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El Fuego Desatado de Bedoyecta Tri Solución Inyectable 5 Pzas

6355 palabras

El Fuego Desatado de Bedoyecta Tri Solución Inyectable 5 Pzas

Estaba hecha un trapo después de una semana de puro desmadre en la oficina. Órale, neta que el estrés me tenía jodida, con el cuerpo pesado como si cargara un yunque. Mi carnal, Javier, siempre tan atento, llegó a la casa con una cajita en la mano. Bedoyecta Tri solución inyectable 5 pzas, dijo con esa sonrisa pícara que me derrite. "Mira, mi reina, esto te va a poner como nueva. Vitaminas puras, B12 y todo el pedo, para que revivas como fénix". Lo miré con cara de "qué wey", pero la neta es que andaba tan bajoneada que le di luz verde.

Nos sentamos en el sillón de la sala, con la luz tenue del atardecer colándose por las cortinas. El aire olía a su colonia fresca, mezclada con el aroma casero de los tacos que habíamos calentado. Javier sacó una de las jeringas del paquete, esterilizada y lista. "Relájate, güey, es como un piquete chiquito", me dijo mientras me remangaba la blusa. Sentí el pinchazo leve en el brazo, un ardor rápido que se expandió como un cosquilleo eléctrico. No dolía, al contrario, era como si me inyectaran pura vida. ¿Y si de plano funciona?, pensé mientras lo veía desechar la aguja con cuidado.

Al rato, algo cambió. Mi piel se erizó, el corazón empezó a latirme más fuerte, como tambores en una fiesta. Javier me abrazó por la cintura, su mano cálida contra mi espalda baja. " ¿Ya sientes el power?", murmuró en mi oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo. Asentí, mordiéndome el labio. El deseo que traía ahogado toda la semana brotó de golpe, como volcán. Lo jalé hacia mí, besándolo con hambre. Sus labios sabían a menta y a promesas, su lengua explorando la mía con urgencia contenida.

"Javi, carnal, esto es Bedoyecta Tri solución inyectable 5 pzas hecho magia. Me siento invencible", le susurré entre besos.

Acto seguido, me cargó en brazos rumbo al cuarto, riendo como pendejos enamorados. El colchón nos recibió suave, las sábanas frescas oliendo a lavanda. Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus labios eran fuego líquido en mis hombros, bajando por el valle de mis senos. Gemí bajito cuando su boca capturó un pezón, chupándolo con devoción, la lengua girando en círculos que me hicieron arquear la espalda. Neta, nunca me había sentido tan viva, tan cachonda.

Mis manos volaron a su playera, arrancándosela con impaciencia. Su pecho moreno, marcado por horas en el gym, brillaba bajo la luz de la lámpara. Lo recorrí con las yemas, sintiendo los músculos tensos bajo la piel suave. Olía a hombre puro, sudor limpio mezclado con su esencia. Bajé los dedos a su cintura, desabrochando el cinturón con dedos temblorosos de anticipación. Su verga ya estaba dura, presionando contra el pantalón como queriendo escapar. La liberé, pesada y caliente en mi mano, latiendo al ritmo de su pulso acelerado.

"Te quiero ya, mi amor", ronroneó él, mientras yo lo acariciaba de arriba abajo, sintiendo las venas prominentes, la cabeza húmeda de pre-semen. Me tumbó de espaldas, besando mi vientre, lamiendo el ombligo hasta llegar a mis jeans. Los deslizó con maestría, exponiendo mis panties empapadas. El olor a mi excitación flotaba en el aire, almizclado y dulce. Javier inhaló profundo, gimiendo de placer. "Hueles a paraíso, preciosa". Su lengua trazó la línea del encaje antes de quitármelos, dejando mi panocha al descubierto, hinchada y lista.

Empecé a sudar, el calor subiendo desde el pecho. La inyección me había puesto en overdrive, cada roce era amplificado mil veces. Sentí su aliento caliente en mis pliegues, luego su lengua plana lamiéndome de abajo arriba. ¡Ay, cabrón! El placer era un rayo directo al clítoris. Chupó mi botón con succión perfecta, metiendo un dedo grueso dentro de mí, curvándolo para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Mis caderas se movían solas, follándome su boca. "¡Más, Javi, no pares!", grité, agarrando sus mechones negros.

El cuarto se llenó de sonidos obscenos: mis jadeos roncos, el chapoteo húmedo de su lengua, el crujir de las sábanas bajo nosotros. Mi olor se intensificó, mezclado con el suyo, creando una nube embriagadora. El clímax se acercaba como tormenta, pero quise más. Lo empujé hacia arriba, volteándolo para montarlo. Su verga se paró orgullosa, reluciente de mi saliva cuando la chupé rápido, saboreando su gusto salado y almendrado.

Me acomodé sobre él, frotando mi entrada contra su punta. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiéndolo estirarme deliciosamente. "¡Qué chingón te sientes!", exclamó él, manos en mis caderas guiándome. Empecé a cabalgar, lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas. El slap-slap de piel contra piel resonaba, mis senos rebotando con cada embestida. Sudor corría por mi espalda, goteando en su pecho. Aceleré, el placer acumulándose como ola gigante.

Esto es puro éxtasis, gracias a esa pinche Bedoyecta Tri, pensé mientras lo veía mirarme con ojos en llamas.

Cambié de posición, él encima ahora, misionero profundo. Sus embestidas eran potentes, golpeando mi cervix con precisión. "¡Fóllame más duro, pendejo!", lo reté, arañando su espalda. Obedeció, sudor goteando de su frente a mi boca, salado en mi lengua. Nuestros cuerpos resbalaban, unidos en frenesí. El orgasmo me golpeó primero, un estallido que me dejó temblando, contrayéndome alrededor de su verga como puño de terciopelo. "¡Me vengo, Javi!", aullé, visión borrosa de placer.

Él gruñó animalesco, hinchándose dentro de mí antes de explotar. Sentí chorros calientes llenándome, su semilla mezclándose con mis jugos. Colapsamos juntos, jadeantes, piel pegajosa y corazones galopantes. Me besó el cuello, suave ahora, mientras el mundo volvía a enfocarse.

Minutos después, recostados enredados, reíamos bajito. "Esa Bedoyecta Tri solución inyectable 5 pzas es oro puro, carnal. Tenemos cuatro más para noches como esta", dijo él, acariciando mi pelo. Yo asentí, sintiéndome plena, empoderada. El cansancio era historia, solo quedaba esta conexión ardiente, este amor que la inyección había avivado como brasa a fogata. Mañana probaríamos otra, pero esta noche, éramos invencibles.

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