Xvideos Trio Esposa
La noche caía sobre nuestro departamento en Polanco, con las luces de la ciudad filtrándose por las cortinas entreabiertas. Ana, mi esposa, estaba recostada a mi lado en la cama king size, su piel morena brillando bajo la luz tenue del iPad. Llevábamos un rato navegando en xvideos, buscando algo que nos prendiera el ánimo como siempre hacíamos los viernes. Qué chido es esto, pensé, mientras su mano jugaba distraídamente con el vello de mi pecho.
"Mira este, carnal", dijo ella con esa voz ronca que me ponía la verga dura al instante. El video se titulaba xvideos trio esposa, y mostraba a una morra bien buena siendo compartida por su marido y otro tipo. Los gemidos salían del parlante, mezclados con el slap slap de carne contra carne. Ana se mordió el labio, sus ojos negros fijos en la pantalla. Olía a su perfume de vainilla mezclado con el aroma sutil de su excitación, ese que siempre me volvía loco.
Yo la abracé por la cintura, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío.
¿Y si lo hacemos de verdad? ¿Y si invito a Luis?La idea me dio vueltas en la cabeza como un remolino. Luis era nuestro compa de la uni, un vato alto, atlético, con esa sonrisa pícara que siempre hacía reír a Ana. Habíamos bromeado antes sobre tríos, pero viendo ese xvideos trio esposa, la cosa se sentía real. Mi pulso se aceleró, una mezcla de celos punzantes y deseo ardiente.
"¿Qué piensas, amor?", le pregunté, besándole el cuello. Ella giró la cara, sus labios carnosos rozando los míos.
"Neta que se ve padísimo. ¿Tú aguantarías verme con otro?" Su mano bajó hasta mi entrepierna, apretando mi erección a través del bóxer. Reí nervioso, pero el calor entre mis piernas no mentía.
Le mandé un WhatsApp a Luis: Órale, ven pa'cá. Trae chelas. Vamos a ver un video chingón. Respondió en segundos: Ya voy, pendejos. Ana soltó una carcajada, y el ambiente se cargó de electricidad.
Media hora después, Luis tocó la puerta. Entró con una six de Indio y esa energía suya que llenaba el cuarto. "Qué onda, parejita. ¿Qué traen?" Se dejó caer en el sillón, y Ana, solo con una playera holgada que apenas cubría sus nalgas redondas, le sirvió una chela. Yo noté cómo sus ojos se desviaban a sus tetas, que se marcaban sin bra.
Encendí el proyector y pusimos el mismo video de xvideos trio esposa. Los tres nos quedamos callados al principio, solo el sonido de las respiraciones y las botellas chocando. Ana se acurrucó contra mí, pero su pie rozaba la pierna de Luis accidentalmente... o no tan accidental. Esto va a pasar, me dije, el corazón latiéndome como tambor en el pecho.
"¿Les late?", preguntó Luis, su voz grave. Ana asintió, lamiéndose los labios.
"Imagínense si fuéramos nosotros", soltó ella de repente, juguetona. Luis me miró, esperando mi visto bueno. Tragué saliva, el sabor amargo de la chela en la boca.
"¿Por qué no?", dije al fin. El aire se espesó, cargado de promesas.
Ana se levantó primero, moviéndose como gata en celo. Se paró frente a nosotros, quitándose la playera despacio. Sus tetas firmes saltaron libres, pezones oscuros ya duros como piedras. "Vengan, cabrones", susurró, con esa sonrisa de diosa mexicana que me había enamorado.
Luis y yo nos miramos, y nos paramos como imanes. La llevamos a la cama, sus manos explorando nuestros cuerpos. Yo besé su boca, saboreando su lengua dulce con toques de chela. Luis se acercó por detrás, besándole el cuello, sus manos grandes amasando sus nalgas. Ana gimió bajito, un sonido que vibró en mi verga.
Esto es real, no un pinche video, pensé, mientras el olor a sudor fresco y excitación llenaba la habitación. Sus pieles chocaban suaves al principio, explorando. Ana me jaló el bóxer, liberando mi verga tiesa, y la chupó con hambre, su saliva caliente resbalando. Luis se desnudó, su miembro grueso apuntando al techo. Ella lo miró con ojos brillantes, extendiendo la mano para acariciar.
La tensión crecía como olla a presión. La puse de rodillas en la cama, yo atrás, frotando mi punta contra su panocha ya empapada. Olía a ella, ese musk almizclado que me enloquecía. "Métela, amor", suplicó, mientras mamaba a Luis. Empujé despacio, sintiendo sus paredes calientes apretándome, húmedas y resbalosas. Cada embestida era un plaf húmedo, sus jugos chorreando por mis bolas.
Luis gemía, sus caderas moviéndose al ritmo de su boca. "Qué chingona chupas, Ana". Ella respondía con gorgoteos, saliva goteando por su barbilla. Cambiamos posiciones; ahora Luis la cogía por atrás, sus músculos tensos brillando de sudor. Yo estaba frente, viendo cómo su verga entraba y salía, estirándola.
Es mía, pero verla así... neta que es lo máximo. Le metí en la boca, sintiendo sus labios hinchados succionando.
El cuarto era un coro de jadeos, pieles chocando, el crujir de la cama. Sudor salado en mi lengua al lamer sus tetas, el sabor de su piel mezclado con el de Luis cuando besé su hombro accidentalmente. Ana gritaba placer, "¡Más duro, pendejos! ¡No paren!". Su cuerpo temblaba, orgasmos rodando uno tras otro, sus uñas clavándose en mi espalda.
Yo luchaba por no correrme, el calor subiendo por mi espina. Luis gruñía como animal, "Me vengo, carnal". Ana lo apretó con sus caderas, ordeñándolo. Chorros calientes salpicaron dentro, goteando fuera. Eso me prendió el último fósforo; la volteé, la penetré profundo, sintiendo el semen de él lubricando todo. "¡Córrete adentro, mi amor!", rogó ella, sus ojos en los míos. Exploté, llenándola, pulsos interminables de éxtasis puro.
Colapsamos en un enredo de cuerpos exhaustos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El aire olía a sexo crudo, semen y sudor, pero reconfortante. Ana en el medio, besándonos alternadamente, sus manos suaves acariciando.
"Fue chido", murmuró Luis, riendo bajito. Se vistió y se fue con un abrazo fraterno, dejándonos solos.
Ana se acurrucó en mi pecho, su cabeza oliendo a shampoo de coco. "Te amo, ¿sabes? Esto nos unió más". Yo asentí, besando su frente. El xvideos trio esposa fue solo el inicio; lo nuestro es real, ardiente, nuestro.
Nos quedamos así hasta el amanecer, con la ciudad despertando afuera, pero nuestro mundo en calma, satisfecho, listo para más aventuras.