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Que Significa Trying En Tu Cuerpo

6557 palabras

Que Significa Trying En Tu Cuerpo

El sol de Puerto Vallarta caía a plomo sobre la playa, tiñendo el arena de un dorado que invitaba a tumbarse y olvidar el mundo. Yo, Carla, acababa de llegar de un viaje de trabajo en la Ciudad de México, con el cuerpo pidiéndome a gritos un poco de relax. Ahí estaba él, Marco, un moreno alto con ojos cafés que brillaban como el tequila bajo la luna. Nos cruzamos en el bar de la playa, con el sonido de las olas rompiendo de fondo y el olor salado del mar mezclándose con el humo de las parrilladas cercanas.

Qué chulo, güey, pensé mientras lo veía pedir una cerveza. Llevaba una camisa guayabera abierta, dejando ver su pecho bronceado y marcado. Me acerqué con mi vestido ligero de playa, el que se pega al cuerpo cuando hay brisa marina. "Órale, ¿vienes solo?", le dije sonriendo, sintiendo ya ese cosquilleo en el estómago que avisa cuando la cosa se pone interesante.

"Sí, nena, trying to relax after a long week", respondió con una sonrisa pícara, su acento mexicano mezclado con un inglés que sonaba juguetón. ¿Qué pedo con eso? Me quedé pensando

¿qué significa trying?
en su boca, como si fuera una promesa envuelta en misterio. Nos sentamos en la arena, las cervezas frías sudando en nuestras manos, y platicamos de todo: de la vida en la costa, de cómo el mar siempre pone cachondo, de deseos que uno guarda para noches como esa.

La tensión crecía con cada mirada. Su mano rozó mi muslo accidentalmente, pero no se apartó. Sentí el calor de su piel contra la mía, áspera por el sol, y un aroma a coco de su loción que me mareaba. "Vamos a mi hotel, está cerca", murmuró al oído, su aliento cálido oliendo a limón y cerveza. Asentí, el corazón latiéndome como tambor de cumbia. Caminamos por la playa, descalzos, la arena caliente quemándonos las plantas de los pies.

En el elevador del hotel, ya no aguantamos. Sus labios se estrellaron contra los míos, duros y urgentes, saboreando a sal y deseo. Mi lengua bailó con la suya, explorando, mientras sus manos subían por mi espalda, desatando el nudo de mi vestido. Esto va a estar cañón, pensé, el pulso acelerado, la piel erizándose con cada caricia.

La habitación era amplia, con balcón al mar. La luz del atardecer pintaba todo de naranja. Me quitó el vestido despacio, sus ojos devorándome. "Quiero trying algo nuevo contigo", dijo, su voz ronca.

¿Qué significa trying?
Volvió a rondar en mi mente, pero no pregunté. En cambio, lo empujé a la cama king size, con sábanas blancas que crujían bajo su peso. Me subí encima, sintiendo su verga dura presionando contra mi concha a través de la tela delgada de su short.

Le arranqué la camisa, besando su pecho, lamiendo el sudor salado que perlaba su piel. Olía a hombre, a mar y a excitación. Sus manos amasaron mis tetas, pellizcando los pezones hasta que gemí, un sonido gutural que rebotó en las paredes. "Estás mojada, Carla", gruñó, deslizando un dedo dentro de mí. El roce fue eléctrico, mi clítoris hinchado pidiendo más. Me moví contra su mano, el jugo chorreando por sus dedos.

Pero él quería más. "Déjame trying esto", insistió, volteándome con gentileza sobre el colchón. Me puse de rodillas, el culo en pompa, vulnerable pero ansiosa. ¿Qué significa trying? ¿Probar algo prohibido pero chingón? Su lengua se hundió en mi raja primero, lamiendo desde el clítoris hasta el ano, un sabor ácido y dulce que lo enloquecía. Gemí fuerte, agarrando las sábanas, el sonido de mi propia voz mezclándose con las olas lejanas.

Sus dedos juguetearon con mi entrada trasera, untados en mi propia humedad. "Relájate, mi reina", susurró, y obedecí, el cuerpo temblando de anticipación. Empujó despacio, un dedo primero, luego dos, abriéndome con ternura. El ardor inicial se convirtió en placer puro, un cosquilleo que subía por mi espina. "¡Sí, cabrón, así!", grité, empujando contra él. Su verga palpitaba contra mi muslo, gruesa y venosa, lista para entrar.

Me giró de nuevo, cara a cara. "Dime si quieres parar", dijo, siempre atento. "No pares, trying todo lo que quieras", respondí jadeante, entendiendo al fin: trying era atreverse, probar el límite del placer mutuo. Se hundió en mi concha primero, embistiendo lento, cada centímetro estirándome, llenándome. El slap-slap de piel contra piel llenaba la habitación, mezclado con nuestros jadeos. Sudábamos, el olor a sexo denso y embriagador.

Aceleró, sus bolas golpeando mi culo, mis uñas clavándose en su espalda. Sentía cada vena de su verga rozando mis paredes, el clítoris frotándose contra su pubis. "¡Me vengo, Marco!", anuncié, el orgasmo explotando como pirotecnia en la playa del 15 de septiembre. Convulsioné alrededor de él, ordeñándolo, mi jugo empapando las sábanas.

Pero no terminó ahí. Sacó su verga brillante de saliva y jugos, y la apuntó a mi ano. "Con cuidado, amor", pedí, y él untó lubricante del buró, frío y resbaloso. La cabeza entró despacio, un estirón delicioso que me hizo gritar de placer-dolor. "¡Qué significa trying! ¡Esto es trying de verdad!", exclamé entre gemidos, riendo nerviosa. Se movió milimétrico al inicio, dejando que me acostumbrara, sus manos acariciando mi clítoris para distraer el ardor.

Pronto, el ritmo creció. Me follaba el culo con pasión controlada, profundo pero no brutal, sus gruñidos roncos en mi oreja. "Estás tan apretada, nena, me vas a hacer correrme". Yo me tocaba la concha, dos dedos adentro, sincronizando con sus embestidas. El placer era abrumador: el olor de nuestro sudor, el sabor de su beso salado, el tacto de su piel resbaladiza, el sonido obsceno de su verga entrando y saliendo.

El segundo orgasmo me golpeó como ola gigante, el ano contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo hasta que rugió y se vació dentro de mí, chorros calientes que sentí palpitar. Colapsamos juntos, exhaustos, su peso sobre mí reconfortante. El aire olía a semen y mar, nuestros cuerpos pegajosos entrelazados.

Minutos después, en la ducha, el agua caliente lavaba el sudor mientras nos besábamos lento. "Entonces, ¿qué significa trying?", pregunté riendo, apoyada en su pecho. "Significa atreverse contigo, Carla. Probar lo que el cuerpo pide sin miedos". Sonreí, saboreando el afterglow, el cuerpo saciado pero ya pensando en la próxima noche. Afuera, la luna iluminaba la playa, prometiendo más aventuras en este paraíso mexicano.

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