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Te Pruebo en Presente Simple

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Te Pruebo en Presente Simple

El sol de Puerto Vallarta cae a plomo sobre la playa, tiñendo de dorado la arena caliente que quema tus pies descalzos. El aroma salino del mar se mezcla con el dulce perfume de las buganvillas que trepan por la cabaña de palapa donde te espero. Tú llegas con ese vestido ligero de algodón que se pega a tus curvas por el sudor, y órale, qué chula te ves, con el cabello revuelto por la brisa y los labios entreabiertos como invitándome a probarlos. Somos amantes de toda la vida, pero cada encuentro es como el primero: puro fuego contenido.

Te acerco con un abrazo que huele a protector solar y a tu loción de vainilla. Tus tetas se aprietan contra mi pecho, y siento cómo tus pezones se endurecen bajo la tela fina. "Ven, pendeja", te digo riendo bajito al oído, mi aliento caliente rozando tu cuello. "Hoy neta que te voy a volver loca". Tú respondes con una risita coqueta, tus manos bajando por mi espalda hasta apretarme el culo. El deseo ya palpita entre nosotros, pero lo dejamos cocer a fuego lento, como buen mole poblano.

Entramos a la cabaña, fresca por el ventilador de techo que gira perezoso. Te sirvo un fresco de tamarindo, helado y ácido en la lengua, mientras charlamos de tonterías. Yo soy profe de inglés en la uni de Guadalajara, y tú, diseñadora gráfica que viaja por el Pacífico. Siempre jugamos con palabras, mezclando spanglish para encender la chispa. "Oye", digo pasándote el vaso, mis dedos rozando los tuyos intencionalmente, "hoy practicamos gramática erótica. Try en present simple: I try, you try, we try... y ahorita yo try a comerte entera". Tú arqueas la ceja, mordiéndote el labio inferior, ese gesto que me pone la verga dura al instante. "Pruébame, wey", respondes con voz ronca, "a ver si puedes".

Qué deliciosa provocación. Sientes ya el cosquilleo en el vientre, esa humedad traicionera entre las piernas que te hace cruzarlas disimuladamente.

Acto primero del juego: te sientas en la hamaca de red, balanceándote suave mientras yo me arrodillo frente a ti. Mis manos suben por tus muslos, lentas, sintiendo la piel suave y cálida, con ese leve vello que me eriza la piel. El sonido de las olas rompiendo afuera marca el ritmo de mi respiración acelerada. Te beso el interior de la rodilla, saboreando el salitre de tu sudor, y subo despacio, olfateando tu aroma íntimo que ya se filtra, ese olor almizclado a mujer excitada que me vuelve loco. Tus gemidos suaves, como suspiros del mar, me guían. "Más arriba, cabrón", murmuras, enredando tus dedos en mi pelo.

Te quito el vestido con calma, revelando tus tetas firmes, pezones oscuros y tiesos como botones de cacao. Los chupo uno a uno, lamiendo círculos lentos, sintiendo su textura rugosa en mi lengua. Tú arqueas la espalda, el hamaca cruje bajo tu peso, y tus uñas se clavan en mis hombros. El tacto de tu piel es seda caliente, y el sabor... pinche ambrosía. Bajo mi boca por tu vientre, besando el ombligo, hasta llegar a tus bragas empapadas. Las arranco con los dientes, oyendo el shhh de la tela rasgándose, y ahí estás: tu panocha hinchada, labios rosados brillando de jugos.

Te separo las piernas con gentileza, inhalando profundo ese perfume de deseo puro. Mi lengua roza tu clítoris, suave al principio, como una caricia. Tú tiemblas, un jadeo largo escapa de tu garganta. "¡Chingao, sí!", gritas, y yo acelero, lamiendo con hambre, saboreando tu miel salada y dulce a la vez. Tus caderas se mueven solas, follándome la cara, el sonido húmedo de mi boca chupándote es obsceno, perfecto. Sientes el calor subiendo, tus muslos apretándome la cabeza, el pulso latiendo en tus sienes.

Pero no te dejo venir aún. Me levanto, quitándome la camisa sudada, y tú ves mi torso moreno, músculos tensos por el gym. Te incorporas y me desabrochas los shorts, liberando mi verga gruesa, venosa, ya goteando precum. La tocas con manos temblorosas, sintiendo su calor pulsante, la piel aterciopelada sobre acero. "Qué vergota", susurras, y me la mamas con ganas, tu boca caliente envolviéndome, lengua girando en la cabeza sensible. El sonido de succión, tus labios estirados, me hace gruñir. Te agarro el pelo suave, guiándote sin fuerza, solo placer mutuo.

Piensas: Try en present simple, yo try a no correrme ya, porque esta mamada es de campeonato.

El medio tiempo llega con tensión brutal. Te cargo a la cama king size cubierta de sábanas blancas crujientes, oliendo a lavanda fresca. Te pongo a cuatro patas, admirando tu culazo redondo, perfecto, con esa marquita de bikini. Mis manos masajean tus nalgas, separándolas para ver tu ano fruncido y tu coño chorreando. Escupo en mi verga y te froto la punta en la entrada, sintiendo tu calor húmedo invitándome. "Pídemelo, rica", digo, voz grave. "Métemela ya, pendejo, no mames", replicas, empujando hacia atrás.

Entro despacio, centímetro a centímetro, sintiendo tus paredes apretándome como guante de terciopelo mojado. Tú gimes fuerte, el sonido rebota en las paredes de madera. Empujo hondo, llenándote, y empezamos el vaivén: lento al inicio, piel contra piel chocando con palmadas húmedas. El olor a sexo impregna el aire, sudor mezclado con tus jugos. Te agarras las sábanas, mordiendo la almohada, mientras yo te cojo más fuerte, una mano en tu clítoris frotando círculos rápidos. Tus tetas se bambolean, yo las aprieto desde atrás, pellizcando pezones.

Cambiamos posiciones, tensión escalando. Te monto encima, tú cabalgas como diosa azteca, tus caderas girando, verga entrando y saliendo con sonidos chapoteantes. Veo tu cara de éxtasis: ojos entrecerrados, boca abierta en O perfecto, sudor perlando tu frente. "¡Más rápido, chinga!", ordenas, y obedezco, embistiéndote desde abajo. Sientes el orgasmo construyéndose, olas de placer desde el clítoris hasta la nuca, músculos contrayéndose. Yo resisto, pensando en fríos cálculos para durar.

El clímax explota como fuegos artificiales en la playa. Tú te vienes primero, gritando mi nombre, tu coño ordeñándome en espasmos rítmicos, jugos calientes empapando mis bolas. El sonido de tu placer, animal, me empuja al borde. "¡Me vengo, carajo!", rujo, y suelto chorros espesos dentro de ti, sintiendo cada contracción, el calor mezclándose. Colapsamos jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor, corazones galopando al unísono.

El afterglow es puro paraíso. Te acurrucas en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse, mi piel salada bajo tu mejilla. El mar canta su nana afuera, brisa fresca secando nuestro sudor. Besamos lento, lenguas perezosas saboreando restos de placer. "Neta, eso estuvo chingón", dices riendo, trazando círculos en mi abdomen. Yo te aprieto: "Y ni terminamos la lección. Mañana más try en present simple: I try again". Tú sonríes pícara, sabiendo que este fuego nunca se apaga. Aquí, en nuestra cabaña, el deseo es eterno, simple y presente.

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