero cómodo, mirabas a Ana y a Luis con una sonrisa pícara. Ana, con su piel morena brillando bajo la luz, su falda corta subiendo por esos muslos firmes que siempre te volvían loco. Luis, tu carnal de toda la vida, con esa camiseta ajustada que marcaba sus pectorales y esa mirada juguetona que decía órale, ¿qué pedo?

Habían pasado meses sin verse los tres, desde que Ana y Luis se pusieron de novios formales. Pero la química entre ustedes nunca se apagó. Esa noche, rebuscando en el clóset de trastos, Luis sacó una caja polvorienta. "¡Mira wey, el Nerf Triad Ex Tres! Ese chingadera que nos traía locos de morros." Era un lanzador viejo, de esos que disparaban tres dardos a la vez, naranja chillón y lleno de recuerdos.

Ana se rio, su voz ronca como miel quemada.

"¿Y si jugamos? Pero con reglas de grandes. Quien pierda se quita algo."
Sus ojos te clavaron, y sentiste un cosquilleo en el estómago, el pulso acelerándose como si ya supieras a dónde iba esto. Luis soltó una carcajada. No mames, esto se va a poner bueno, pensaste, mientras el olor a su perfume mezclado con el café de la mañana aún flotaba en el aire.

El juego empezó inocente. Tú te escondiste detrás del sofá, el corazón latiéndote fuerte contra las costillas. El ¡pum pum pum! del Nerf Triad Ex Tres rompió el silencio, dardos volando suaves pero certeros. Ana gritó cuando uno le pegó en la nalga, y se quitó la blusa sin chistar, dejando ver su brasier negro de encaje que apenas contenía esos pechos redondos, tetas que subían y bajaban con su risa. El tacto del aire fresco en tu piel ya te erizaba los vellos cuando perdiste el primer round y te desabrochaste la camisa, sintiendo sus miradas devorándote.

Luis falló después, y ahí nomás se bajó los shorts, quedando en bóxer, su paquete marcado como una promesa gruesa. Chingón, murmuraste para ti, el calor subiendo por tu cuello. Ana se mordió el labio, ese gesto que siempre te ponía a mil. El ambiente se cargó, el sudor empezando a perlar sus frentes, el olor a piel caliente mezclándose con el aroma dulce de su excitación que ya se notaba, ese musc que te hacía tragar saliva.

En el segundo acto del juego, las reglas se torcieron solas. Ya no era solo quitar ropa; era tocar al que perdía. Tú caíste otra vez, y Ana se acercó gateando, sus rodillas hundiéndose en la alfombra. Sus manos tibias te rozaron el pecho, uñas arañando suave, bajando hasta tu cinturón. ¿Quieres que pare? susurró, pero su aliento caliente en tu oído era respuesta suficiente. Negaste con la cabeza, el pulso retumbando en tus venas como tambores.

Luis observaba, su respiración pesada, y cuando le tocó perder, tú y Ana lo acorralaron. Tus dedos se enredaron en su cabello oscuro, tirando suave mientras Ana le bajaba el bóxer. Su verga saltó libre, dura y venosa, el glande brillando con una gota precursora que olía a hombre puro, salado. "Qué rica, carnal," dijo Ana, lamiendo la punta con lengua juguetona, el sonido húmedo haciendo que tu propia polla se tensara dolorosamente contra el pantalón.

El Nerf Triad Ex Tres quedó olvidado en el suelo, dardos regados como testigos mudos. Ahora el juego era de cuerpos. Ana te jaló hacia ella, sus labios carnosos chocando con los tuyos en un beso salvaje, lengua invadiendo tu boca con sabor a chicle de fresa y deseo crudo. Sus manos te desvistieron rápido, y sentiste el roce áspero de la alfombra contra tu espalda cuando te tumbaron. Luis se unió, su boca en tu cuello, chupando fuerte, dejando marcas que ardían placenteras.

Esto es una locura, pero la mejor, pensaste mientras Ana se montaba en tu cara, su concha depilada rozándote la nariz. El olor era embriagador, almizcle femenino mezclado con jugos calientes que goteaban en tu lengua. Lamiste despacio al principio, saboreando esa sal dulce, su clítoris hinchado pulsando bajo tus labios. Ella gemía bajito, "¡Ay, sí, cabrón, así!", sus caderas moliendo contra tu boca, jugos empapándote la barba incipiente.

Luis no se quedó atrás. Se posicionó entre tus piernas, su mano envolviendo tu verga con firmeza, masturbándote lento, el tacto calloso enviando chispas por tu espina.

"Estás bien puesto, wey,"
gruñó, antes de inclinarse y meterse la mitad en la boca. El calor húmedo de su garganta te hizo arquear la espalda, el sonido de succión obsceno resonando en la habitación, mezclado con los jadeos de Ana que ahora rebotaba más fuerte, sus tetas saltando hipnóticas.

La tensión crecía como una tormenta. Cambiaron posiciones fluidas, como si lo hubieran ensayado. Ana se puso a cuatro, su culo redondo invitándote. Tú te hundiste en ella de una embestida, su panocha apretada y resbalosa tragándote entero. ¡Qué chingadera tan rica! El slap slap de carne contra carne llenaba el aire, sudor volando, su aroma a sexo puro invadiendo todo. Luis se arrodilló frente a ella, y Ana lo mamó con ganas, gorgoteando alrededor de su pinga gruesa, saliva chorreando por su barbilla.

Sentiste las bolas apretándose, el orgasmo acechando como un depredador. Pero esperaste, queriendo alargar el éxtasis. Luis te miró, ojos negros de lujuria. "Cámbiame el lugar, carnal." Saliste de Ana con un pop húmedo, y él tomó tu puesto, follándola duro mientras tú te metías en su boca. El ritmo era perfecto, sincronizado: empujones profundos, gemidos ahogados, piel resbalosa por sudor y fluidos.

Ana gritó primero, su cuerpo convulsionando, paredes internas ordeñándote cuando volviste a entrar en ella. "¡Me vengo, pendejos, no paren!" Su voz rota te empujó al borde. Luis aceleró, su verga frotando contra la tuya separadas solo por la delgada carne de Ana, una fricción prohibida que te volvió loco. El clímax explotó: tú te vaciaste dentro de ella en chorros calientes, sintiendo cada contracción, mientras Luis se corría en su boca, ella tragando con avidez, un hilo blanco escapando por la comisura de sus labios.

Cayeron los tres en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. El aire olía a semen, sudor y satisfacción, un perfume embriagador. Ana se acurrucó contra tu pecho, su piel pegajosa contra la tuya, Luis rodeándolos con brazo fuerte. Esto no fue solo un juego, pensaste, mientras el sol se ponía afuera, pintando sombras largas.

Minutos después, risas suaves rompieron el silencio.

"El Nerf Triad Ex Tres nos salvó la noche,"
bromeó Luis, besándote la sien. Ana suspiró contenta. "Hay que jugar más seguido." Y tú, con el cuerpo pesado de placer, supiste que esto era el inicio de algo triple, profundo, inolvidable. El deseo no se apagó; solo se transformó en una promesa ardiente para la próxima ronda.

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