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El Trío de la Muerte

6567 palabras

El Trío de la Muerte

El sol de Playa del Carmen te besa la piel mientras caminas por la arena tibia de la playa privada de la villa. El aire huele a sal marina mezclada con el dulce aroma de las flores tropicales que rodean la casa de tu amiga Lupita, una chava con lana de sobra que organiza las mejores fiestas. Llevas un bikini rojo que se pega a tus curvas como una segunda piel, y sientes las miradas de los invitados clavadas en ti. Qué chido estar aquí, piensas, mientras tomas un sorbo de tu margarita helada, el limón fresco explotando en tu lengua.

De repente, dos tipos se acercan. Marco, alto, moreno, con tatuajes que serpentean por sus brazos musculosos, y Luis, más delgado pero con ojos verdes que te desnudan con una sola mirada. Los conoces de fiestas pasadas; son carnales inseparables, siempre con esa vibra de peligro juguetón. Marco te sonríe con dientes blancos perfectos. Órale, mamacita, ¿vienes a quemar la noche? dice, su voz grave vibrando en tu pecho. Luis se acerca más, su aliento cálido rozando tu oreja. Hemos oído que buscas emociones fuertes. ¿Qué tal si te contamos del trío de la muerte?

Tu corazón da un brinco. ¿Trío de la muerte? Suena cabrón, pero excitante. Ellos ríen bajito, como si compartieran un secreto sucio. Te explican que es su juego privado: un encuentro donde el placer es tan intenso que sientes que vas a morir de puro gozo. Nada de ataduras, todo consensual, puro fuego entre tres cuerpos. Tus pezones se endurecen bajo el bikini solo de imaginarlo. Piensa en ello, murmura Marco, su mano rozando accidentalmente tu cadera, enviando chispas por tu espina. Aceptas con una sonrisa pícara. Chínguenme si no lo pruebo.

La fiesta sigue, pero ahora cada roce, cada mirada tuya con ellos aviva la llama. Bailas al ritmo de la cumbia rebajada que retumba en los altavoces, tus caderas ondulando, sudando bajo las luces de colores. Sientes el sudor perlando tu cuello, bajando entre tus senos. Luis te trae otro trago, sus dedos demorándose en los tuyos. Marco te susurra al oído: Imagina nuestras vergas dentro de ti, partiéndote en dos. Tu concha se humedece al instante, el calor subiendo por tus muslos. No aguanto más, carnales.

Tú quieres esto. Sus cuerpos fuertes contra el tuyo, el olor a hombre mezclado con el mar. Es tu noche, tu placer.

Se escabullen a una habitación en la parte alta de la villa, con vista al Caribe. La puerta se cierra con un clic suave, aislando el ruido de la fiesta. La cama king size está cubierta de sábanas de algodón egipcio, frescas al tacto. Marco te besa primero, sus labios carnosos devorando los tuyos, lengua invadiendo tu boca con sabor a tequila y deseo. Luis se pega por detrás, sus manos grandes amasando tus tetas, pellizcando los pezones hasta que gimes contra la boca de Marco.

Esto es el paraíso. Te quitan el bikini despacio, saboreando cada centímetro de piel expuesta. El aire acondicionado eriza tu piel, pero sus cuerpos calientes la reconfortan. Marco lame tu cuello, mordisqueando suave, mientras Luis besa tu ombligo, bajando. Sientes su aliento caliente en tu monte de Venus, y arqueas la espalda. Qué rica estás, pinche diosa, gruñe Luis, antes de enterrar la cara en tu panocha. Su lengua experta lame tu clítoris, chupando con succiones que te hacen temblar. El sabor salado de tu excitación lo enloquece; lo oyes gemir contra ti.

Marco se desnuda, su verga gruesa saltando libre, venosa y palpitante. Te la ofrece, y la tomas en tu mano, sintiendo el calor, la dureza como acero recubierto de terciopelo. La mamas ansiosa, saboreando el precum salado, mientras Luis mete dos dedos en tu coño empapado, curvándolos para tocar ese punto que te hace ver estrellas. ¡Ay, cabrones, no paren! gritas, las caderas moviéndose solas. El cuarto huele a sexo: sudor, almizcle, el leve perfume de sus colonias.

El ritmo sube. Cambian posiciones como en una danza prohibida. Tú encima de Marco, su verga llenándote hasta el fondo, estirándote deliciosamente. Cada embestida es un golpe profundo, sus pelotas chocando contra tu culo. Luis se arrodilla frente a ti, metiendo su pinga en tu boca, follándote la garganta con cuidado, pero firme. Sientes sus pulsos acelerados, oyes sus jadeos roncos mezclados con los tuyos. Esto es el trío de la muerte, joder, me estoy muriendo de gusto.

Luis sale de tu boca y se posiciona detrás. ¿Lista para el doble? pregunta, y tú asientes, empapada y ansiosa. Escupe en tu ano, masajeando con dedos lubricados, abriéndote despacio. Cuando entra, es una invasión ardiente, plena. Los dos dentro de ti, moviéndose en sincronía perfecta: Marco abajo, follándote la concha; Luis atrás, poseendo tu culo. El roce de sus vergas separadas solo por una delgada pared te vuelve loca. Gritas, las uñas clavadas en los hombros de Marco, sudando a chorros. El sonido es obsceno: carne contra carne, resbaladiza y húmeda, gemidos guturales.

¡Sí, así, partiéndome! Soy suya, de los dos, en esta muerte deliciosa.

La tensión crece como una ola gigante. Tus músculos se contraen, el orgasmo acechando. Ellos lo sienten, aceleran, sus manos por todo tu cuerpo: pellizcando, azotando suave tu culo, tirando de tu pelo. Vente, reina, córrete en nuestras vergas, ordena Marco. Explotas entonces, un clímax que te sacude entera, chorros de placer saliendo de ti, mojando las sábanas. Tus paredes aprietan sus pollas, ordeñándolas. Ellos rugen, llenándote uno tras otro: Marco primero, su leche caliente inundando tu útero; Luis segundos después, bombeando en tu trasero.

Colapsan contigo en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El olor a semen y sudor impregna el aire, mezclado con el brisa marina que entra por la ventana entreabierta. Marco te besa la frente, Luis acaricia tu espalda. ¿Ves? El trío de la muerte no mata, revive, bromea Luis. Ríes bajito, el cuerpo lánguido, satisfecho hasta los huesos.

Te quedas ahí un rato, sintiendo sus corazones latir contra el tuyo. Qué chingonería de noche. No hay remordimientos, solo una conexión profunda, carnal y honesta. Cuando sales de la habitación, la fiesta sigue, pero tú caminas con una luz nueva, el recuerdo del trío grabado en cada célula. El mar susurra afuera, prometiendo más noches así. Y sabes que volverás por más de esa muerte placentera.

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