Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Tri B12 Inyectable Para Que Sirve En El Calor De La Piel Tri B12 Inyectable Para Que Sirve En El Calor De La Piel

Tri B12 Inyectable Para Que Sirve En El Calor De La Piel

6309 palabras

Tri B12 Inyectable Para Que Sirve En El Calor De La Piel

Tú caminas por las calles soleadas de Polanco, el calor del mediodía pegándote en la piel como una promesa de algo más intenso. Llevas días sintiéndote como un trapo viejo, wey, el trabajo en la oficina te tiene hecha mierda, y ni hablar de las noches con tu carnal, el doctor Alejandro, que últimamente terminan en ronquidos en vez de enredos calientes. Neta, necesito un empujón, piensas mientras entras a su clínica privada, un lugar chido con muebles de piel y olor a limpio caro.

Alejandro te recibe con esa sonrisa pícara que te hace derretir las rodillas. Es alto, moreno, con manos grandes y seguras que ya conoces de memoria. "¿Qué onda, mi reina?" dice, cerrando la puerta y acercándose para darte un beso que sabe a café y menta. Le cuentas tu pinche cansancio, cómo te sientes sin pilas para el desmadre que los dos quieren armar.

Tri B12 inyectable para que sirve, amor? Eso es justo lo que necesitas, responde él, con los ojos brillando de picardía.

Te explica mientras te lleva a la camilla, bajándote el pantalón con cuidado, dejando al aire tu nalga firme. "El Tri B12 inyectable para que sirve? Para recargarte las vitaminas B que te dan pura energía, carnal. Te vas a sentir como nueva, lista para comerte el mundo... o comerme a mí". Su voz ronca te eriza la piel, y sientes el aire fresco rozando tu carne expuesta, un escalofrío que sube por tu espina.

Acto primero, la tensión empieza a hervir. Él prepara la jeringa, el líquido cristalino brillando bajo la luz suave. Te pide que te relajes, y sus dedos masajean el sitio de la inyección, círculos lentos que despiertan nervios dormidos. Qué chido se siente esto, piensas, mordiéndote el labio. El pinchazo es rápido, un ardor agudo que se transforma en un calor delicioso, expandiéndose como fuego líquido por tus venas. Huele a alcohol y a su colonia amaderada, y el sonido de su respiración cerca de tu oído te pone la piel de gallina.

Te subes el pantalón, pero él no te deja ir tan fácil. "Quédate un rato, déjalo actuar", murmura, sentándose a tu lado y pasando un brazo por tu cintura. Hablan de tonterías, de la cena que van a armar después, pero sus manos no paran quietas: recorren tu muslo, suben por tu espalda, encendiendo chispas. Sientes el rush del Tri B12, una oleada de vitalidad que te hace latir el corazón más rápido, el pulso acelerado como preludio de lo que viene. Para que sirve esto de verdad? Para volverme una leona en celo, reflexionas, girándote para besarlo con hambre.

El beso se profundiza, lenguas danzando con sabor a deseo puro. Sus manos te quitan la blusa, exponiendo tus pechos al aire condicionado que los endurece al instante. Tocas su pecho firme bajo la bata blanca, sintiendo los músculos tensos, el calor de su piel contra tus palmas húmedas. "Estás ardiendo, mi amor", jadea él, lamiendo tu cuello, dejando un rastro húmedo que huele a sal y excitación. Te recuestas en la camilla, el papel crujiendo bajo tu peso, y él se quita la bata, revelando su cuerpo esculpido, la erección marcada en los boxers.

La escalada es gradual, deliciosa. Sus labios bajan por tu vientre, besos suaves que contrastan con la urgencia de tus caderas alzándose. Olfateas su aroma masculino, mezclado con el leve metálico del antiséptico de la inyección, un combo que te enloquece. Él desliza tus panties, exponiendo tu humedad, y su aliento caliente roza tu clítoris hinchado. "Neta, estás empapada, qué rico", gruñe, y su lengua entra en juego, lamiendo lento, saboreando tu esencia dulce y salada. Gimes, el sonido ecoando en la habitación insonorizada, tus uñas clavándose en su cabello negro mientras ondas de placer te recorren, amplificadas por esa pinche energía nueva.

Quieres más, lo volteas, dominándolo con una fuerza que no sabías tener. Le bajas los boxers, liberando su verga dura, venosa, palpitante en tu mano. La acaricias, sintiendo la suavidad de la piel sobre el acero debajo, el calor que irradia. Él gime "¡Ay, wey, no pares!", y tú te la llevas a la boca, saboreando el precum salado, chupando con ritmo que lo hace arquearse. El sonido de succión húmeda llena el aire, mezclado con sus jadeos roncos, y el olor a sexo crudo te invade las fosas nasales.

La intensidad sube, tus cuerpos sudados deslizándose uno contra el otro. Te subes encima, guiando su verga a tu entrada resbaladiza. Entras despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estira, te llena, el roce perfecto contra tus paredes sensibles. "¡Muévete, cabrón, fóllame duro!" exiges, y él obedece, embistiendo desde abajo con fuerza controlada. Tus pechos rebotan, él los aprieta, pellizca pezones que duelen rico, enviando descargas directas a tu centro. El slap-slap de piel contra piel es música erótica, sudor goteando, mezclándose, oliendo a pasión desatada.

Internamente luchas con el clímax que se acerca: No quiero que acabe, pero pinche, lo necesito. Cambian posiciones, él te pone a cuatro patas sobre la camilla, agarrando tus caderas, penetrando profundo. Cada estocada roza tu punto G, el calor del Tri B12 haciendo que cada sensación sea x10, pulsos latiendo en tu clítoris, en tu ano, en todo. Gritas su nombre, él responde con "¡Sí, mi reina, córrete para mí!", y explotas, un orgasmo que te sacude entera, jugos chorreando por tus muslos, visión borrosa de placer.

Él sigue, unas embestidas más, y se corre dentro, chorros calientes llenándote, su gemido gutural vibrando en tu espalda. Colapsan juntos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco, piel pegajosa y satisfecha. El afterglow es puro: él te besa la nuca, sus manos acariciando tu vientre, "Ves? El Tri B12 inyectable para que sirve... para noches como esta".

Ríen bajito, el cuarto oliendo a sexo y victoria. Te vistes con piernas temblorosas, pero energizada como nunca. Salen de la mano, rumbo a casa, sabiendo que esta es solo la primera de muchas recargas. Qué chingón invento, piensas, apretando su mano, el pulso aún latiendo con eco del placer.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.