Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Elvis Tratando de Llegar a Ti Elvis Tratando de Llegar a Ti

Elvis Tratando de Llegar a Ti

7440 palabras

Elvis Tratando de Llegar a Ti

La noche caía pesada sobre mi depa en la Condesa, con ese calor pegajoso de verano que te hace sudar hasta el alma. El aire olía a jazmín de la vecina y a tacos de asador de la esquina, pero adentro, solo estaba yo, , recargada en el sofá de piel gastada, con una chela fría en la mano. El ventilador giraba perezoso, moviendo el aire caliente como si nada. Te quitaste la playera, quedaste en bra de encaje negro y unos shorts que apenas cubrían tus nalgas firmes. La piel te brillaba de sudor, y sentiste ese cosquilleo familiar entre las piernas. "Neta, necesito algo que me prenda", pensaste, y le diste play al viejo vinilo de Elvis que heredaste de tu carnal.

La voz ronca de Elvis llenó la sala: "I've been a-wasting away... trying to get to you". Esas palabras te erizaron la nuca, como si el Rey estuviera susurrándote al oído. Te imaginaste sus caderas moviéndose, ese swing que hipnotiza. Tus dedos bajaron por tu vientre, rozando el borde del short, pero te detuviste. "No mames, mejor salgo a la azotea a ver si hay fiesta". Justo entonces, unos golpes firmes en la puerta. Tu corazón dio un brinco.

Abriste, y ahí estaba él: Elvis, tu vecino del depa de al lado, el morro alto y prieto con tatuajes de águilas en los brazos y una sonrisa que te deshace las rodillas. Llevaba una güira playera blanca desabotonada hasta el pecho, mostrando pectorales duros como piedra, y jeans ajustados que marcaban todo. Olía a colonia barata mezclada con sudor macho, ese aroma que te hace mojar sin querer.

¿Por qué carajos viene este wey ahora? Neta, desde que nos vimos en el elevador la semana pasada, no para de coquetear. "Hola, preciosa", me dijo entonces, y yo solo atiné a sonrojarme como pendeja.

"Órale, morra, oí la rola de mi tocayo y no pude resistir. ¿Puedo pasar? Esa 'Trying to Get to You' me trae loco". Su voz grave retumbó en tu pecho, y viste cómo sus ojos cafés recorrían tu cuerpo semidesnudo sin disimulo. Asentiste, sintiendo el pulso acelerarse en tu garganta.

Entró como dueño del lugar, y la música seguía sonando bajito. Se sirvió una chela de la hielera y se sentó a tu lado en el sofá, tan cerca que su muslo rozó el tuyo. La piel se te encendió al toque, un calor eléctrico que subió directo a tu centro. "Sabes, Elvis trying to get to you", murmuró, citando la letra con esa voz juguetona, y te guiñó un ojo. Reíste, nerviosa, pero tu cuerpo ya sabía lo que quería. Sus dedos rozaron tu brazo casualmente, trazando un camino de fuego hasta tu hombro desnudo.

Hablaron de tonterías: del pinche tráfico de Reforma, de las fiestas en Polanco, de cómo él tocaba guitarra en un bar de la Zona Rosa los fines. Pero el aire se cargaba de tensión, como antes de una tormenta. Sentías su mirada devorándote, el olor de su piel invadiendo tus sentidos. "Eres chingona, ¿sabes? Me traes de cabeza desde que te vi moviendo esas caderas en el pasillo". Su aliento cálido te rozó la oreja, y un escalofrío te recorrió la espina.

Te volteaste, y sus labios capturaron los tuyos en un beso hambriento. Sabían a chela y a menta, su lengua invadió tu boca con urgencia, explorando cada rincón. Gemiste bajito, tus manos subieron a su nuca, enredándose en su cabello negro y revuelto. Él te jaló a su regazo, y sentiste su verga dura presionando contra tu panocha a través de la tela. "Qué rica estás, nena", gruñó contra tu cuello, mordisqueando la piel sensible. El mordisco te sacó un jadeo, y el mundo se redujo a ese sofá, a sus manos grandes amasando tus tetas, pellizcando los pezones hasta ponértelos como piedras.

Dios, este wey me va a volver loca. Su toque es puro fuego, neta nunca sentí algo así. Quiero que me coma entera.

La música cambió a "Hound Dog", pero ninguno prestaba atención. Él te quitó el bra de un tirón, y su boca se lanzó a tus pechos, chupando un pezón con hambre mientras su mano bajaba a tus shorts. Los deslizó con facilidad, y sus dedos encontraron tu clítoris hinchado, frotándolo en círculos lentos que te hicieron arquear la espalda. "Estás empapada, preciosa. Todo por Elvis trying to get to you", susurró con risa ronca, y metió dos dedos dentro de ti, curvándolos justo donde dolía de placer. Tus jugos chorreaban, el sonido húmedo de sus embestidas llenaba la sala junto a tus gemidos ahogados.

Lo empujaste al sofá y te arrodillaste entre sus piernas. Desabrochaste sus jeans, y su pinga saltó libre, gruesa y venosa, con la cabeza roja brillando de pre-semen. Olía a macho puro, ese musk que te enloquece. La lamiste desde la base hasta la punta, saboreando la sal, y él gruñó, agarrando tu cabello. "Así, morra, trágatela toda". La metiste en tu boca, chupando con ganas, sintiendo cómo palpitaba contra tu lengua. Sus caderas se movían, follándote la boca suave pero firme, y tú lo mirabas con ojos lujuriosos, empoderada por su entrega.

No aguantaste más. Te levantaste, lo jalaste al piso sobre la alfombra mullida, y te montaste encima. Su verga se hundió en ti de un solo empujón, llenándote hasta el fondo. "¡Chingao, qué apretada!", rugió él, y tú empezaste a cabalgar, tus nalgas chocando contra sus muslos con palmadas sonoras. El sudor nos unía, resbaloso y caliente; sentías cada vena de su polla rozando tus paredes, el roce en tu punto G que te hacía ver estrellas. Tus tetas rebotaban, y él las atrapaba, lamiendo el sudor salado de tu piel.

La tensión crecía como ola gigante. Cambiaron posiciones: él te puso a cuatro patas, agarrando tus caderas con fuerza. Entró de nuevo, más profundo, sus bolas golpeando tu clítoris con cada estocada brutal. "Dime que te gusta, nena. Dime que quieres que te rompa". "¡Sí, pendejo, rómpeme! ¡Más duro!", gritaste, perdida en el placer. El olor a sexo impregnaba todo, tus jugos goteando por tus muslos, sus gruñidos mezclándose con los tuyos. Tus uñas arañaban la alfombra, el corazón latiéndote en las sienes, el clímax acechando.

No puedo más, voy a explotar. Este wey es mi Elvis personal, tratando de llegar hasta lo más hondo de mí.

Él aceleró, sus embestidas volviéndose salvajes, una mano bajando a frotar tu botón mientras te penetraba. El orgasmo te golpeó como rayo: tu panocha se contrajo alrededor de su verga, chorros de placer saliendo de ti, piernas temblando. Gritaste su nombre, olas de éxtasis recorriéndote el cuerpo. Él te siguió segundos después, hinchándose dentro y soltando chorros calientes que te llenaron, gimiendo ronco contra tu espalda.

Cayeron juntos al piso, jadeando, cuerpos enredados en un charco de sudor y semen. Su pecho subía y bajaba contra tu mejilla, el corazón de él martilleando al ritmo del tuyo. La música había parado, pero el eco de "trying to get to you" flotaba en tu mente. Él te besó la frente, suave ahora, empapado. "Neta, morra, valió la pena cada segundo tratando de llegar a ti". Reíste bajito, trazando círculos en su piel con la uña.

Se quedaron así un rato, el ventilador secando el sudor lento, el aroma de jazmín colándose por la ventana abierta. Te sentiste plena, poderosa, como si hubieras conquistado al Rey mismo. "Vuelve cuando quieras, Elvis", murmuraste, y él sonrió, sabiendo que esto era solo el principio. La noche se extendía infinita, llena de promesas calientes.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.