Cartucho HP MOH50A Tri Color de Pasiones Desbordadas
Estaba en mi depa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas, cuando el pinche impresora decidió joderme la existencia. Quería sacar unas fotos que había editado para sorprender a Pablo, mi carnal del alma, pero el cartucho tri color se había secado como pasa en el desierto de Sonora. Cartucho HP MOH50A tri color, tecleé en la compu, buscando en línea. Neta, era el exacto que necesitaba para que los rojos, azules y amarillos salieran vibrantes como mi piel cuando me excito.
Me recargué en la silla, sintiendo el aire acondicionado rozándome las piernas desnudas bajo la falda corta. Olía a café recién hecho y a mi perfume de vainilla que se mezclaba con el calor de mi cuerpo. Pablo llegaría en una hora, y yo ya estaba mojadita solo de imaginarlo.
¿Y si esta noche lo sorprendo de verdad? Con esas impresiones en la mano, lo voy a volver loco.Pedí el cartucho express, pero el mensajero no tardó ni veinte minutos. Sonó el interfón, y bajé a recibirlo con una sonrisa pícara.
Abrí la puerta y ahí estaba Pablo, alto, moreno, con esa playera ajustada que marcaba sus pectorales y unos jeans que dejaban poco a la imaginación. En la mano traía una cajita. "Mira, mi reina, te traje tu cartucho HP MOH50A tri color. No iba a dejar que te quedaras sin colores para tus locuras." Su voz grave me erizó la piel, y lo jalé adentro antes de que los vecinos olieran el pedo.
Subimos las escaleras riéndonos, su mano en mi cintura, apretando justo donde me gusta. El departamento olía a jazmín del balcón, y el ruido de la ciudad era un murmullo lejano. Lo besé apenas cruzamos la puerta, saboreando su boca con gusto a menta y deseo. Su lengua explorando la mía, suave pero insistente, como si quisiera devorarme entera. Nos separamos jadeantes, y le mostré la impresora.
"Vamos a instalar este cabrón y ver qué sale." Pablo abrió la caja con dedos hábiles, sacando el cartucho HP MOH50A tri color reluciente. Lo metió en la impresora mientras yo me paraba atrás de él, presionando mis tetas contra su espalda. Sentí su calor a través de la tela, su respiración acelerándose. El clic del cartucho encajando fue como un susurro prometedor. Encendimos la máquina, y el zumbido suave llenó la habitación, mezclado con nuestro aliento entrecortado.
Imprimí la primera foto: yo desnuda en la cama, con las luces del atardecer pintándome la piel en tonos anaranjados. Los colores salieron perfectos, el rojo de mis labios, el azul profundo de las sombras en mis curvas, el amarillo dorado en mi vientre. Pablo la tomó, sus ojos oscureciéndose. "Chingao, Ana, estás cañona. Esto me pone la verga dura como piedra." Me volteó, presionándome contra la mesa, y me besó el cuello, mordisqueando suave. Su aliento caliente me hacía temblar, y olía a su colonia masculina, terrosa y adictiva.
La tensión crecía como tormenta en el Golfo. Sus manos subieron por mis muslos, rozando la piel sensible del interior, hasta encontrar mis panties húmedas.
¡Neta, ya no aguanto! Quiero sentirlo dentro, llenándome.Lo empujé hacia el sofá, quitándole la playera de un jalón. Su pecho ancho, con vello oscuro que bajaba hasta su abdomen marcado. Lo besé ahí, lamiendo el sudor salado que empezaba a perlar su piel. Él gimió, un sonido ronco que vibró en mi clítoris.
Pero entonces, en la euforia, Pablo tomó el cartucho HP MOH50A tri color de la impresora, aún con un poco de tinta fresca en la punta. "¿Y si jugamos con colores, mi amor? Hagamos arte en tu cuerpo." Reí, excitada por la idea loca. Me quité la blusa, dejando mis tetas libres, pezones duros como balas. Él destapó el cartucho con cuidado, y un chorrito de tinta tri color goteó: rojo pasión, azul misterio, amarillo sol ardiente.
Empezó por mi cuello, trazando líneas con el cartucho, la tinta fría y viscosa deslizándose por mi piel, mezclándose con mi calor. El olor químico del ink se fundió con mi aroma a excitación, almizclado y dulce. Sus dedos seguían el rastro, untando, masajeando, bajando por mis pechos. Pintó círculos alrededor de mis pezones, el rojo tiñéndolos de fuego. Gemí cuando su lengua lamió la tinta, saboreándola mezclada con mi piel. "Sabe a ti, a pura pinga de deseo."
Yo le quité los jeans, liberando su verga erecta, venosa y palpitante. Tomé el cartucho y lo rocé por su longitud, tiñéndola de tri color: azul en la base, rojo en la cabeza hinchada, amarillo en las bolas pesadas. Él gruñó, agarrándome el pelo. "¡Eres una pinche diosa, Ana! Me vas a hacer correrme ya." Pero no, lo detuve, queriendo alargar el juego. Nos tendimos en la alfombra, cuerpos enredados, la tinta manchándonos mutuamente como un lienzo vivo.
Sus dedos, ahora coloreados, se colaron en mi panocha empapada, rozando el clítoris hinchado. Entró uno, luego dos, curvándose justo en mi punto G. El sonido húmedo de mis jugos era obsceno, sincronizado con nuestros jadeos. Olía a sexo crudo, a tinta y sudor.
¡Dios, sus dedos me follan tan bien! Pero quiero más, lo quiero todo.Lo monté, guiando su verga pintada adentro de mí. La sentí estirándome, llenándome hasta el fondo, los colores imaginarios explotando en mi interior.
Cabalgaba despacio al principio, sintiendo cada vena pulsar contra mis paredes. Sus manos en mis caderas, guiándome, clavando uñas en mi piel teñida. El ritmo aceleró, piel contra piel chapoteando, tetas rebotando. Él se incorporó, chupando mis pezones manchados, mordiendo suave. "¡Más rápido, mi chula! Fóllame como sabes." Grité su nombre, el orgasmo construyéndose como volcán en Popocatépetl.
Cambié de posición, él encima, embistiéndome profundo. Sus bolas golpeaban mi culo, el sonido rítmico como tambores aztecas. Sudor goteaba de su frente al mío, salado en mis labios. La tinta se corría por nuestros cuerpos, mezclándose en riachuelos multicolores. Su verga hinchándose más, lista para estallar. Me corrí primero, un espasmo brutal que me arqueó la espalda, jugos salpicando. Él siguió, gruñendo como fiera, llenándome con su leche caliente, pulso tras pulso.
Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos de tinta, sudor y semen. El aire olía a nuestro clímax compartido, intenso y embriagador. Pablo me besó la frente, suave. "Ese cartucho HP MOH50A tri color fue lo mejor que pediste, mi vida. Nos pintó el alma." Reí bajito, acurrucándome en su pecho, sintiendo su corazón latir contra el mío.
Nos duchamos después, el agua lavando los colores pero no el recuerdo. Bajo el chorro caliente, sus manos jabonosas recorrieron mi cuerpo de nuevo, prometiendo más rondas. Salimos envueltos en toallas, pidiendo tacos por app, riéndonos de las manchas en la alfombra.
Esta noche cambió todo. No solo colores en papel, sino en nuestra piel, en nuestro fuego.Pablo me miró con ojos que decían eternidad, y supe que esto era solo el principio de muchas impresiones apasionadas.