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Las 100 Canciones con los Mejores Tríos

6286 palabras

Las 100 Canciones con los Mejores Tríos

Era una noche de esas que empiezan tranquilas en mi depa de la Condesa, con el aire cargado de ese olor a jazmín que sube del jardín de abajo. Yo, Ana, acababa de llegar de un día eterno en la oficina, pero Marco, mi carnal del alma desde la uni, ya tenía todo listo. "Órale, mami, hoy te voy a volar la cabeza con esto", me dijo mientras sacaba su cel y ponía play a una playlist que había armado él solito: 100 canciones con los mejores tríos. Los Panchos, Los Tres Aces, Los Morochicos, boleros que te envuelven como un abrazo caliente, con esas voces que te hacen sentir cosquillas en la piel.

Me tiré en el sofá de piel suave, sintiendo cómo el cuero se pegaba un poquito a mis muslos por el calor de la ciudad. Marco se acercó con dos chelas frías, el vidrio sudado goteando en mis dedos.

¿Qué pedo con esta lista, wey? ¿Vas a ponerte romántico o qué?
le pregunté riendo, pero ya sentía esa electricidad en el aire, como antes de una tormenta. Él sonrió con esa mirada pícara que me deshace. "Es pa' ambientar, nena. Hoy viene Luis, ¿te late?"

Luis, el compa de Marco, alto, moreno, con unos ojos que te desnudan sin decir ni madres. Lo habíamos visto en fiestas, siempre con esa vibra juguetona, pero nunca habíamos cruzado la línea. La idea me dio un vuelco en el estómago, un calorcito que subía desde mi entrepierna. Neta, ¿un trío? ¿Yo, con estos dos morros? Pensé, mientras el primer bolero llenaba la sala: "Sin ti" de Los Panchos, con esas guitarras que suenan como caricias.

Acto uno de la noche: plática y risas. Llegó Luis con una botella de tequila reposado, el aroma fuerte y terroso invadiendo el lugar. Nos sentamos en círculo, brindando, las luces bajas pintando sombras en sus caras. Cada canción de la lista era un paso más cerca: "Rayito de Luna", y Marco me jaló a bailar, su mano en mi cintura firme, su aliento en mi cuello oliendo a menta y cerveza. Luis nos miraba, sonriendo, y de repente se unió, su cuerpo pegándose por detrás. Sentí sus caderas contra mis nalgas, duras, y el roce de su verga ya semi parada a través del pantalón. "¿Se siente chido, Ana?" murmuró en mi oreja, su voz grave vibrando en mi piel.

Mi corazón latía como tambor, el sudor empezando a perlar mi escote. El olor de sus colonias mezcladas con el mío, ese almizcle femenino que sale cuando estás cachonda. No dije nada, solo me moví entre ellos, sintiendo las manos de Marco bajando por mi espalda y las de Luis subiendo por mis muslos. Esto va en serio, ¿verdad? Y me encanta.

La playlist seguía, ya en la décima canción, "Contigo en la Distancia", cuando las cosas escalaron. Nos fuimos al sillón grande, yo en medio, con las piernas abiertas un poquito. Marco me besó primero, su lengua dulce invadiendo mi boca, saboreando a tequila y deseo. Luis no se quedó atrás; sus labios en mi cuello, chupando suave, dejando un rastro húmedo que me erizó la piel. Gemí bajito, el sonido ahogado por la música. Sus manos everywhere: Marco desabotonando mi blusa, exponiendo mis tetas en el bra de encaje negro, Luis metiendo la mano por mi falda, rozando mi panocha ya empapada.

"Estás mojadísima, reina", dijo Luis, metiendo un dedo dentro de mí, lento, curvándolo para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El squelch húmedo de mi concha se mezclaba con las voces del trío en "Sabor a mí". Marco se arrodilló, bajando mi bra y mamando mis pezones duros como piedras, mordisqueando suave. Yo arqueé la espalda, oliendo el sudor salado de sus cuerpos, sintiendo el pulso acelerado de sus vergas contra mis piernas.

En el medio del acto, la tensión era brutal. Me quitaron la ropa con calma, venerándome como diosa. Yo los desnudé a ellos, admirando sus cuerpos torneados: Marco con ese pecho velludo que tanto me gusta lamer, Luis con su verga gruesa, venosa, goteando pre-semen.

Quiero chuparlos a los dos, neta
, pensé, mientras me ponía de rodillas en la alfombra mullida. La canción "Bésame Mucho" sonaba, perfecta. Tomé la de Marco en la boca primero, saboreando su piel salada, la cabeza hinchada deslizándose en mi lengua. Luis se acercó, yo alternaba, mamando una mientras pajeaba la otra, sus gemidos roncos sobre la música. "¡Qué chingona eres, Ana! ¡No pares!" gruñó Marco, enredando sus dedos en mi pelo.

Pero querían más. Me levantaron como pluma, Marco sentándose en el sofá, yo cabalgándolo despacio, su verga llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. El slap slap de mi culo contra sus muslos, el olor a sexo puro inundando la habitación. Luis detrás, escupiendo en mi ano para lubricar, metiendo un dedo, luego dos, preparándome. Primera vez en doble penetración, pero con estos dos, simón. Cuando entró, lento, centímetro a centímetro, grité de placer mezclado con ese ardor inicial que se vuelve éxtasis. Los dos adentro, moviéndose en ritmo con "La gloria eres tú", sus vergas rozándose separadas solo por mi carne, pulsando.

Sudor goteando, bocas chocando en besos desordenados, manos apretando tetas, nalgas, vergas. Yo rebotaba, sintiendo cada vena, cada embestida profunda. "¡Córrete con nosotros, mami!" jadeó Luis, acelerando. El clímax llegó como ola: mi concha contrayéndose, chorros de placer mojando a Marco, ellos explotando dentro, semen caliente llenándome, goteando por mis piernas. Gritos, música, el olor almizclado de corrida fresca.

Al final, el afterglow fue puro paraíso. Colapsamos en la cama king size, la playlist llegando a la canción 50 o qué sé yo, "Quizás, quizás, quizás". Sus cuerpos pegados al mío, caricias suaves, besos en la frente. Marco limpiándome con una toalla tibia, Luis trayendo agua fresca. Neta, esto fue lo mejor. Los quiero a los dos, siempre, pensé, mientras el sueño nos vencía envueltos en sábanas revueltas, el eco de los tríos cantando en loop.

Desde esa noche, 100 canciones con los mejores tríos no es solo una lista; es nuestro himno secreto, el soundtrack de la pasión que nos une. Y quién sabe, tal vez la próxima vez repetimos, o subimos la apuesta.

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