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Las Nike Air More Uptempo Tri Color de Su Tentación

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Las Nike Air More Uptempo Tri Color de Su Tentación

Estaba en las canchas del Parque España en la Condesa, un sábado por la tarde con el sol pegando duro pero con esa brisa chida que hace que el ambiente se sienta vivo. El rebote de la pelota contra el concreto, los gritos de "¡pásala wey!" y el chirrido de las suelas en la duela improvisada me tenían clavado ahí, sudando la gota gorda mientras jugaba un partidazo con los carnales. De repente, mis ojos se clavaron en ella. Una morra alta, atlética, con el pelo negro recogido en una coleta alta que se movía como bandera al viento. Llevaba shorts deportivos ajustados que marcaban sus muslos firmes y una playera holgada que dejaba ver justo lo suficiente de su clavícula sudada. Pero lo que me dejó con la boca seca fueron sus Nike Air More Uptempo Tri Color. Esas patadas legendarias, con sus colores rojo, blanco y negro brillando bajo el sol, air bag visible en la suela que amortiguaba cada salto como un sueño. Neta, esas tenis son icono puro, y en sus pies perfectos, con las calcetas blancas subiendo por los tobillos, se veían como una puta invitación al pecado.

Me quedé pasmado un segundo, perdiendo la pelota. "¡Órale, Alex, despierta cabrón!" me gritó mi compa Luis, pero yo ya no escuchaba nada. Ella dribló como profesional, cruzó las piernas en un crossover que hizo gemir la suela de sus Nike, y metió un tiro de tres que silbó en el aro. Todos aplaudimos, y yo aproveché pa' acercarme.

¿Qué pedo, wey? Vas a hablarle o nomás vas a babearte como pendejo?
me dije en la mente mientras caminaba con mi mejor pose casual.

"¡Qué chingón tiro, morra! Esas Nike Air More Uptempo Tri Color te dan superpoderes o qué?" le solté, sonriendo con los dientes blancos que tanto me costaron en el dentista. Ella volteó, con los ojos cafés brillando de sudor y diversión, y se rió fuerte, ese sonido ronco que te eriza la piel.

"Ja, neta sí, carnal. Son mis favoritas, cómodas pa' volar en la cancha. Tú no estás tan mal tampoco, ¿eh? Ese fade te queda chido." Me guiñó el ojo, y juro que sentí el calor subiendo desde mis huevos hasta la cara. Se llamaba Renata, estudiaba diseño gráfico en la UAM, y era de aquí de la CDMX, como yo. Charlamos un rato mientras el sol bajaba, compartiendo chelas frías que alguien trajo en hielera. Sus pies se movían inquietos, rozando el concreto, y cada vez que flexionaba los dedos dentro de las Nike, yo imaginaba el olor a cuero nuevo mezclado con su sudor fresco, ese aroma terroso que te pone a mil.

La tensión creció como tormenta. Cada mirada duraba un segundo de más, cada roce accidental de su brazo contra el mío mandaba chispas. "¿Y si seguimos la fiesta en otro lado? Mi depa está aquí cerquita," le propuse, el corazón latiéndome como tambor en desfile. Ella mordió su labio inferior, esa carnosa invitación roja, y asintió. "Va, pero no creas que soy fácil, eh. Quiero ver si juegas tan bien fuera de la cancha."

Acto dos: La escalada

Llegamos a mi depa en la Roma, un loft chiquito pero con vista al skyline y una cama king size que grita "fóllame". El aire olía a mi colonia Axe mezclado con el sudor nuestro del juego. Renata se dejó caer en el sofá, estirando las piernas sobre la mesita de centro. Ahí estaban, gloriosas: las Nike Air More Uptempo Tri Color, con el polvo de la cancha pegado en las suelas negras, el rojo vibrante contrastando con su piel morena.

Neta, cabrón, no las toques todavía. Deja que hierva el deseo.
Me serví un trago de tequila reposado, el humo del mezcal imaginario flotando en mi cabeza.

Nos acercamos despacio. Le quité la coleta, soltando su melena que cayó como cascada sobre sus hombros. Nuestros labios se rozaron primero, suaves como pétalo mojado, probando el salado de su sudor y el dulce de su gloss de cereza. "Mmm, qué rico sabes, Renata," murmuré contra su boca. Ella gimió bajito, un sonido gutural que vibró en mi pecho, y sus manos bajaron a mi playera, arrancándola con urgencia. Sentí sus uñas rozando mi espalda, dejando rastros de fuego.

Pero no podía ignorarlas. Bajé la vista a sus pies. "Esas Nike... me traen loco desde la cancha." Admití, la voz ronca. Ella sonrió pícara, levantando una pierna y apoyándola en mi muslo. El peso de su pantorrilla contra mi piel desnuda, el calor filtrándose a través del cuero sintético. "¿Sí? Tócalas. Siente lo que te hacen." Obedecí, mis dedos temblando al acariciar la suela gruesa, el air bag hinchándose bajo la presión. Olían a goma caliente, a victoria sudada, un afrodisíaco puro. Lamí la lengüeta, saboreando el polvo salado y el cuero liso. Ella jadeó, arqueando la espalda, sus pezones endureciéndose bajo la playera.

La desvestí lento, saboreando cada centímetro. Sus shorts cayeron, revelando un tanga negro que apenas cubría su monte de Venus depilado. La cargué a la cama, sus Nike aún puestas, rozando mis caderas. Nos besamos feroz, lenguas enredadas como serpientes, mordidas suaves que dejaban marcas rojas. Mis manos exploraron sus tetas firmes, pezones cafés duros como piedras preciosas. Ella me volteó, montándome a horcajadas, su calor húmedo presionando mi verga tiesa a través del bóxer.

"Quítamelas ahora," ordenó, y lo hice. Desaté los cordones con dientes, oliendo intensamente el interior: sudor femenino, cuero viejo, esencia pura de ella. Sus pies desnudos, arqueados perfectos, dedos pintados de rojo matching sus labios. Los masajeé, chupé cada uno, sintiendo su piel suave contra mi lengua áspera. Renata gemía fuerte, "¡Ay, wey, qué rico! Sigue, no pares." Su coño goteaba ya, el olor almizclado llenando la habitación, mezclado con nuestro sudor.

La penetré despacio al principio, su interior apretado y caliente envolviéndome como guante de terciopelo mojado. Ritmo pausado, sintiendo cada vena de mi pito rozando sus paredes. Ella clavaba las uñas en mi pecho, cabalgándome con furia, sus caderas girando en círculos hipnóticos. El slap slap de piel contra piel, sus jadeos roncos, el crujir de las sábanas.

Esto es el cielo, carnal. Su coño me aprieta como si no quisiera soltarme nunca.
Aceleramos, sudando ríos, el cuarto oliendo a sexo puro, a testosterona y feromonas.

Acto tres: El clímax y el eco

La volteé boca abajo, embistiéndola desde atrás, mis bolas chocando contra su clítoris hinchado. "¡Más fuerte, pendejo! ¡Dame todo!" gritó, y yo obedecí, follando como animal en celo. Sus Nike Air More Uptempo Tri Color yacían al pie de la cama, testigos mudos de nuestra locura, su tri color brillando en la luz tenue de la lámpara. Sentí el orgasmo construyéndose, una ola gigante en mis huevos. Ella llegó primero, su coño contrayéndose en espasmos, gritando mi nombre "¡Alex, chingado, me vengo!" chorros calientes empapando las sábanas.

Me corrí segundos después, llenándola de leche espesa, pulsos interminables que me dejaron temblando. Colapsamos juntos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón galopante calmarse. Besé su frente salada, inhalando su shampoo de coco mezclado con nuestro aroma post-sexo.

Más tarde, recostados, ella se rió suave. "Neta, nunca pensé que mis Nike Air More Uptempo Tri Color me trajeran un polvo tan chingón." Yo sonreí, acariciando su pie desnudo. "Y yo que creí que solo eran tenis. Tú las haces mágicas." Nos quedamos así, en afterglow perfecto, con la ciudad zumbando afuera y el futuro abierto como cancha vacía lista pa' más jugadas. Esa noche, supe que esas patadas no eran solo calzado; eran el inicio de algo caliente, adictivo, que olía a victoria eterna.

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